Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#21. Canción de las olas.
En
cuanto el barco desapareció completamente de vista, el cielo empezó a
despejarse y los rayos de sol cayeron suavemente sobre el pequeño montículo de
tierra y los tres pokemon que quedaron allí. Kyogre y Groudon se quedaron
estáticos en su sitio, tan asombrados que durante largos minutos no pudieron
salir de su sorpresa. No había sido solo aquella magnifica demostración de
poder: el tercero de ellos y su hermano más sabio había descendido desde los
cielos, casi como si hubiera estado observando lo que ocurría desde lo alto y
cansado, hubiera decidido intervenir.
El
recién aparecido se quedó con la mirada fija en la lejanía, cerciorándose de
que los humanos no intentarían regresar. Cuando estuvo conforme, asintió con la
cabeza:
— ¡Bueno, parece que eso ha salido bien~!—soltó, con un aire animoso y jovial.
Se
dio la vuelta y contempló a sus dos hermanos, sonriente y con un gesto amable
en su rostro alargado. Groudon hubiera jurado que ese no era el pokemon que
había apagado el cielo hacía solo unos segundos, pero Kyogre pensó enteramente
lo contrario.
—
¡Rayquaza! —exclamó, lleno de felicidad y dejando el lado de Groudon para
reunirse con el dragón.
El
aludido se acercó flotando sobre el mar y abrazó la gran cabeza blanca y azul
de su pequeño y querido compañero. Kyogre sabía que contaba con el afecto del
mayor y por eso no se contenía de buscarlo o expresárselo. Era exactamente como
en los viejos tiempos, aunque Groudon no tenía la menor constancia de ello. Se
acercó lentamente, todavía confundido por todo lo que había ocurrido.
—Saludos,
Groudon—dijo el dragón esmeralda, levantando su mano y sonriendo.
Sabía
perfectamente que el pokemon de tierra no era afectuoso como el de agua, así
que se limitó a saludarle con aquel simple gesto. Groudon levantó su mano de
manera mecánica y se quedó allí parado. Observó a los otros dos darse obvias
expresiones de afecto fraternal, especialmente después de tantos milenios
distanciados, pero a él le incomodó ver a Kyogre tan a gusto en brazos del
otro, por lo que bufó y empezó rápidamente a disparar sus preguntas.
—
¿Qué ha sido todo esto?—quiso saber, deteniendo el número meloso de los otros
dos.
Los
pokemon se separaron, pero Rayquaza no dejaba de sonreír. Tenía el mismo aire
amable, sereno y la mirada inteligente que los otros dos recordaran desde
siempre. Flotó sobre el mar y se quedó justo entre Kyogre y Groudon.
—
¿Cómo que qué ha sido?—repitió el hermano de en medio, fingiéndose
sorprendido—he venido a salvarlos, por supuesto.
—
¿Sabías que estábamos aquí?—preguntó Groudon, extrañado y frunciendo el ceño.
—Naturalmente~
Después del creador, Rayquaza lo sabe todo—dijo, cerrando un ojo y levantando
su dedo al cielo—. ¿No lo sabes?
El
pokemon rojo apretó los labios y cerró los puños, en un obvio gesto fastidiado.
El otro rió levemente.
—Sigue
siendo tan fácil hacerte enojar ahora como lo era hace millones de años, mi
estimado hermano. Y sigues siendo tan ingrato como siempre—dijo, mirándole de
reojo sin dejar de sonreír.
—“Gracias”—soltó
el aludido, enseñando los dientes.
Rayquaza
rió abiertamente, pues sabía que el mayor reaccionaría exactamente de aquella
forma. Kyogre sonrió lleno de felicidad al escuchar de nuevo esa risa tan
agradable y que le traía tan buenos recuerdos.
—
¿Hace cuánto estás despierto?—preguntó el menor.
—
¡Ahh~! Desde hace mucho tiempo, mi querido Kyogre—respondió el pokemon,
moviendo un poco su alargado cuerpo—. Presentí el día en que despertarían, por
lo que interrumpí mi agradable sueño para echarles un ojo a ustedes. Ya saben
que no pueden estarse mucho tiempo sin empezar a discutir. Además, aproveché
para inspeccionar cómo estaban las cosas
hoy en día en la tierra.
—Es
un fiasco—dijo Groudon.
—
¡Lo es!—dijo el pokemon, divertido—Y pensar que hace millones de años me hice
un hogar en el cielo para estar lo más lejos posible de las garras ambiciosas
de los humanos…
—
¿E-ellos han llegado hasta el cielo?—exclamó el pokemon rojo, preguntando por
Kyogre también, quien se había quedado mudo de la sorpresa.
— ¡Y
más allá del cielo~!—soltó Rayquaza sin perder su buen talante—El creador
ciertamente los dotó de la inteligencia más impresionante que yo haya visto,
pero desgraciadamente no los dotó de suficiente sabiduría—dijo, tocándose la
sien—. Aunque sospecho que lo hizo por una muy buena razón.
—
¿”Buena razón”?—repitió el pokemon de tierra, levantando un poco la voz— ¿Qué
buena razón pudo tener el creador para darles a esas criaturas despreciables
tanta inteligencia y poca sabiduría? ¡Son crueles y ambiciosas!
—Groudon,
cálmate…—pidió Kyogre abajo.
Pero
Rayquaza no se amedrentó ni perdió su gesto apacible. Jamás lo había hecho ante
nadie, ni siquiera ante las rabietas más peligrosas de su hermano mayor.
—
¿Cuestionas los motivos del creador, Groudon?—preguntó, ensanchando su sonrisa.
El
aludido dio un leve respingo. Luego volvió la cabeza, masculló algo entre
dientes y se quedó callado. Rayquaza asintió:
—Sí,
eso pensé.
Se
hizo un breve silencio, apenas interrumpido por el sonido de las olas a lo
lejos. El dragón esmeralda volvió a hablar entonces:
—Ciertamente
estoy feliz de volver a veros, mis amados hermanos—dijo, sonriendo anchamente—,
especialmente de ver que han aprendido a llevarse tan bien~
Dijo
lo último de manera particular, llamando la atención de los otros dos, quienes
se ruborizaron en el acto. Miles de preguntas pasaron por la cabeza de Groudon,
pero Kyogre prefirió salirse del tema rápidamente.
—También
estamos felices de verte de nuevo, Rayquaza. Yo al menos te he echado mucho de
menos.
— ¿Y
tú, Groudon?—preguntó el dragón, con un gesto que decía que esperaba una
afirmativa.
—…también…—soltó
el otro sin más.
Rayquaza
volvió a asentir con la cabeza, feliz de escuchar lo que quería escuchar. Si
algo tenía de particular ese pokemon era que siempre conseguía lo que quería y de quien quería. Se paseó
levemente por la superficie del agua y cambió de posición.
—
¡Bueno~! Imagino que tendrán muchas preguntas—dijo, abriendo los brazos y listo
para empezar a responder todas las dudas de los otros.
Groudon
abrió la boca para empezar, pero al instante se acalló porque se dio cuenta de
que tenía tantas preguntas dando vueltas en su cabeza que no sabía por dónde
empezar. Kyogre por otro lado, bajó la mirada y su semblante se puso triste al
recordar tantas cosas. Rayquaza le observó detenidamente, a sabiendas de lo que
pasaba con el pokemon más joven.
—
¿Kyogre?—le llamó, consiguiendo la atención del otro.
El
pokemon azul se mostró bastante indeciso de empezar a preguntar. El tema le
costaba mucho y por un instante al volver a ver a su hermano se olvidó por
entero de ello. Pero ahora que el dragón le ofrecía responder a sus dudas, no
estaba seguro de si quería saber o no.
—Todo
eso que dijo Kyogre—empezó Groudon repentinamente y sorprendiendo a los otros
dos—, eso de que él y yo nos odiábamos y casi nos destruimos y también a la
tierra, es mentira, ¿no es así?
El
dragón esmeralda perdió ligeramente su aire jovial, pero la sonrisa se quedó en
su rostro, un tanto decaído por el asunto. Enroscó medio cuerpo como hacían las
Ekans y se quedó flotando sobre el agua, mientras buscaba la mejor forma de
empezar a explicar a aquello. Inspiró profundamente y luego respondió:
—Es
la verdad. Temo que el pasado del que Kyogre te ha hablado es cierto, mi
estimado Groudon, pero tú no lo recuerdas.
El
pokemon rojo se quedó mudo al escucharle. Sus ojos amarillos se quedaron fijos
en el dragón frente a él, negándose de nuevo a creer que aquello fuera verdad.
Kyogre por su lado, bajó la cabeza lamentando que Rayquaza confirmara lo que él
creía, y sintiéndose dolido ante la dura realidad.
—No
es posible…—murmuró Groudon, cuando consiguió articular algo.
—Lamentablemente
lo es.
—
¿Cómo puedes asegurarlo?—quiso saber el mayor.
—Porque
yo también lo recuerdo. Después de todo, yo estuve allí cuando ustedes
pelearon, y fui yo quien intervino en la pelea de ustedes.
—
¿Por qué yo soy el único que no lo recuerda entonces?—rugió el pokemon de
tierra, enfureciendo y cerrando sus puños.
Rayquaza
comprendía que estuviera molesto. Se quedó con sus ojos fijos en él un momento,
apaciguando a su hermano solo con la mirada. Cuando Groudon se enfrió un poco,
siguió explicando:
—Verás…después
de que los tres acabáramos nuestro trabajo levantando los cimientos de este
planeta para que sustentara vida, nos separamos después de pasar una breve
temporada juntos. Yo fui al cielo, Kyogre al
océano, y tú a lo más lejano de las montañas. El creador y su hijo
predilecto continuaron sus labores y trajeron a muchas otras especies. Tú y yo
también creamos algunas, Groudon, ¿lo recuerdas?
—El
trío de las nubes.
—Así
es. Ellos nos fueron de mucha ayuda durante aquel tiempo. Pero después de que
los humanos fueran traídos y la creación llegara a su fin, terribles cosas
comenzaron a suceder. Cosas de las que ustedes no se enteraron, pues estaban
muy apartados en las montañas y en los mares.
—
¿Qué ocurrió?—preguntó Kyogre abajo.
El
pokemon dragón cerró los ojos rememorando aquel tiempo tan catastrófico que
azotó a la tierra. Recordaba cada uno de esos hechos como si los hubiera vivido
el día anterior.
—Un
tiempo de oscuridad terrible golpeó a este planeta. Una criatura voló por sobre
toda la superficie, y cubrió a la tierra por entero en sombras que trajeron
odio, guerras, destrucción y dolor; mucho dolor. Dolor como no se ha vuelto a
ver desde entonces, por suerte, y que espero no se vuelva a repetir.
—
¿Quién…?—soltó Groudon.
—Se
hacía llamar Yveltal, y decía no pertenecer a los hijos del creador. Decía que
él tenía a su propio “creador”. Escapó de mis manos y de las de otros una y
otra vez, por lo que no pude saber mucho más de él. Lo que sí puedo asegurarles
es que fue por causa suya que las guerras se desataron en este mundo, en cada
rincón del globo.
Rayquaza
entrecerró los ojos y por un momento dejó de sonreír. Vio imágenes en su cabeza
del pasado catastrófico que había presenciado, y una parte de él agradeció que
sus hermanos no vivieran por entero todo lo que él había pasado.
—Debido
al temor y a la desesperación que la aparición de Yveltal había causado, los
humanos salieron a cazarnos a todos; a los hijos del creador.
—
¡Fue por culpa de ellos que…!
—No,
hermano mío—dijo el dragón, cerrando los ojos—. No puedes culpar
indiscriminadamente a los seres humanos por ser lo que son: criaturas frágiles,
llenas de sentimientos y demasiado jóvenes. No pueden dar uso correcto a todas
las maravillosas facultades que el creador les ha dado, y por lo general yerran
en sus decisiones. Son tan conscientes de su inmensa debilidad en este vasto
universo, que siempre están buscando protección en otros. Fue por ello que
veneraron a muchos de nosotros buscando su ayuda, y decidieron intentar obtener
poder sobre otros. Su deseo de vivir es todavía más grande que cualquier otra
fuerza que haya entre los mortales, y es eso lo que los mueve al bien o al mal.
Fue esta búsqueda de poder y protección lo que provocó la ira de ustedes y
acabó volviéndolos enemigos—sentenció el pokemon con pesar—. Pero no fue un
impulso simplemente nacido del corazón humano. Fue el temor que la muerte les
produjo: temor que Yveltal trajo con su vuelo de terror.
Los
dos pokemon escucharon sin poder imaginar aquella era tan oscura por la que su
mundo había pasado. Ellos estuvieron casi enteramente ausentes durante la
venida de este peligroso pokemon, y solo reaparecieron para agravar las cosas.
Ambos desviaron la mirada hacia el suelo, sintiendo lo mismo.
—Cuando
la ira de ustedes comenzó a destruir el planeta, yo me encontraba descansando
de uno de mis encuentros con esta criatura. Al despertar y ver lo que estaba
ocurriendo me sentí profundamente dolido de verlos así, por lo que no pude
quedarme de brazos cruzados y fue que actué.
—
¿Qué hiciste?—preguntó Kyogre, expectante.
—Los
hice dormir—respondió el mayor, sonriendo levemente—. No tenía intenciones de
enfrentarme a ustedes y seguir causando más caos, así que los hice dormir
profundamente y esperé a que a su despertar, ambos pudieran aprender a llevarse
mejor…cosa que por suerte ocurrió~
Este
último comentario volvió a sonrojar a los dos pokemon. Kyogre sacudió la cabeza
para librarse del presentimiento de que Rayquaza parecía saber todavía más de
lo que decía.
—Pero…no
lo entiendo. ¿Si solo nos hiciste dormir…?
—No
solo los hice dormir, mi querido hermano azul—respondió Rayquaza—. Temía que si
recordaban los sucesos ocurridos al momento de despertar comenzarían una
segunda pelea: después de todo, tú eres muy obstinado en el fondo, mi pequeño
Kyogre, y Groudon es la cosa más orgullosa que se mueve sobre este planeta.
El
pokemon rojo abrió la boca para rebatir, pero se tragó sus palabras y volvió la
cabeza.
—Lo
que hice entonces—siguió explicando el dragón—fue quitar de sus memorias todo
recuerdo de la terrible pelea que habían tenido. Separé esos recuerdos de sus
mentes y de sus cuerpos, y los arrojé muy lejos para que nunca volvieran a
cruzarse con ellos. Después de eso, los tres debimos descansar.
Desgraciadamente las cosas se han torcido de cómo yo las esperaba.
Un
prolongado silencio siguió a las palabras de Rayquaza. Kyogre podía recordar
muchos de estos sucesos ahora que tenía de vuelta esos recuerdos. Groudon por
el contrario, solo tenía un gran vacío en su mente, muchas dudas y frustración.
—
¿Por qué no desapareciste nuestros recuerdos esa vez?—preguntó Kyogre, mirando
de nuevo al mayor. Su voz estaba cargada de tristeza y ansiedad, y los dos
pokemon que estaban allí pudieron notarlo.
Rayquaza
le observó con pesar en la mirada. Luego inspiró profundamente, omitió por un
momento la pregunta de Kyogre y se volvió a ver al pokemon rojo.
—Groudon—dijo,
llamando su atención—, cuando un bosque se incendia, ¿sus hojas y sus flores
desaparecen?
El
otro se extrañó de la pregunta, pero respondió igualmente:
—No.
Se convierten en cenizas.
El
pokemon dragón se volvió a ver ahora a Kyogre y le preguntó a su vez:
—Si
un día hace demasiado calor, ¿las aguas contenidas desaparecen?
—No—respondió
el pez, dilucidándolo—, se evaporan…
Rayquaza
asintió lentamente y entonces respondió a la pregunta que el más joven le había
hecho.
—Todas
las cosas en este vasto universo, aún las más pequeñas, o aquellas que son
intangibles: todas tienen un lugar en este mundo. Nada fue creado sin un
propósito. Nada puede desaparecer enteramente si ya ha sido creado. Todo pasa
por un proceso, se transforma y vuelve a unirse a un entero. A un todo. Así
como los animales comen, beben, y respiran, al final mueren y regresan a la
tierra. Alimentan el suelo, a las plantas. Las plantas purifican el aire que ha
sido utilizado y ese aire transporta el agua de regreso al cielo. Los
pensamientos y los sentimientos pueden olvidarse, pero siguen estando allí: en
el fondo de la memoria y en lo más profundo del corazón. No pueden desvanecerse
en la nada, pues ya se les ha dado su lugar en este universo. Cada uno les
confiere su espacio dentro de sí mismos. Tienen su propia existencia. Ni
siquiera el espíritu mismo de la vida desaparece con la muerte. Solo regresa al
lugar donde fue creado—el pokemon
mayor se quedó viendo a Kyogre mientras decía—. Los recuerdos suyos no podían
simplemente desaparecer. Fue por eso que los convertí en aquellas esferas y los
oculté, con la esperanza de que en lo profundo de la tierra nunca pudieras
alcanzarlos, así como en el fondo del mar Groudon nunca encontraría los suyos.
—Los
humanos…—soltó el pokemon azul con amargura—ellos consiguieron…devolverme esos
recuerdos…
—Lo
sé—dijo su hermano con tristeza en la voz—, y lo lamento mucho. Nunca hubiera
querido que eso pasara.
Los
dos pokemon que escuchaban bajaron la mirada, entendiendo, pero no sintiéndose
mejor por ello, aunque no era lo que Rayquaza había intentado tampoco. Solo
estaba allí para ayudarlos a responder sus dudas.
—Hazme
olvidar de nuevo entonces—pidió Kyogre, volviendo a mirarlo con determinación
en sus ojos—, como esa vez hace miles de años, quítame estos recuerdos tan
oscuros que tengo de nuestro pasado.
El
aludido cerró los ojos con tristeza y luego se quedó viendo fijamente a ese que
tan desesperadamente le pedía ayuda, y que sin embargo él no podía darle.
—Yo
no puedo hacer eso.
—
¿Por qué no?—exigió saber Groudon, enfadándose—Si lo hiciste una vez…
—Es
cierto que lo hice una vez, hace millones de años—respondió Rayquaza
apaciblemente—, pero no lo hice por mis propios medios.
—
¿Qué? ¿Cómo…?
—En
aquella ocasión yo pedí ayuda al creador para detener aquella situación tan
oscura y dolorosa en la que estaban envueltos. Él me dio el poder para obrar,
pero no era poder mío. Yo solo fui su intermediario.
—Entonces—dijo
Kyogre, abrigando una leve esperanza—pídele ese poder de nuevo, Rayquaza, ¡por
favor!
—Perdóname—pidió
el pokemon verde, bajando un poco la cabeza—: tú y Groudon son los seres más
importantes para mí y haría lo que fuera por ayudarlos…pero temo que eso que me
pides es imposible.
—
¿Por qué?—rugió Groudon, exasperado de que todas las posibilidades les fueran
cerradas.
Rayquaza
levantó la cabeza y observó a lo alto de aquel cielo que se abría sobre ellos,
con las luces de la mañana titilando a lo lejos.
—Ni
aunque buscara detrás de la última estrella más lejana de este universo podría
encontrar al creador. Ha ido allá, a un lugar tan apartado y distante, que ya
nadie más puede acercársele, ni aun yo. Por un lado ha hecho bien, pues temo
que la ambición de los humanos no tiene barreras, y tarde o temprano
intentarían llegar a él para tener su inmenso poder, pero esto a su vez nos ha
perjudicado a nosotros, quedando por entero abandonados de su protección.
El
pokemon de tierra soltó un gruñido y se volvió bruscamente. Estaba enfurecido,
impotente y dolido a la vez de que no pudiera hacerse nada por ayudar a Kyogre.
Tantos esfuerzos habían resultado en vano y eso no podía sentarle peor. El
pokemon azul a un lado dejó su mirada vacía caer sobre la arena, mientras
tragaba aquella amarga sensación y los recuerdos ensombrecían su semblante.
Rayquaza estaba tan afectado como ellos: eran sus amados hermanos y no podía
ayudarles de ninguna forma. El dolor de ellos entraba en él y obnubilaba
cualquier posibilidad de mejorar la situación. Sabía que como parte de esos dos
pokemon debía al menos compartir y soportar aquella desolación, pero él no era
del todo entregado a los sentimentalismos: era un ser que buscaba la sabiduría
y la paz de manera innata.
Aguardó
un largo momento sin que ninguno de los dos pokemon dijera nada. Rayquaza sabía
que necesitaban tiempo para digerir todo esto y pensar, tanto como él. Si
tenían algo más que preguntar sería después, cuando pudieran aclarar un poco
las cosas, hablaran y se apaciguaran. Decidió entonces que era hora de
marcharse para darles ese tiempo.
—Discúlpenme
por ahora, por favor—pidió, estirando su largo cuerpo—, pero debo retirarme a
pensar. Les pido que me llamen de inmediato si me necesitan—dijo, sonriendo
levemente—, prometo que estaré aquí cuanto antes.
Y
diciendo esto, el pokemon dragón levantó el vuelo con su largo cuerpo ondulando
por el cielo.
Groudon
le observó marchar y desaparecer arriba, entre las pálidas nubes que terminaban
de retirarse. Se preguntó a donde iría Rayquaza exactamente. Kyogre sin
embargo, ni siquiera levantó la cabeza. Se quedó sumido en silencio un largo
momento, hasta que finalmente se volvió de una vez y se sumergió para irse de
allí. Necesitaba estar solo para intentar librarse de esos sentimientos tan
terribles que le inundaban, pero no alcanzó si quiera a hundirse completamente
cuando el otro le sostuvo por la cola y detuvo su nado.
El
pokemon azul volvió la cabeza, molesto por el gesto del mayor. Groudon le
sostuvo con firmeza y el ceño fruncido.
—
¿Qué haces?—demandó saber el más joven.
— ¿A
dónde crees que vas?
—Quiero
estar solo.
—No
creas que estando solo y dejándome solo vas a solucionar nada.
—
¡Tú no lo entiendes!—rugió el pez, tirando para intentar zafarse— ¡No entiendes
lo que siento porque no lo recuerdas! ¡No recuerdas nada del pasado!
— ¡Y
qué!—rugió el enorme pokemon, tirando del otro por la cola para acercarlo y
sacarlo a la fuerza del agua. Lo sostuvo por una de sus aletas y lo volvió para
verlo cara a cara. Sostuvo su gran cabeza con ambas manos y lo levantó un poco
para tenerlo cerca—Dime, ¿tú a qué le estás dando más importancia? ¿Al pasado,
o a lo que estamos viviendo ahora?
Kyogre
se sorprendió de la pregunta. Al principio no pudo decir nada y solo bajó un
poco los ojos. Groudon lo observó fijamente esperando su respuesta.
—Es
que yo…—soltó el menor, tratando de vencer los sentimientos de tristeza—nunca
hubiera querido…saber todas estas cosas que sé ahora. Nunca hubiera querido
saber…que alguna vez te odié y tú a mí.
—Lo
sé; créeme que lo sé. Pero ni aunque yo recordara cuánto te odié alguna vez o
si intentamos matarnos el uno al otro…ahora no me importaría nada.
El
otro se volvió a verlo sintiendo sus ojos humedecerse y tratando de controlar
las lágrimas que querían venir.
—
¿Por qué?—quiso saber.
Groudon
abrió la boca para responder, pero al instante se contuvo. No tenía idea de
cómo responder con las palabras exactas, pero dentro de él estaba completamente
convencido de lo que decía y de lo que sentía. Se trabó un poco tratando de
explicarse; al final solo soltó un gruñido y volvió a mirar al menor.
—Porque
lo de ahora…esto entre tú y yo, ahora, es lo que me importa de verdad. Quiero
que te quedes conmigo, no que te vayas por ahí y me dejes. Nunca he querido que
me dejes.
Kyogre
contuvo un gemido. Cerró con fuerza los ojos y la boca, se dio un impulso y con
su gran cuerpo aplastó el del otro contra la arena. Se quedó largamente
sollozando sobre él. Groudon no se movió ni dijo nada, solo lo contuvo entre
sus brazos y dejó que el otro llorara por los dos.
Tal
y como Kyogre estaba triste también el cielo se entristeció, y dentro de poco
la lluvia comenzó a caer.
Continuará...
Se han actualizado los perfiles.
Hi
ResponderBorrarComo siempre, leyendo un nuevo cap de este agradable par de pokemons legendarios.
Para empezar, tenía bastantes ganas de ver a Rayquaza y como era en cuanto a actitud, y me ha caído bastante bien. Es alguien muy agradable y buen tipo cuando se necesita, pero también es muy inteligente y sabio, tanto para actuar como para hablar. Como que sabe muy bien que decir y en qué momento hacerlo, además conoce muchas cosas y se nota que quiere a sus hermanos y los conoce bastante bien.
Pues me agrado como llego y como se llevó bien con los dos (aunque por la personalidad de Groudon este no fue muy expresivo, pero al dragón no le molesto).
Ya en lo que fue revelar todo lo que había pasado pues… fue bastante lo que se dijo, y como lo dijo refleja que efectivamente Rayquaza es muy sabio y ve las cosas de un modo que Kyogre o Groudon no ven, además de conocer muchas cosas.
¿Así que Yvetal fue quien causo inicialmente tanto caos antes que Kyogre y Groudon? Me lo imaginaba aunque… en ese mundo pokemon… ¿Yvetal sería el Diablo o algo así?
Por lo demás, ahora se entiende mas todo lo que sucedió, aunque eso no hizo sentir mejor a ambos pokemons, y aunque Rayquaza trata de no dejarse llevar por el sentimentalismo, es obvio que le duele lo que pasan sus dos hermanos. Si las cosas hubieran sido más graves, seguro hubiera derramado un par de lágrimas.
Yendo a algo diferente, se me hizo gracioso los comentario del dragón de que los dos se llevaran bien y eso, y como los hizo dejaba más que claro que sabían lo que sienten el uno por el otro. Seguro y no dijo eso más directamente para molestarlos.
Y hablando de esos dos, esa última escena fue…… conmovedora. Se ve que Kyogre aún está muy afectado, pero al menos Groudon pudo retenerlo a su lado, y aunque no dijo lo que seguramente quería decir, al menos le dijo que lo quería a su lado y solo le importa lo que ellos viven ahora y no el pasado. Por un momento crei que… bueno… se besarían. Sobre todo por esto:
“Sostuvo su gran cabeza con ambas manos y lo levantó un poco para tenerlo cerca”
Yo dije “esto… se va a poner… interesante XD”
Pero no paso, y mejor que sea así, sería muy pronto.
Ahora a esperar el siguiente. Que estés bien y nos leeremos después.