Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#22. Canción de las olas.
Los
dos pokemon permanecieron abrazados bajo la lluvia durante largas horas.
Groudon tenía los ojos cerrados porque no le gustaba sentir las gotas entrar en
ellos, y disfrutaba además del único momento realmente cercano en toda aquella
historia que había vivido junto a Kyogre, desde que se conocieran por segunda
vez. A pesar de que se estaba mojando nunca había estado más a gusto que allí;
bajo la lluvia y con ese pokemon entre sus brazos. Sentía la piel suave y
humedecida de su compañero, y su respiración en el pecho. Eso de algún modo le
causaba una agradable sensación en todo el cuerpo que nunca había experimentado
antes.
Se
atrevió a levantar su mano a la altura del rostro del otro y le acarició con
torpeza, pues nunca había intentado aquello con nadie en su vida. Kyogre se
sorprendió del repentino gesto, pero lo agradeció como a nada en el mundo y se
arrimó aún más a Groudon, cerrando los ojos y disfrutando de su tacto. Por fin
estaba donde siempre había querido: junto al cuerpo cálido del pokemon y
recibiendo algo de su afecto. Podía contar uno a uno los latidos fuertes y
emocionados de su corazón.
Poco
a poco Groudon fue ganando práctica, y pronto sus caricias llenaron de bienestar
a Kyogre, quien se atrevió a devolverle parte de su felicidad frotando su
cabeza con la barbilla del otro. El mayor sonrió.
—Recuerdo
que cuando fui traído a la vida…—soltó el pez de pronto y rompiendo la música
de las gotas a su alrededor—Rayquaza y tú me estaban esperando…
—No
tienes que hablar de esas cosas si te hacen sentir tan mal—dijo el pokemon
rojo, mirándolo hacia abajo.
Kyogre
levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de él.
—Pero
quiero hacerlo; siento que así podría al menos…librarme de la amargura que me
causan esos recuerdos…
El
otro regresó su cabeza contra la arena y cerró con fuerza sus brazos alrededor
del cuerpo frío del gran pez. El pokemon acomodó de nuevo su cabeza sobre el
pecho de Groudon y soltó un leve suspiro.
—Cuando
llegué a la tierra, recuerdo que Rayquaza me miró exactamente como siempre hace
cuando nos vemos—dijo, sonriendo levemente—: con su sonrisa amigable y el aire
de alguien confiable y sabio. Tú en cambio…—soltó junto con una leve risa, la
primera en muchos días.
—
¿Yo qué?—preguntó Groudon, extrañado de eso.
—También
me miraste como siempre haces con todo—dijo, muy divertido—: como si nada en
este universo pudiera jamás llamar tu atención. Fue como si te hubieran
mostrado una simple roca. Eso en parte me hizo sentir mal…creí que yo no tenía
valor alguno ante tus ojos, y después fue peor.
—…
¿por qué?—preguntó el pokemon, temiéndose haber metido la pata desde el primer
momento en que se vieran.
—Porque
te diste la vuelta y te marchaste en cuanto el creador se hubo marchado
también—dijo Kyogre, cerrando los ojos con un gesto no muy complacido—. Ni
siquiera me dijiste hola. Solo estabas mostrándole respeto a él…
—…lo
siento…—dijo Groudon muy avergonzado.
—No
te disculpes. Fue hace tanto tiempo…que ya no tiene caso pedir disculpas por
algo así.
El
pokemon azul guardó silencio un largo momento, recordando todas aquellas cosas.
Movió un poco sus aletas rozando con sus dedos blancos la arena de abajo, sin
dejar de sonreír.
—Recuerdo
que pasé muchos días al lado de Rayquaza. Él me explicaba todas las cosas y me
trataba con mucho cariño y respeto. Me ayudaba a comprender lo que yo no sabía,
y siempre tenía respuesta a todas mis dudas.
—Como
ahora.
—Sí.
Pero yo le preguntaba de continuo por ti—dijo el pokemon, sonrojándose
levemente sin querer—, y eso le hacía pensar a él que yo te había guardado
alguna clase de rencor por la bienvenida que me diste.
Groudon
se sonrojó a su vez y tragó saliva. Soltó de inmediato la pregunta que lo atacó
de escucharle decir eso:
— ¿Y
por qué preguntabas tanto por mí?
—Porque
me causabas curiosidad—respondió el menor, sonriendo y cerrando los ojos—.
Todos los pokemon que estaban a mi cuidado me trataban con respeto y admiración.
Nuestros hermanos me trataban con afecto y respeto también. Yo me preguntaba… ¿Por
qué tú me habías dado la espalda sin más? ¿Es que había algo que te incomodaba
de mí? ¿Te molestaba que yo hubiera sido traído a la vida? Rayquaza me pidió
disculpas por ti y me explicó que no era nada de eso: que tú eras así de
indiferente con todos porque eras muy egocéntrico.
—
¡Y-yo no soy egocéntrico!—se defendió el pokemon rojo.
—No
lo sé—dijo Kyogre, sonriendo y suspirando profundamente—, pero esa fue la única
respuesta de Rayquaza que nunca me convenció. Yo quería saber de labios tuyos
porqué me habías dado ese recibimiento tan frío si yo no había hecho nada para
ganármelo. Desgraciadamente no tenía forma de llegar a ti, estando tan lejos
allá en las montañas, así que me quedé con eso dando vueltas durante mucho
tiempo. Eso, hasta que Lugia se ofreció ir a buscarte.
—
¿Aceptaste?
—Claro
que sí. Lugia voló hasta las montañas y te pidió que fueras al océano para
hablar conmigo. Me dijo que te negaste durante los tres días que él estuvo
insistiendo—dijo el pokemon, sonriendo—, hasta que aceptaste venir únicamente para
librarte de él.
Groudon
no dijo nada al respecto…porque realmente él era la clase de sujeto que decía
que sí a una petición con tal de que lo dejaran en paz.
—
¿Qué ocurrió entonces?—preguntó con curiosidad e imaginando en su cabeza todas
las cosas que su compañero le contaba.
—Bajaste desde la montaña hasta el mar y me
llamaste. Yo te escuché desde muy lejos…porque creo que en el fondo estaba
esperando tu llamada—confesó el enorme pez azul, sonriendo aún más y sintiendo su
corazón agitado dentro de sí—. Sentí una gran emoción cuando te escuché, aunque
cuando me mostré ante ti pretendí que no sentía nada en especial. Cuando te vi
a los ojos te vi exactamente como eres ahora.
—…
¿Cómo es eso…?
Kyogre
sintió sus ojos ligeramente húmedos, así que los cerró.
—Como
un pokemon transparente y verdadero…alguien que no puede mentir ni pretender
ser algo que no es.
—
¿Yo soy así?—preguntó el mayor, un poco extrañado.
—Sí.
Y eres muy ciego también—dijo el menor en un ligero tono de broma.
—Eso
ya lo sé, no tienes que repetírmelo—espetó Groudon, avergonzado y evitando
enfadarse.
El
otro sonrió aún más y continuó hablando:
—Cuando
estuvimos frente a frente me dijiste en un tono muy áspero: “¿qué rayos quieres
de mí?”. Yo me sorprendí y te contesté algo similar. “¿Qué quieres tú de mí?”
— ¿De qué estás hablando?—soltó el pokemon
rojo, frunciendo el ceño— ¡Tú me has hecho venir hasta acá!
— ¿Por qué te has mostrado de ese modo
conmigo?
— ¿A qué te refieres?
—Cuando el creador me trajo. ¿Por qué me
diste la espalda, casi como si yo no fuera nada o nadie? ¿Qué hice para ganarme
tu desprecio?
— ¿Despre…? ¡Yo no te desprecio! ¿De dónde
has sacado esa idea?
— ¡Es lo que me hiciste ver con ese
recibimiento que me diste!
— ¿Y qué esperabas?—soltó el pokemon con
sorna— ¿Qué corriera a darte un abrazo o un beso?
—No tienes que ser condescendiente conmigo;
soy un hijo del creador igual que tú.
— ¡Me da igual! Solo eres otro de nosotros y
ya. ¿Por qué habría de saludarte de manera especial?
— ¡No esperaba nada especial! Pero…al menos
pudiste haberme dicho simplemente hola.
Groudon se quedó estático en su sitio un
segundo. Luego se llevó una mano al rostro cubriendo su boca mientras se
largaba a reír abiertamente y se doblaba en dos. Kyogre se indignó ante aquello
sin comprender a qué venía la gracia.
— ¿De qué te estás riendo?—exigió saber,
enfadándose.
—De tu comentario…
—No he dicho nada para reírse.
—Sí lo hiciste—dijo Groudon, terminando de
reír—. Decirle “ola” al pokemon que es el mar es algo muy gracioso.
Kyogre cayó en cuenta del juego de palabras
que había hecho accidentalmente y comprendió la diversión del otro. Se sonrojó ante
su ingenuidad, pero este pequeño accidente le sirvió para darse cuenta de que
al menos el sujeto podía reír o sonreír, y no de manera perversa. Se calmó un
poco y soltó:
—Soy Kyogre—dijo, presentándose como era
debido.
—Eso ya lo sé—respondió el otro, retomando
su actitud—. Todos lo sabemos. Y sé que también sabes mi nombre.
—Groudon.
— ¿Eso es lo que querías—preguntó el mayor, poniendo
los brazos en jarra— cierto? Una presentación
y ya.
— ¡Quería…! Quería conocerte—respondió el
más joven—. Eres uno de mis hermanos…
—Pues ya está. Lo tienes. ¿Hay algo más que
pueda hacer por ti?—preguntó con su tono sarcástico y deseando poder irse de
una vez.
El pokemon azul estuvo a punto de responder
a su ironía, pero se contuvo puesto que su deseo de conocer al que tenía en
frente era verdadero. Frunció el ceño y respondió:
—Sí. Lo hay.
—Ugh… ¿Qué es?—preguntó el otro, cruzándose
de brazos.
—Ven a verme alguna vez…por favor—pidió,
mordiendo su orgullo y dándole además una lección de humildad y madurez al
otro.
Groudon le observó ceñudo y bastante
contrariado. Había esperado que el otro lo enviara a la punta del cerro, tal y
como él quería, pero el pokemon le jugó al revés y le pidió una segunda visita.
Estuvo debatiéndose un largo momento, bastante tentado de decir que no, hasta
que por alguna inexplicable razón aceptó a regañadientes, se volvió y echó a
caminar sin siquiera despedirse. Regresó varios días después, aun cuando en la
tranquilidad de su montaña había decidido no volver. Nada le obligaba a hacerlo
y no es que le hubiera prometido al otro que lo haría. Aunque sus visitas
fueron muy poco frecuentes y no siempre acabaron bien, el pokemon regresó de
cuando en cuando a la orilla del océano solo para decir un simple “hola” al
pokemon que era el mar.
—Dejamos
de vernos durante mucho tiempo—siguió contando el pez, ensimismado en sus
recuerdos—, y cuando lo hicimos de nuevo fue para intentar matarnos…
Groudon
dejó de sonreír mientras imaginaba aquellos hechos que no estaban registrados
en su memoria. Aún le costaba creer que eso hubiera pasado entre ellos dos.
Sentía tanto apego por Kyogre, estaba tan feliz y a gusto con él en sus brazos
y escuchándole hablar, que no podía concebir la idea de odiarlo. ¿Qué había
pasado con ellos para que las cosas cambiaran de forma tan radical?
—Cuando
nos volvimos a encontrar después de las inundaciones…—dijo Kyogre, también
perdiendo su sonrisa mientras recordaba—te vi a los ojos y por un momento me
estremecí: había tanto desprecio y odio en tu mirada…y a la vez tanta tristeza,
que parecía que eras otra persona. Yo también me sentía herido por la muerte de
mis criaturas, y consideré que mi dolor era más importante que el tuyo. Que yo
había sufrido más. Fue por eso que no dudé en responder a tu desafío…
El
pokemon cerró los ojos y se arrebujó entre los brazos cálidos y pesados de
Groudon, quien respondió presionándolo protectoramente contra él. Era extraño
como dos criaturas que hablaban de su pasado de odio, se protegían del dolor
con expresiones llenas de amor.
—Después
de eso Rayquaza bajó del cielo y nos apaciguó. No puedo recordar muy bien cómo
fue eso…pero supongo que fue porque él nos estaba durmiendo y quitando aquellos
recuerdos que teníamos el uno del otro.
Groudon
inspiró profundamente y soltó el aire caliente sobre la piel fría del pez.
Ambos guardaron silencio un largo momento mientras la lluvia comenzaba a
marcharse lentamente y las últimas gotas caían sobre ellos.
—
¿Sabes?—le preguntó el pokemon de tierra finalmente—A pesar de que me dices que
esos recuerdos que tienes contigo ahora te hacen daño…realmente siento envidia
por ti.
—
¿Eh?—soltó el más joven, levantando la cabeza para verlo— ¿Por qué?
—Porque
puedes recordar completamente cómo eran las cosas de antes…recuerdas la
perfección que hubo en la tierra durante los primeros días. Recuerdas lo que
viviste con el resto de nuestros hermanos…y recuerdas cosas de nosotros: cosas
que yo no sé y probablemente nunca recordaré. Sabes que pasamos un tiempo
juntos…aunque breve y complicado, pero lo tuvimos. Yo no sé esas cosas, y
realmente ansío poder decir: yo sentí esto cuando te vi la primera vez.
El
pokemon de tierra acarició con su barbilla al otro, quien cerró los ojos y
recibió su cálido tacto. La lluvia finalmente se acalló y solo quedaron ellos
dos en toda aquella infinidad de agua y silencio.
—
¿Qué vamos a hacer, Groudon?—preguntó el más joven por fin.
El
otro sabía exactamente a lo que se refería: no solo tenían la mitad de su oscuro
pasado dentro de Kyogre. Habían perdido para siempre la isla que el pokemon de
tierra había construido para sí. El único hogar que había tenido y el punto de
encuentro donde ellos podían convivir. Si se marchaba de regreso a las montañas
o a los volcanes se separarían irremediablemente, y eso ninguno de los dos lo
quería permitir. Además, estaba el asunto de los humanos…
—No
lo sé—respondió al fin, sin poder pensar en nada—, pero encontraremos una
solución; ya lo verás.
Kyogre
se sintió reconfortado por sus palabras e inspiró nuevamente, sintiendo la
agradable placidez de estar al lado del ser más importante en su vida.
—
¿Recuerdas lo que dijo Rayquaza?—preguntó de pronto—Eso de que todas las cosas
en este universo tienen su lugar.
—Lo
recuerdo.
—Si
todo en este mundo tiene su propio sitio…mi lugar en esta vida es estando aquí,
contigo.
Groudon
entrecerró los ojos, y dejó que el palpitar agitado y desbordante de su corazón
respondiera por él. Kyogre se volvió a verlo, y con el rostro encendido en
emoción y felicidad le dijo aquellas palabras que venía guardando desde hacía
tanto tiempo dentro de él, y que por fin salían de su pecho a la libertad.
—Te
amo, Groudon.
El
pokemon rojo sintió algo fuerte recorrerlo por dentro, y este algo le dijo que
aquellas eran las palabras que por tanto tiempo venía buscando para decirle a
Kyogre lo que significaba para él. Se sentó en la arena con el pokemon azul entre
sus brazos, y le preguntó con sus ojos fijos en los suyos:
—
¿Así es como lo dices?
— ¿El
qué?—preguntó Kyogre a su vez, extrañado.
—Cuando
quieres estar para siempre al lado de alguien, sin importar que converse
demasiado; sin importar nada. ¿Así es como lo dices?
El
más joven sonrió dulcemente y asintió con la cabeza. Esta vez fue su corazón
quien recibió las palabras que desde hacía tanto ansiaba escuchar, y su
felicidad y agradecimiento fueron tan grandes como las estrellas en el cielo.
—Entonces
yo también te amo, Kyogre.
Las
dos criaturas se acariciaron con sus rostros y Groudon presionó fuertemente al
otro contra sí. Kyogre cerró con cierta dificultad sus grandes brazos tras la
espalda del pokemon, completamente confiado de que había encontrado por fin un
lugar fuera del océano en donde podía estar tranquilo y feliz.
Continúa en el último capítulo...
mmm… bueno… ¿Cómo empiezo?
ResponderBorrarCreo que diciendo primero que ha sido un gran capitulo donde a estos dos se les pudo ver muchísimo más unidos y mostrándose afecto el uno al otro. Ha sido interesante verlos crecer en este fic hasta llegar a este punto. Empezaron el fic… bueno, no es que se llevaran mal pero tampoco eran los más unidos, y especialmente Groudon era muy cerrado. Pero han pasado por varias cosas y se han conocido el uno al otro cada vez más hasta entrar en el corazón del otro.
Me gusto la conversación acerca del pasado y las cosas que Kyogre recordaba, y si se nota una diferencia abismal entre como era Groudon antes y como es ahora. Si es cierto que aún tiene muchas características de su personalidad vieja, pero se ve que ha ido creciendo hasta el punto de siente algo muy especial por alguien que aparte de ser diferente a él, en algún momento quiso destruir. Debe ser una ventaja no recordar nada del pasado.
Y hablando de eso, por un momento había creído que por haber recuperado sus recuerdos Kyogre sentiría deseos de destruir a Groudon por el odio que sintió por él, pero aunque sí estuvo en conflicto por eso… parece que ha podido dejar eso atrás y estar con Groudon. Al final a ambos se le vio muy unidos, felices, y finalmente diciendo lo que muy seguramente ambos querían escuchar del otro. Me llamo la atención que ambos no terminaran besándose, pero como me mencionaste por MP se entiende. Realmente fue un lindo cap, lleno de sentimiento y a mi parecer, bien hubieras hecho este el cap final y termina bien esta historia, pero ya dejaste claro que aún falta uno más. Espero ver como lo acabaras, pero por lo que parece (y espero), estos dos tendrán un final feliz.
Hasta la próxima, que estés bien, y me retiro no sin antes comentar que… seguro Rayquaza debe haber estado observando a los dos con bastante interés, con eso de los shippea y eso XD.