Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#18. Heridas.
Cuando
Molly se hubo alejado por el camino de piedra después de despedirse de su mascota
para regresar a casa sabiendo que estaría bien, los dos pokemon se quedaron un
momento en silencio sentados en el banco de madera. Con su timidez habitual, la
que ahora estaba acentuada por lo que tenía que decir, Croagunk se arrimó a
Toxicroak y se abrazó a él. El mayor lo rodeó con un brazo.
—Le
dije…a Molly lo de nosotros…—soltó el menor, sonrojándose otra vez.
Toxicroak
se sorprendió y se volvió a verlo.
— ¿En serio? ¿Y qué dijo?
—No
le pareció mal…dice que de haberlo sabido antes no hubiera sido dura conmigo.
El
otro puso su mano sobre la cabeza del más joven y besó su frente.
—Te
dije que saldría bien.
Croagunk
asintió y levantó la cabeza.
—
¿Cómo te ha ido con John?
El
pokemon desvió la mirada sin dejar de sonreír. Croagunk hinchó sus mejillas de alegría
al notar la expresión que ahora tenía el otro: su sonrisa era completamente
diferente a la que tenía hacía solo unas horas, antes de que todas aquellas
inesperadas cosas sucedieran. Toxicroak lucía tan tranquilo y en paz consigo
mismo que su sonrisa era nueva y llena de calma y felicidad. Croagunk lo sintió
repentinamente más atractivo de lo que siempre había creído, y esto lo hizo
sonrojarse más.
—Bien—respondió
el mayor—. No está molesto…solo bastante sorprendido por todo esto.
—
¿Quién no?—soltó su compañero, sonriendo más.
—Le
he propuesto que cambiemos nuestra forma de vida. Que dejemos atrás el pasado y
la tristeza…y seamos lo que antes.
— ¿Y
qué dijo?—preguntó Croagunk con emoción.
—No
me ha respondido todavía: tiene mucho en lo que pensar y creo que aún nos falta
mucho de qué hablar.
—Lo
imagino. Pero sé que saldrá bien al final.
Toxicroak
tomó al menor en brazos y lo acercó a él. Lo acarició con su mejilla, a lo que
el otro respondió abrazándose a su cuello y soltando un suspiro de felicidad.
—Nada
de esto habría pasado de no ser por ti, Croagunk—dijo el mayor, presionando a
la ranita contra sí en un afectuoso abrazo.
—No
digas eso. Fuiste tú quien lo hizo posible: tuviste que enfrentar a John y
hacerlo entrar en razón. Fuiste muy valiente…yo jamás hubiera podido hacer una
cosa así.
El
más alto lo apartó levemente para mirarlo a los ojos y le sonrió cálidamente,
haciendo que al pequeño se le prendieran las mejillas. Las acarició despacio y
con ternura al tiempo que le decía:
—
¿No lo ves? He vivido con miedo de enfrentar a mi pasado y a John desde hace
diez años. Desde que ella se fue. Si tú no hubieras aparecido en mi vida, nunca
nadie me habría dado el valor para hacer estas cosas. Si John y yo estamos
hablando hoy ha sido por ti. Y si me siento feliz y agradecido por este día,
también es por ti.
El
más pequeño se sintió apenado ante aquellas palabras y no supo qué decir.
Realmente no consideraba que él hubiera hecho todo eso.
—Te
amo, Croagunk—dijo Toxicroak, sosteniendo cariñosamente al otro entre sus
grandes manos y acercando sus labios—; nunca voy a amar a alguien tanto como lo
hago contigo.
El
pokemon besó a su compañero larga y cálidamente. Fue el beso más largo y dulce
que se hubieran dado, y Croagunk no recordó haber vivido un momento más grato y
feliz que en el silencioso patio de aquel hospital.
Pasado
el mediodía y después de una última revisión por parte del doctor, John estuvo
en condiciones de marcharse a su casa. Para sorpresa del especialista y su
equipo, el hombre tuvo una mejora increíble para la cantidad de veneno que
habían calculado en su sistema. Otra persona se hubiera quedado convaleciente
durante los próximos tres días, pero como a John tampoco le gustaran los
hospitales y su estado lo permitía, tomó sus cosas, sus recetas médicas para
afrontar el dolor de sus golpes durante los próximos días, a los dos pokemon, y
se subió al auto que lo esperaba afuera. Debido a los dolorosos magullones que
le había dejado su compañero de azul, el hombre debería pasar igualmente un par
de días en cama para reponerse enteramente, lo que le daría suficiente tiempo
para pensar, conversar con su pokemon y mantenerse alejado del alcohol.
Croagunk
se quedó en casa de John, acompañándolo a él y a Toxicroak durante breves ratos
cuando los dos no estaban hablando de su pasado, recordando los buenos momentos
y llorando los malos. Comieron juntos, se contaron muchas cosas y por sobre
todo, Croagunk pudo escuchar decenas de historias que los dos ex-campeones le
relataron ese día, cada uno poniendo su versión y volviendo las historias más
nítidas en la mente de la ranita.
Esa
noche Toxicroak fue a dejarlo a su casa, agradeciendo a Molly por haberle
permitido pasar tiempo con él y disculpándose por las molestias. Ella se mostró
amable con el pokemon y le deseó que su entrenador mejorara pronto de su
estado. Sonrió con ternura al ver el afecto que se expresaron los dos pokemon
al momento de despedirse, y luego se dedicó a escuchar lo que su mascota tenía
para contarle de todo lo que le había ocurrido en aquellos dos días.
Croagunk
y Molly tuvieron un agradable par de días para reanudar su lazo y contarse
abiertamente lo que habían pasado cada uno por su cuenta durante las rebeliones
de la criaturita. Croagunk no había imaginado que había hecho pasar a la chica
por tanta preocupación y creía que se trataba solo de celos por no estar cerca
de ella. La joven se había llevado un susto de muerte las dos veces que su
pokemon había desaparecido, y casi había discutido con sus padres y con los
criados porque nadie se había percatado de que la ranita se había marchado.
Esto
hizo que Croagunk se disculpara nuevamente con ella, pero Molly le acarició la
cabeza y le dijo que no se preocupara: ya habían arreglado ese asunto y él
había prometido no escaparse otra vez.
—
¿Cierto?—repitió ella, mirándolo de reojo.
Él
asintió.
Todo
marchaba aparentemente bien, y Croagunk se iba sintiendo poco a poco más seguro
de que por fin las cosas mejorarían y estarían en paz. Había llegado a un
acuerdo con su entrenadora y Toxicroak hacía lo suyo con John. Pero la
felicidad se le terminó abruptamente el tercer día, cuando fue a visitar a sus
dos amigos al otro lado de la ciudad.
Ataviado
con un pañuelo naranja que combinaba con sus mejillas, idea de Molly, el
pokemon apareció en la gran casa con un pequeño ramo de flores que le entregó
tímidamente a John, quien lucía repuesto y solo llevaba un parche en su mejilla
y un vendaje bajo su camisa. El hombre se sintió conmovido por la ternura que
expresaba la ranita y fue a dejar el regalo arriba en su habitación, dándole
espacio a los otros dos después de que también Toxicroak le contara de su
relación con el pokemon más pequeño.
Cuando
estuvieron solos y en silencio, ambos se acomodaron en el lugar de siempre y
Croagunk se sentó en las piernas del mayor, rodeado por su brazo y cobijado por
el leve ronquido satisfecho que producía la bolsa de Toxicroak junto a él. Era
la primera vez que lo escuchaba tan feliz, y eso hizo saltar alegre a su corazón. La quietud que llenaba la sala y el sol entrando cálidamente por las
ventanas le parecieron al pequeño un cuadro hermoso y que quería conservar en
su recuerdo para siempre.
—John
y yo hemos estado hablando sobre lo que vamos a hacer—dijo Toxicroak, pasado un
largo momento de silencio.
El
menor se incorporó y se volvió a verlo. Se sorprendió de no ver la sonrisa
llena del mayor y otro gesto ligeramente apagado en su lugar. Era una mezcla
extraña de felicidad y tristeza a la vez.
— ¿Y
qué decidieron?—preguntó él.
Toxicroak
alcanzó su mejilla con una mano y le acarició despacio. No era una noticia que
al otro le agradara, eso lo daba por sentado.
—Vamos
a irnos de viaje él y yo.
—
¿Q-qué?—soltó el otro, gastándose todo el aire de sus pulmones con aquella
breve palabra.
El
pokemon más alto inspiró profundamente y sostuvo sus pequeñas manos temblorosas
entre las suyas.
—Vamos
a salir a recorrer la región, como hacíamos antes. Viajaremos y retomaremos lo
que dejamos sin terminar. Le prometimos a Mónica que le traeríamos la copa de Sinnoh,
y nunca lo hicimos. Vamos a buscar lugares nuevos para conocer y también nuevos
pokemon. Le costó mucho decidirse…pero no quiere desperdiciar la oportunidad de
intentarlo. No ha hecho nada que realmente le guste en mucho tiempo.
—Pero…—soltó
Croagunk, negando con la cabeza y con sus ojos llenándose de tristeza— ¿qué
pasará conmigo? Toxicroak… ¿qué pasará conmigo?—dejó salir el pokemon, con las lágrimas
bajando por su rostro y rompiendo el corazón del mayor.
Toxicroak
lo rodeó con sus brazos y lo presionó con fuerza contra su pecho, mientras el
más joven lloraba amargamente la decisión que ellos habían tomado y sintiendo
que todo se le volvía repentinamente gris. Toda la alegría y la tranquilidad
que había sentido en aquellos días, todas sus esperanzas de que las cosas
marcharían bien se rompieron frente a sus ojos al escuchar aquellas palabras.
Lloró largamente y sintiéndose herido al saber que se quedaría sin el pokemon
al que tanto amaba y le había hecho tan feliz. No concebía que después de todo
lo ocurrido dejarían de verse tal vez por muchos meses. Sabía que Molly no
consentiría que se fuera y tampoco le correspondía interferir en el viaje de
Toxicroak y John: era una aventura que les tocaba vivir a ellos, que volvería a
unirlos y cerraría ese capítulo faltante entre ellos dos. Pero… ¿Cuándo
terminaría de escribirse el de ambos?
—No
quiero que me dejes—pidió Croagunk, aferrado a su camisa humedecida por sus
lágrimas y sin poder controlar su tristeza.
—No
podría dejarte—respondió el mayor, levantando su rostro con ambas manos y
mirándolo a los ojos—. Eres el pokemon más importante de toda mi vida: te amo,
y me has devuelto la fuerza y la felicidad, Croagunk. A John y a mí.
—
¡Pero te irás!
Toxicroak
lo besó y lo abrazó con fuerza mientras el menor dejaba salir abiertamente su
tristeza ante la soledad que ahora se acercaba.
Los
siguientes días antes de su partida, los dos pokemon pasaron cada día juntos,
compartiendo, paseando, contándose cosas y regalándose afecto para sobrevivir a
la larga espera que se dejaría caer con la separación de los dos. Croagunk no
pudo disfrutar enteramente aquella última semana, pues con cada día que pasaba
el momento de separarse se aproximaba, y su corazón se sobrecogía de tristeza
al pensar en que no volvería a tener los brazos que lo reconfortaran, la
sonrisa amable que le transmitía tranquilidad y alegría, ni los labios que le
habían enseñado a besar. No tendría a ese que le había enseñado el arte de
hacer cantar a un piano ni había llenado sus noches de agradables sueños para
recordar. Ya no tendría a su primer y único compañero, ese con el que había
aprendido a dar y recibir amor.
—Voy
a volver—le prometió Toxicroak, el día en que la casa de John finalmente estuvo
cerrada y los dos amigos estaban listos para emprender su última aventura—.
Volveré por ti, Croagunk: no quiero que te olvides de eso.
El
menor asintió lentamente con la cabeza y sus ojos fijos en el suelo. Tenía sus
dedos fuertemente entrelazados y se contenía las ganas de llorar, aunque había
gastado muchas lágrimas durante las últimas noches al comenzar a sentir la
soledad encima de él. A su espalda, su entrenadora lo observaba con los ojos
llorosos al ver a su querido pokemon sufriendo ante la partida de ese al que
tanto afecto guardaba. No imaginaba que las cosas saldrían así para él.
Toxicroak
se arrodilló frente a él y lo levantó una última vez entre sus brazos. Croagunk
se aferró con fuerza al pokemon, transmitiéndole así su deseo por evitar que se
marchara. Pero todo estaba listo y solo faltaba decirse adiós.
—Voy
a llamarte desde cada centro pokemon—dijo el mayor, mirándole a los ojos—y
cuando esté en la liga me verás. Vendré a verte cuando me sea posible, y cuando
el viaje acabe, volveré por ti.
—No
vas a alargar el viaje esta vez—pidió el menor, conteniéndose las lágrimas—
¿Verdad?
El
otro sonrió con tristeza y lo besó una última vez.
—No.
Te prometo que no.
Con
un último abrazo, los dos pokemon se despidieron y se separaron. Molly y John
se despidieron brevemente, esperando tener la oportunidad de algún día poder
hacer amistad y así darles el apoyo a sus pokemon. El hombre se despidió afable
de Croagunk, agradeciéndole por haber salvado a su Toxicroak y a él de acabar
hundidos en su miseria, y prometiéndole también que se lo traería pronto de
regreso. Luego, ambos se dieron la vuelta y echaron a caminar.
Croagunk
regresó al lado de Molly y se aferró de su pierna, llorando silenciosamente.
Conmovida y al borde de las lágrimas, ella se arrodilló y lo levantó en brazos,
lo presionó cariñosamente contra su pecho y luego se volvió para subir al auto
rojo que esperaba atrás.
Al
momento de voltear, Croagunk quedó frente a la escena de su querido compañero alejándose
por el sendero que llevaba al bosque, caminando junto a su entrenador. Hubiera
querido poder gritarle adiós, pero el nudo en su garganta le impedía decir
nada. Solo levantó su mano y le despidió en silencio.
Como
presintiendo su gesto, Toxicroak se detuvo y se volvió. Le sonrió lleno de
agradecimiento y felicidad, pero también de tristeza por la separación. Levantó
su mano, susurró un “te amo”, y volviéndose para alcanzar a su compañero, desapareció.
FIN
Oh… Dios… mío…
ResponderBorrarNo sé qué decir
…………
No, espera, si sé que decir
Para empezar, no creí que esta historia terminaría tan pronto. Creo que pasaran algunas cosas más antes de ver la palabra FIN, pero bueno.
Además… no enserio, no sé qué más decir. El desarrollo cada escena, los momentos de felicidad y de tristeza, todo quedo muy bien, y realmente fue muy grato leerlo. En verdad se sintió todos esos sentimientos. Al final tenía razón en lo que dije en mi comentario anterior, pero fue bueno ver que Toxicroak se lo dijera. Que nada hubiera pasado si él no hubiera llegado a su vida. Prácticamente tenía una estaca clavada en la mente y en el corazón que nunca pudo sacarse y lo afecto por mucho tiempo, pero al final pudo superar todo eso, quitarse de encima todo lo que le impedía avanzar y sentirse finalmente feliz. Pero por la manera en que parecieron hablar Croagunk y Molly parece que el pequeño también le están saliendo bien las cosas.
Ambos se puede decir que crecieron bastante en el tiempo que estuvieron juntos, hicieron cosas que solos nunca hubieran hecho, se ayudaron, aprendieron el uno del otro y finalmente pueden decir que son felices.
Si fue bastante triste como afecto a Croagunk la noticia de saber que Toxicroak se iría, y todo lo que decía de que estaría solo y que se sintiera peor cada día que pasara antes del viaje es perfectamente comprensible y realmente llega al lector (a mí al menos me llego toda esa tristeza).
Buena música por cierto, muy acorde al momento ¿de que es o como se llama?
Ahora, debo decir que hubo algo que no me gusto y es esa forma en que cierra la historia.
“Como presintiendo su gesto, Toxicroak se detuvo y se volvió. Le sonrió lleno de agradecimiento y felicidad, pero también de tristeza por la separación. Levantó su mano, susurró un “te amo”, y volviéndose para alcanzar a su compañero, desapareció.”
Tal vez solo sea yo, pero fue muy cortante. Creo que me hubiera gustado ver otro párrafo donde se mencionara como iba la vida de ambos en los siguientes meses, aunque no es el primer fic tuyo que veo que termina, y deja al lector (o al menos a mí) como… ¿ah? ¿No paso algo más?
Creo que “Alphamon y la Luna” y “Cartas de primavera” tenían un final de ese estilo. Supongo que en parte es bueno poner finales así y dejar a la imaginación el ¿y que paso después?
Y en este caso, yo solo puedo pensar que a pesar del justificado dolor de ver partir a Toxicroak, Croagunk no caería en una depresión ni nada por el estilo. De hecho, creo que él se asegurara de vivir su vida y aprovecharla del mismo modo en que lo hará Toxicroak en su viaje, mientras espera a que regrese. Seguro él y Molly se unirán aún más, harán más cosas, tal vez incluso conozca nuevos amigos, pero jamás olvidara a Toxicroak, y él nunca lo olvidara.
Para finalizar, ha sido un fic simplemente genial, lleno de sentimientos, buenos personajes y desarrollo y que sin duda vale mucho la pena leer, y ha sido un gusto haberlo seguido de principio a fin (aunque sé que siempre dejo comentarios largos que a veces deben ser tediosos leer, ¡pero maldición, no lo puedo evitar!), aun cuando es un género que no es mi favorito (yaoi) y los protagonistas son pokemons que ni siquiera estarían entre mis favoritos (Croagunk y Toxicroak). Creo que no tengo más que decir, más que ha sido una gran historia de parte una muy buena escritora.
Te felicito por tan buen trabajo y te deseo suerte para los próximos proyectos.
Para terminar, hasta luego, que estés bien n_n