Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#18. Canción de las olas.
El
rugido de Groudon sacudió por entero la isla y espantó a los Wingull que
estaban allí. El pokemon rojo tenía su coraza al rojo vivo y el agua alrededor
de sus patas se evaporaba, rodeándolo de una nube densa de vapor caliente.
Hacía más de una hora rugía y maldecía su debilidad al agua y su incapacidad
para nadar. Odiaba el estar encerrado en aquella isla que alguna vez le había
dado felicidad y ahora se había convertido en su prisión; una prisión sin rejas
que lo tenía para siempre allí anclado. La búsqueda de su paz y soledad se
habían vuelto repentinamente en su contra.
—
¡Maldita sea!—rugía el pokemon, presionando la arena entre sus dedos— ¡Malditos
humanos! ¡Pagarán por esto, juro que los haré pagar!
Todavía
no tenía idea de cómo, pero se vengaría de los que le habían arrebatado a
Kyogre. Si se atrevían a hacerle daño no habría agua suficiente en el mundo
para salvarlos de su ira.
Una
fuerte ráfaga de viento salado sopló por encima de la isla, pero él no pudo
sentirla. Los Wingull, que vivían navegando en las corrientes de aire, la
sintieron antes de venir y se levantaron de su sitio graznando y tratando de
llamar la atención del pokemon. Groudon los escuchó y levantó la cabeza. Al
instante le pareció escuchar un sonido distante que provenía desde el mar.
Observó en la lejanía y vio algo que lo dejó pasmado: un pokemon venía a toda
velocidad corriendo por sobre el agua…jamás había visto una cosa así por lo que
se tardó un poco en salir de su impresión.
El
aparecido llegó junto con una segunda brisa fuerte y salada. Se detuvo a varios
metros de la orilla y caminó el último tramo para descansar de su carrera de
varios miles de kilómetros de recorrido. Groudon enseñó los dientes como
siempre hacía ante los desconocidos, pero éste en particular le resultó de
algún modo familiar. Cercano. No tenía el aire de ser su enemigo a pesar de su
mirada austera. El pokemon sin embargo era hermoso, elegante y soberbio, eso
tuvo que reconocerlo.
—
¿Quién eres?—quiso saber Groudon.
El
recién llegado le miró fijamente un momento: luego desvió su mirada abajo en un
repentino gesto de respeto que desconcertó al mayor.
—Soy
uno de los hijos del agua—dijo, agachando un poco la cabeza en gesto solemne—,
Suicune. Soy una de las creaciones jóvenes de nuestro señor.
—Por
eso no me resultas conocido—dijo Groudon frunciendo el ceño.
—Entei
me habló de ti: él es mi hermano. Me dijo que el hacedor de los continentes
estaba en pie y caminaba por esta tierra. Es un honor poder conocerte.
— ¿A
qué has venido y cómo has sabido que estoy aquí?—quiso saber el pokemon mayor
saltándose las formalidades, que no eran lo suyo.
Suicune
no se mostró sorprendido, pues su hermano le había comentado respecto del
carácter áspero del pokemon que tenía en frente.
—Kyogre
es el océano y yo soy parte de él—explicó el más joven—, es por ello que he
venido a saber de ti y de donde te encontrabas. Pero también tengo tratos con
el viento—dijo, volviendo la cabeza mientras una suave brisa movía la espuma
que le coronaba—, y es por él que tu rugido de furia ha llegado hasta mí. El
mar ya me ha hablado y sé que los humanos han venido finalmente por nuestro
guardián.
—Así
es: se lo llevaron hace un rato. No pude detenerlos, se fueron por mar…
—Es
por eso que estoy aquí—dijo Suicune mostrando una imperceptible sonrisa—. Como
parte que soy de las aguas he venido a ayudarte a recuperarlo. Mis poderes no son
tales como para hacer frente a los humanos y sus armas, pero si puedo hacer
algo para que tú puedas rescatarlo, lo haré. Tú eres uno de los primeros hijos
de la creación, así que confío en que podrás traerlo de regreso.
—Solo
necesito llegar hasta ellos—dijo el pokemon rojo, ansioso.
—Puedo
hacerlo—sentenció el menor.
Se
volvió hacia la gran extensión azul que se abría tras de sí y soltó un único
llamado, largo y melodioso como el sonido del viento navegando sobre las olas.
Groudon no comprendió qué se supone que había conseguido con ello: él ya había
rugido bastante hacia el mar y no es que éste hubiera reaccionado de modo
alguno. Pero él no era parte del océano así que era imposible que éste le
respondiera, por lo que observó asombrado cuando una gigantesca masa de agua se
levantó a varios metros de la isla, y un monstruoso Wailord salió desde la
profundidad levantando enormes olas que casi arrojaron a Groudon al suelo.
Sacudió
la cabeza y observó boquiabierto al pokemon más grande que él hubiera visto
jamás. La enorme ballena se acercó lo que más pudo a la isla, quedando
igualmente a varios metros de distancia de la orilla. Suicune se volvió a ver a
Groudon, quien despertó de su sorpresa y se acercó con el agua hasta la
cintura, subió con dificultad a la espalda del animal y hundió sus garras en su
piel en una reacción natural al verse rodeado por el mar. Wailord apenas
pareció percibir el daño.
—
¡Vamos!—ordenó Suicune, volviéndose en la misma dirección en la que el equipo
Aqua había escapado.
Corrió
ágil y ligero por sobre las olas, siendo seguido de cerca por la ballena azul
con Groudon sobre él. Como era parte del océano sabía en qué dirección debía
ir, y a pesar de que no tenía brújula ni punto de referencia, el pokemon no se
extravió y cruzó largas millas de agua hasta llegar dentro de casi una hora de
recorrido hasta la base en donde presentía que Kyogre estaba encerrado. Podía
escucharle desde afuera sin que el pokemon emitiera el menor sonido.
Cuando
estuvieron cerca, Groudon observó el lugar preguntándose donde tendrían a
Kyogre.
—Supongo
que no sabes dónde está—dijo al más joven que estaba abajo.
—No,
pero sé que está allí: lo siento—respondió, cerrando los ojos y abriéndolos
luego—. Wailord y yo te ayudaremos a entrar e intentaremos alejar a los humanos
si nos es posible, pero no comprometeré su seguridad—dijo, refiriéndose al
tercer pokemon que los acompañaba—: la codicia de los humanos no tiene barreras
y no dudarán en intentar quitar de su camino a quien sea, por los métodos que
sea.
—Si
es así, serás tú quien deberá tener cuidado—advirtió Groudon, levantándose
sobre sus dos patas—, eres el más pequeño por aquí.
Suicune
sonrió con sorna al verse subestimado, pero no dijo nada. Indicó a Wailord que
se acercara y el pokemon obedeció.
Adentro,
Archie se encontraba nuevamente junto al enorme pokemon azul, acompañado de sus
dos administradores. La esfera azul resplandecía en su mano y el hombre podía
sentir con claridad un pulso de energía subiendo por su brazo: tenía que
reconocerle a su rival su acierto respecto al cambio de las esferas, pero
seguía riéndose para sus adentros de haberlo engañado. Lleno de convicción,
Archie levantó la esfera y bramó:
—
¡Responde a mi llamado, Kyogre!
El
objeto brilló intensamente de un resplandeciente color zafiro que llenó por
completo la estancia. Kyogre levantó la cabeza al sentir algo extraño y
desconcertante encima de él. Nunca había sentido nada igual y no podía decir
qué era. Vio las luces arriba sin comprender qué ocurría y comenzando a ponerse
nervioso. La esfera azul se desprendió de la mano de Archie, se elevó en el
aire y se dejó caer en el agua, como buscando a su portador original. La joya
se hundió hasta tocar la piel del pokemon pez y comenzó a entrar en su cuerpo,
buscando regresar al lugar que correspondía.
Kyogre
soltó un rugido estremecedor desde lo más hondo de su pecho. No sentía dolor
alguno, pero su cuerpo se vio sacudido por violentas ondas de energía que le
transmitieron oscuros y desagradables deseos y sentimientos.
—
¡Detente!—rugió el pokemon desesperado.
Intentó
zafarse violentamente de sus ataduras para alejarse de lo que fuera que
estuviera ocurriendo, y las argollas ancladas a las paredes del cubo en donde
estaba encerrado emitieron sonidos indicando que se habían zafado ligeramente.
Los administradores se asustaron un poco ante aquello, pues si bien habían
calculado la fuerza aproximada del pokemon y el cubo había sido diseñado para
retenerlo, no imaginaron que Kyogre tendría todavía más fuerza para dañar en
parte la construcción. Archie ni siquiera prestó atención a esto: no podía
estar más emocionado y ansioso por lo que ocurría.
—
¡Sí! ¡SI! ¡Kyogre finalmente será mío!
El
pokemon se debatió durante largos minutos, sacudiendo el agua con su cola y
haciendo desesperados intentos por liberarse. La gema en su interior se
disolvió y todos los fragmentos de sus memorias de hace millones de años regresaron
a su mente y tomaron su debido lugar. Kyogre se sacudía y trataba de algún modo
de mantener aquellas horribles imágenes fuera de su cabeza pero resultó en
vano: en todas las imágenes estaba él. Él y un pokemon al que conocía bien y
que había intentado matarle. Una criatura tan cargada de furia, odio y
desprecio, que Kyogre se negó tajantemente a creer que era el mismo. Tenía que
ser otro. Debían ser pesadillas que habían metido en su cabeza para obligarle a
reaccionar de igual forma. Estaban intentando controlarle.
Sin
embargo y en esas mismas imágenes, el pokemon podía sentir con claridad como él
mismo había albergado similares sentimientos hacia esa criatura. Le había
odiado de igual modo y también había tenido un ferviente deseo de deshacerse de
él. El dolor que aquellos sentimientos le causaron le hizo soltar un largo aullido
de auxilio que sacudió por entero la base y puso a todos sobre alerta.
—
¡Kyogre!—soltó el pokemon rojo afuera al escucharle.
Rugió
con furia y abrió la boca después de haber estado varios segundos absorbiendo
los rayos de sol que caían con intensidad sobre él. Los soldados del equipo
Aqua al interior de la base no se percataron de su presencia hasta que el
pokemon encerrado abajo rugió y los estremeció a todos. Recién entonces algunos
levantaron la cabeza de los documentos y de las computadoras, y los que estaban
cerca de la ventana gritaron con espanto al ver una intensa luz cegándolos
desde afuera. Fue lo último que hicieron en esa vida.
El
rayo solar atravesó completamente el área superior de investigación, llevándose
materiales y personas con él. Ese día la misericordia de Groudon estaba muy
sepultada bajo densas capas de desprecio y venganza. Cuando tuvo el paso libre,
Wailord se acercó todavía más y el pokemon rojo pudo subirse a las
instalaciones ahora destruidas y en llamas. Rugió llamando a Kyogre pero el
pokemon no estaba por allí.
Suicune
subió de un salto a su lado y volvió la cabeza: presentía a Kyogre más abajo,
por lo que indicó a Groudon que lo siguiera. Ambos recorrieron solo un breve
tramo entre los escombros hasta que un grupo de soldados aparecieron desde los
niveles inferiores: todos traían armas y a sus pokemon acuáticos afuera.
—
¿Cómo ha llegado ese monstruo
aquí?—preguntó uno de ellos.
—
¡Liquídenlo!—ordenó el que estaba a la cabeza.
Los
pokemon obedecieron y dispararon chorros de agua contra el pokemon de tierra.
Groudon abrió la boca para lanzar sus llamaradas, pero Suicune se interpuso y
con su rayo aurora detuvo todas las técnicas y congeló a varios de los pokemon
enemigos. Los humanos regresaron a sus compañeros y llamaron a otros, mientras
algunos soldados se posicionaban para disparar.
Los
primeros disparos tomaron por sorpresa al pokemon de agua, quien de ágiles
saltos debió evadirlos, descuidando su espalda y recibiendo las técnicas de los
pokemon enemigos, cayendo con un fuerte golpe al suelo. Groudon lanzó densas
bolas de lodo de su boca, aplastando con ellas a los soldados armados y
barriéndolos luego con un golpe de su enorme cola. Los únicos que quedaron en
pie fueron los pokemon acuáticos.
—Ve
con Kyogre—dijo Suicune, poniéndose de pie—, ellos serán fáciles para mí.
El
otro no rebatió y continuó avanzando. En el camino se encontró con humanos que
no traían pokemon o armas: eran científicos e investigadores, por lo que se
apartaron aterrados de en medio dejando pasar al pokemon. Groudon revisó todo
ese nivel sin encontrar nada, por lo que supuso que tendrían a Kyogre abajo.
Levantó su garra y dejándola caer con un potentísimo golpe, sacudió toda la
base y abrió el suelo de metal bajo sus pies en una gigantesca grieta que le
permitió llegar sin problemas a los niveles inferiores.
En
el lugar, Kyogre había dejado de sacudirse. Archie y sus administradores
escucharon todo el desastre ocurriendo arriba sin comprender qué estaba
pasando. Sus dos hombres subieron rápidamente y a medio camino se encontraron
con lo más inesperado: el pokemon rojo los vio y los reconoció de inmediato, y
antes de que alcanzaran a quitarse las pokebolas del cinto, Groudon largó una
feroz llamarada que los carbonizó por completo. Aún le estaba faltando uno: ese
que traía un pañuelo en la cabeza.
—
¡Respondan, maldita sea!—rugía Archie al comunicador en su mano— ¡Liberen a
Kyogre ahora mismo! ¡Ya está bajo mi control!—decía, ignorando por completo la
realidad de las cosas.
Daba
órdenes a sus soldados arriba, pero era imposible que éstos atendieran. Maldijo
y decidió él mismo ir a inspeccionar. Subió las escaleras con largas zancadas y
llegó al nivel superior, encontrándose con algo que definitivamente no
esperaba: los cuerpos tiznados de sus dos hombres de confianza y al pokemon de
tierra. Se quedó perplejo, y al ver como la criatura abría su boca para atacar,
el hombre se soltó de las barras de seguridad de las escaleras y cayó de
regreso al nivel inferior, esquivando por poco las llamas que casi lo calcinaron
a él también. ¿Cómo había llegado esa criatura hasta ellos? ¿Y por qué? ¿Sería
acaso que había venido a buscar a Kyogre, tal vez para destruirlo? ¿Sería
posible que Magno tuviera algo que ver?
Sacudió
la cabeza y se libró de estos pensamientos. Tenía que actuar rápidamente para
salvar su vida y escapar de la bestia que comenzaba a abrir el techo sobre él
para llegar al piso de abajo.
—
¡Milotic, Sharpedo!—llamó, lanzando sus pokebolas.
Los
dos pokemon emergieron y vieron como el monstruo arriba estaba por entrar.
—
¡En cuanto esa cosa llegue aquí, usen surf!—ordenó.
Groudon
no tardó mucho en abrir suficiente espacio con sus poderosas garras y llegar
frente a los dos pokemon. Estos reaccionaron a la par y levantaron agua desde
afuera de la base, golpearon con ella los cristales alrededor e impactaron de
lleno en Groudon con una poderosa ola que lo arrastró metros contra la pared. Archie
rió levemente sabiendo de la debilidad del pokemon a esas técnicas.
Repentinamente
Milotic reaccionó y se arrojó sobre su entrenador con su largo y pesado cuerpo,
cubriéndolo. Sharpedo no fue tan rápido y se vio impactado contra la misma
pared contra la que había chocado Groudon por un chorro de agua tan grande y
potente, que el tiburón quedó noqueado de inmediato. Archie soltó una maldición
y vio qué había sido aquello: ¡un Wailord asomaba desde los grandes ventanales
destruidos y había atacado! El hombre rugió y se levantó a la par que su
pokemon.
—
¡Milotic, giga impacto!—ordenó.
El
pokemon se concentró, y flotando veloz por la abertura que estaba hecha, reunió
toda su energía en su cola y golpeó con potencia contra la ballena,
sacudiéndola por completo y haciéndola rugir. Los soldados que luchaban contra
Suicune arriba se percataron entonces de la presencia del gran animal que
estaba más abajo y vieron al Milotic de su líder: le estaba molestando y ellos
debían ayudar. Sacaron Golbat y Crobat que se lanzaron contra Wailord y
comenzaron a herirle con sus mordidas venenosas.
—
¡Wailord!—exclamó el pokemon de agua.
Estaba
cansado por la batalla, pero igualmente se levantó y saltando fuera de la base,
liberó una ventisca congelante desde su cuerpo que convirtió a todos los
pokemon atacantes en estatuas de hielo que se perdieron abajo en el mar.
Suicune aterrizó sobre la piel lastimada de Wailord, viendo que había sido
mordido en muchos puntos, y las heridas supuraban sangre y veneno.
—Márchate—ordenó
Suicune— ¡de prisa!
El
enorme pokemon obedeció y se sumergió, desapareciendo del lugar. Suicune quedó
con sus pies ligeros sobre el mar y observó la situación justo cuando algo
terrible ocurría.
Milotic
retrocedió junto a su entrenador para reposar del poderoso ataque que había
liberado, sin percatarse de que atrás Groudon retomaba su lugar y de un
movimiento, lo sostuvo entre sus poderosas garras por el cuello y lo inmovilizó
contra el suelo con su gran peso. Ejerció presión cortándole la respiración a
su rival mientras éste sacudía su largo cuerpo para intentar liberarse. Archie
observó con horror mientras intentaba llamar a su pokemon.
—Si
te vas ahora—advirtió Groudon traspasándole desde arriba con sus ojos
amarillos—te perdonaré la vida.
El
pokemon abajo hizo un esfuerzo por hablar y respondió:
—Mi
entrenador…es mi vida…
—Bien…
Groudon
rugió calentando su cuerpo a temperaturas infernales y liberó un estallido
desde su interior que llenó por completo la sala de fuego y ceniza. Milotic
murió ante el calor volcánico que lo traspasó por completo: Archie lo vio
agonizar un último segundo antes de ser alcanzado por la onda calórica y caer convertido
en cenizas.
Cuando
la explosión terminó, toda la base del equipo Aqua se sacudía y las alarmas de
peligro atronaban por doquier. Los soldados y el equipo de investigación que
habían sobrevivido, se habían puesto a resguardo en los yates y se habían
alejado cuanto les fue posible mientras veían como todo su trabajo y años de
esfuerzo se venía abajo. Suicune dio un salto ligero y entró al lugar justo en
el momento en que Groudon se dejaba caer al cubo enorme lleno de agua en donde
se encontraba Kyogre prisionero.
El
pokemon azul no escuchaba las alarmas ni había prestado atención a ninguno de
los hechos que se habían desarrollado justo encima de él. Estaba desolado y su
mirada estaba por entero vacía y apagada. Solo quería cerrar los ojos y
desaparecer de la faz del planeta: nunca volver a despertar y así no tener que
vivir con lo que ahora tenía. Horribles recuerdos cargados de odio, rencor y
muerte. Sentimientos oscuros y dolorosos contra la única criatura a la que
había amado en su larga vida. ¿Realmente era posible? Se había preguntado,
antes de caer en aquel estado indiferente. Que dos criaturas que se habían
despreciado hasta el grado de querer eliminarse y llevarse a medio mundo con
ellos pudieran ahora convivir en paz. Lo más seguro es que solo fuera una
cuestión pasajera. Tarde o temprano esos sentimientos de odio regresarían a
ellos y amenazarían no solo sus vidas, sino la de todas las criaturas vivientes
del planeta. Esto dio más motivos a Kyogre para despreciar su existencia: el
creador debió haber cometido alguna clase de error cuando los había traído a
ellos. A Groudon o a él. Uno de los dos no estaba bien en aquel universo. Eran
dispares. No podían armonizar como él había imaginado.
Repentinamente
la imagen roja que había estado en su memoria apareció ante él, pero él no
reaccionó. Groudon no perdió tiempo pues aparte de estar sumergido debía
liberar a Kyogre y no morir ahogado en el intento. Lentamente a causa de su
peso en el agua, intentó destruir con sus propias manos las argollas que
contenían las aletas del pokemon. Debió hacer un gran esfuerzo para lograrlo,
pero la primera de ellas cedió finalmente. Arrancó de un movimiento el aro que
cerraba la boca de su compañero y luego comenzó a forcejear con la segunda
argolla.
En su
esfuerzo soltó parte del aire retenido en su pecho. Se detuvo un instante, se
concentró y volvió a intentarlo. Kyogre ni siquiera se volvió a verlo o hizo el
menor intento por ayudar. Cuando la segunda argolla se rompió, Groudon pudo
sentir el dolor en sus pulmones y supo que su resistencia se había terminado.
Pero todavía estaban allí encerrados. Suicune observó impotente desde arriba a
las dos criaturas encerradas en aquella caja de acero, y él sin poder hacer
algo para ayudarles a salir. ¿Por qué Kyogre no atacaba las paredes y salían?
El
pokemon rojo utilizó un último recurso para salir de ahí. Afuera era fácil
disparar un rayo solar por la cantidad de energía que había, pero allí abajo no
llegaba nada y moriría antes de poder cargar un ataque, por lo que abrió la
boca y reuniendo lo que le quedaba de energía, disparó un potente hiper rayo
que abrió un gigantesco agujero en una de las paredes, y el agua salada salió
rápidamente vaciando la caja. Con el descenso del agua, el cuerpo de Kyogre
tocó el fondo de la celda pero el pokemon no se movió. Groudon tosió
recuperando el aire y sintiéndose totalmente exhausto. Su cuerpo temblaba por
el cansancio y la pérdida de energía que le había significado estar bajo el
agua. Se acercó a su compañero y puso ambas manos sobre su cabeza.
—Kyogre—le
llamó, bajando la cabeza para verlo a los ojos— ¿estás bien? ¡Kyogre!
El
otro no respondió. Groudon no comprendió lo que le pasaba, pero levantó la
cabeza al escuchar a Suicune llamar desde arriba.
—
¡Groudon, debemos salir de aquí!—advirtió— ¡Este lugar se hundirá si no termina
de reventar primero!
El
aludido asintió. Intentó empujar al pez desde su cabeza, pero había trozos
afilados de metal en el borde de la salida causados por el disparo suyo. A
Kyogre se le abriría el vientre de pasar por allí.
—
¡Coopera un poco!—rugió el pokemon de tierra, exasperado de que el otro no se
moviera.
Se
agachó y lo sostuvo entre sus brazos, levantándolo con dificultad por el
espacio cerrado y por el cansancio. Avanzó lentamente por encima de la abertura
y se encontró con el mar abajo: gigantesco, inquieto e infinitamente profundo.
Groudon se detuvo en seco al borde de la salida y titubeó. Su corazón latió con
fuerza como raras veces le ocurría al enfrentar a su enemigo natural. Tragó
saliva con dificultad mientras las explosiones arriba le apresuraban para
saltar.
Suicune
salió del lugar cuando los escombros comenzaron a caer a su alrededor. Aterrizó
ligero sobre el agua y se volvió a ver la abertura y los dos pokemon arriba:
sabía que Groudon tenía debilidad al mar pero también sabía que Kyogre le
rescataría en cuanto estuvieran abajo.
—
¡De prisa!—llamó el más joven.
Groudon
miró al pokemon entre sus brazos una última vez: no parecía herido pero por
alguna razón no respondía cuando le llamaba. Cerró con fuerza los ojos y apretó
los dientes, recordando algo que el amo del océano le había dicho alguna vez:
“Mientras yo esté aquí, nunca nada malo te
pasará en el mar… te lo prometo”
El
pokemon de tierra se aferró a esta promesa y se dejó caer.
Continuará...
Bien ¿por dónde empiezo?
ResponderBorrarCreo que con que no adivine, y al final no fue Rayquaza quien escucho a Groudon. Aun así fue interesante ver a Suicune, se me hizo un interesante personaje.
En cuanto a Groudon, al menos tuve razón en que iba a provocar un enorme desastre. Estaba furioso, y con mucha razón, aunque no puedo evitar sentirme mal por todos los que perecieron, principalmente por los pokemon, aunque igual Groudon estaba hecho un demonio de furia y nada iba a pararlo, con tal de salvar a Kyogre, además seguro y a él no le da gusto haber acabado con tantos humanos y pokemons, excepto Archie, acabar con él si debió darle gusto, y en mi opinión, era el único que se merecía perecer. Me dio mucha lastima ese Milotic.
Ahora los que quedaron vivos y escaparon deberán pensar muy bien lo que han hecho y tomar conciencia para no volver a meterse con los pokemons legendarios.
Pero aunque esa escena de Groudon destruyendo esa base fue genial, creo que lo que más me gusto del cap fueron dos cosas. La primera se menciona al principio, que es a Groudon sintiéndose prisionero en su propia isla por no poder ir a buscar solo a Kyogre. Algo así debió sentir Kyogre cuando quiso acercarse a Groudon y no podía porque él estaba muy dentro de la isla.
La segunda es precisamente la de Kyogre. Me preguntaba como seria si las esferas en algún momento volvieran a ellos, y como ellos reaccionarían. Fue increíble ver a Kyogre ser afectado al recobrar los recuerdos de ese horrible pasado, y no me sorprende que ahora este como en shock. Él ama a Groudon, pero mucho tiempo atrás lo odio, y verlo ahora que ha recuperado esos recuerdos debe ser difícil. O puede que él pueda dejar esos sentimientos del pasado en el pasado y vivir el presente, o puede también que él termine dejando que esos antiguos sentimientos negativos lo dominen y se olvide de lo que sintió por Groudon y trate de destruirlo.
Lo que sea que venga, será interesante, y me hace preguntarme ¿Cómo podrá Groduon ayudarlo? ¿Lo que descubrió que siente por Kyogre podría ayudar a que el pez no quiera acabarlo ahora que recupero sus recuerdos?
Lo que viene seguro será intenso y pondrá a estos en una situación bastante difícil. Espero que les vaya bien al final, y que de ser necesario el dragón verde interfiera. Por cierto, Suicune sintió que secuestraron a Kyogre y escucho a Groudon pero ¿Por qué sabia, o al menos creyó que Groudon quería salvar a Kyogre? ¿Acaso él ya sabía de qué Groudon y Kyogre eran amigos y se veían? Es mi única duda.
Hasta el siguiente cap. Nos leemos después, que estés bien.