8 de septiembre de 2014

#17 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#17. Heridas.

Era la una de la madrugada cuando John ingresaba a emergencias transportado en una camilla. Los médicos hicieron los exámenes iniciales rápidamente y le inyectaron soluciones intravenosas mientras se preparaban los antídotos. Su pokemon, quien había traído a los sirvientes a la sala y éstos habían llamado a la ambulancia, se encontraba en el pasillo junto a su pequeño acompañante, un doctor, una enfermera, y el Audino asistente de ella que traducía todo lo que Toxicroak decía, ya que los médicos solo le entendían la mitad. El pokemon le explicó que habían tenido una pelea breve y que le había inyecto algo de veneno, pero que el hombre había recibido altas dosis de éste en el pasado y había desarrollado cierto grado de inmunidad. El doctor anotó esto y regresó a los laboratorios para buscar el antídoto correspondiente al veneno de aquel tipo de pokemon, mientras la enfermera se sentaba junto a Toxicroak y atendía sus magulladuras.

Croagunk a su lado temblaba de nervios, no solo por lo ocurrido, sino también porque estaba en un sitio extraño y además en un hospital. Siempre le había tenido miedo a los hospitales. Cuando la joven enfermera terminó su trabajo, ella y su Audino se marcharon dejando a los dos pokemon solos en el pasillo. En la sala de espera aguardaban la mucama y el chofer de John para tener noticias de su señor.

Agotado por su primera pelea en años, Toxicroak se recostó en el asiento y soltó un suspiro. Al instante sintió a Croagunk aferrándose de su brazo con fuerza y escondiendo su rostro contra él.

— ¿Estás bien?—preguntó el mayor, sonriendo con tristeza y poniendo su otra mano en la cabeza del menor.

—Eso debería preguntártelo yo—replicó Croagunk, mirándole hacia arriba—. No creí que John y tu…se pondrían a pelear así.

El otro miró hacia el techo y ladeó la cabeza.

—No me sorprende del todo en realidad. John era muy paciente con sus pokemon, pero cada vez que me puse rebelde con él terminamos peleando en el suelo. Al poco estábamos como si nada—dijo, mirando al pequeño abajo y sonriendo enteramente esta vez—. Creo que es nuestra forma de arreglar las cosas.

—…vaya forma de hacerlo…

Toxicroak asintió y tomó al otro en brazos, dejándolo sobre sus piernas con el menor abrazándose a él.

— ¿Te duele mucho?—preguntó Croagunk, tocando sus mejillas ahora parchadas y su labio herido en el lado izquierdo.

—Estaré bien—respondió el mayor encogiéndose de hombros—. Esto no es nada comparado a enfrentarse con un Dusknoir o un Donphan enfadado.

Croagunk sonrió levemente y se arrebujó en sus brazos. Ambos se quedaron en silencio un momento pensando en todo lo que había ocurrido repentinamente y en lo que ahora estaban pasando. Una enfermera pasó por el lugar cargando medicamentos y desapareció tras la puerta en donde atendían a John.

— ¿Crees que estará bien?—preguntó el más pequeño.

—No te preocupes. Si no se murió cuando tenía catorce años, menos lo hará ahora que tiene cuarenta. Todavía es un hombre muy fuerte—dijo Toxicroak, tocándose la cara golpeada.

Su compañero asintió y se quedó esperando junto con él. El pasillo quedó en silencio durante media hora, hasta que el doctor atravesó las puertas y se plantó frente a los dos pokemon. Estos se levantaron y lo quedaron viendo, esperando sus noticias.

—El señor White se encuentra estable: le hemos administrado el antídoto y ha respondido favorablemente. Sin embargo está exhausto, por lo que seguramente estará despierto por la mañana. Sus golpes no han sido de gravedad y ya están siendo atendidos.

Toxicroak le agradeció por la información y por su trabajo. El profesional, dado que no era su entrenador, le entendió la mitad y dedujo la otra. Se despidió educadamente de los pokemon y regresó a sus labores. El pokemon mayor se volvió a su acompañante.

— ¿Quieres que le diga al chofer que te lleve a casa de Molly?

— ¿Tú que harás?

—Me quedaré a esperar a John. Hay mucho de lo que tenemos que hablar.

Croagunk se lo pensó un momento. Molly seguía en su fiesta probablemente, y él no quería quedarse solo después de tantas emociones ni dejar solo a su compañero, quien había pasado por lo peor. Negó con la cabeza y soltó:

—Me quedaré contigo.

El otro sonrió, se dobló un poco hacia él y lo besó en la frente. Luego se volvió y yendo a la sala de espera, les comunicó las noticias a los dos sirvientes que esperaban saber sobre su amo. Los envió a ambos a casa pidiéndole al chofer que regresara por la mañana para llevarse a John de regreso. Los dos personajes asintieron y se despidieron. Era tarde y tenían trabajo que hacer muy temprano al día siguiente. Con esto hecho, Toxicroak regresó a su asiento y Croagunk se subió de nuevo a sus brazos. Él lo rodeó y ambos se quedaron conversando en voz baja durante un largo momento, hasta que el más joven se quedó dormido. Toxicroak cabeceó un par de veces negándose a dormir, aunque las heridas de la pelea le tenían agotado. Se volvió una última vez a mirar la sala en donde John se reponía de su encuentro y pidió con todas sus fuerzas que al día siguiente las cosas salieran mejor.

Croagunk despertó sintiendo que alguien tocaba despacio su hombro y repetía su nombre con una vocecita dulce. Abrió de una vez los ojos y se encontró con un rostro esponjado y de adorable aspecto.

—Buenos días~—saludó Audino de manera cantarina.

La ranita dio un salto en su sitio y observó de derecha a izquierda, recordando que se había quedado dormido en el pasillo de un hospital y en brazos de Toxicroak. ¿Dónde estaba él, por cierto?

—Toxicroak está adentro—dijo el pokemon rosa, sonriendo y adivinando su pregunta—, hablando con su entrenador.

—Ah…—soltó el otro, aliviado.

— ¿Quieres desayunar?—le ofreció el pokemon enfermero, estirándole una bandeja con comida pokemon y una manzana.

Mientras tanto, adentro, Toxicroak estaba sentado a un lado de la cama donde descansaba John. Había entrado hacía un par de minutos, y ninguno de los dos había dicho nada desde entonces. El hombre tenía los ojos fijos en el techo arriba, lucía parches en su rostro y brazos, y todavía tenía una aguja metida en uno de sus brazos. No lucía demacrado para alguien que había recibido una dosis de un veneno tan potente, aunque a ninguno de los dos le sorprendía. Finalmente John soltó un suspiro y dijo sin volverse a ver a su pokemon:

—Sigues golpeando tan fuerte como hace diez años.

El otro le miró con cierta extrañeza, pero igualmente soltó:

Gracias.

Volvió a hacerse un breve silencio. A ambos personajes les resultaba un poco incómodo el estar finalmente a solas, con suficiente tiempo y disposición para hablar y con motivos para hacerlo. Sin embargo, habían dejado de conversar desde hacía tantos años que a pesar de que sabían lo que habían sido en el pasado y lo que habían compartido, se sentían como dos personas que no se han visto en muchísimo tiempo ni se habían mandado una sola carta de saludo.

— ¿Qué pasó, Toxicroak?—preguntó su entrenador al fin y volviéndose a verlo— ¿Por qué de pronto querías hablar sobre Mónica y sobre lo que pasó?

El aludido bajó la mirada, no apenado, sino pensando en cómo explicárselo.

Hace mucho tiempo dejé de ser feliz. Y también tú.

—Lo sé. Ella se llevó nuestra felicidad.

No. Ella no se llevó nada—dijo el pokemon, negando con la cabeza—. Solo nos dejó las buenas cosas que tenemos. Nosotros dejamos que la felicidad se fuera y nos dedicamos a morir: de soledad y de tristeza. Ya no quiero seguir así, John, ni tampoco quiero ver como sigues haciéndote esto. Todavía…

Toxicroak se acalló un momento y desvió la mirada. Inspiró profundamente y soltó lo que quería decir.

Todavía eres mi entrenador…y mi amigo. Siempre vas a serlo. Siempre me vas a importar.

El hombre contuvo un gesto algo dolido y volvió la mirada hacia el techo. Él nunca había pensado en su pokemon desde que se sumergiera en el mundo del alcohol y los excesos. Creía que Toxicroak estaba tranquilo en casa y olvidándose de Mónica y de él, como él mismo intentaba hacer.

—Ya no tengo nada que hacer—dijo el entrenador, cerrando su puño sobre su estómago—. Sin ella ya no me queda nada que hacer. Todos nuestros planes murieron cuando Mónica se fue.

No digas eso—dijo el pokemon de manera comprensiva—, aún hay mucho que puedes hacer, te queda mucho por vivir y experimentar.

— ¿Ah, sí?—soltó el otro con cierto sarcasmo— ¿Cosas como qué?

Como viajar—dijo Toxicroak, sorprendiendo al mayor—. Hay muchos lugares que no hemos visitado, y hay mucho esperándonos todavía afuera. Tienes que volverte a enamorar…

—No puedo—le cortó John, cerrando los ojos para descartar esa idea—. No puedo hacer eso.

Sí puedes—rebatió su pokemon—, y debes hacerlo. Es lo mínimo que puedes hacer por ella…

— ¡¿Tener a otra para así olvidarla?! —exclamó el hombre, enfureciendo.

No. Ser feliz.

John se sorprendió ante su respuesta y todo el enojo se fue repentinamente. Toxicroak sonrió comprensivamente ante su sorpresa y fue el primer gesto amable que hubo entre los dos desde hacía mucho tiempo.

Mónica siempre quiso que fueras feliz, y estás haciendo todo menos eso. Ella también me pidió que te cuidara…y tampoco lo he estado haciendo. ¿No crees que ya sea hora de que le hagamos caso por una vez?

El aludido sonrió con tristeza y sus ojos verdes se cristalizaron. Volvió de nuevo su mirada al techo mientras se llevaba una mano al rostro para secarse las lágrimas.

—Ella siempre decía…que éramos un par de niños tercos…

Su pokemon sonrió, sintiendo fuertes emociones revolviéndose en su interior al ver de pronto al verdadero John materializarse frente a sus ojos. Era otra vez ese joven amable y quien había sido su mejor amigo. Se atrevió entonces a estirar su mano y tomar la de su entrenador sobre la camilla, presionándola entre sus dedos y llamando su atención.

Quiero salir, John. Quiero ir a ver el mundo otra vez. Han pasado diez años desde que no lo he visto, y sé que me he perdido de muchas cosas. Tú y yo nos hemos perdido de muchas cosas.

— ¿A qué te refieres?

Quiero que vengas conmigo. No quiero salir a buscar más victorias ni gloria…ya tuve suficiente de eso y lo pagamos muy caro los dos. Solo quiero salir y hacer lo que más nos gustaba a ambos.

Viajar…conocer gente nueva—soltó el hombre, sonriendo levemente—, pokemon nuevos…

Su compañero asintió con la cabeza.

—Ya no estoy para esas cosas, Toxicroak.

¿Por qué no?

—Mírame…soy un desastre. El doctor me dijo que dentro de algunos años voy a necesitar un hígado nuevo: no voy a llegar a ninguna parte así. Me arruiné…

Toxicroak se acercó y presionó su mano entre las dos suyas para darle algo de su fuerza y su valor.

Pues te conseguiremos uno nuevo y te pondrás bien. Afuera ya no tendrás ninguna de estas cosas para hacerte más daño: yo mismo me encargaré de que así sea. Todavía tienes suficiente tiempo, John. No quiero que sigamos desperdiciando ni un minuto más de nuestras vidas: ya hemos dejado correr diez años…

John perdió por un momento la sonrisa y bajó la mirada: era cierto, ya habían desperdiciado diez años en los que hubieran podido hacer muchas cosas. Había muchas promesas sin cumplir y cosas por hacer…pero no era una cuestión que podía decidir de un momento a otro. Estaba aplastado por sus sentimientos y la culpa, y necesitaba pensar. Soltó un suspiro y se lo hizo saber a su pokemon. Éste aceptó y volvió a su lugar en el asiento.

— ¿De dónde has sacado valor para afrontar todo esto y a mí?—preguntó el entrenador con curiosidad, pasado un largo momento de silencio.

Toxicroak sonrió, feliz de que lo preguntara. Levantó despacio su mano y apuntó hacia el ventanal. John siguió la dirección y alcanzó a ver justo cuando un pequeño pokemon azul oscuro se escondía bajo el marco del cristal que los separaba. Sonrió levemente y regresó su mirada al techo.

—Vaya…pues parece que es un buen pokemon.

El otro asintió y respondió:

Lo es.

Media hora después y resignándose al hecho de que entrenador y pokemon tenían diez años de vida que ajustar, Croagunk se bajó de su asiento y tímidamente caminó hasta la sala de espera. Allí se llevó una sorpresa mayúscula al encontrarse con la muchacha rubia sentada junto al chofer de John y metida en su teléfono móvil. Pareció percibir a su pokemon aparecer y levantó la cabeza de la pantalla. Ambos se observaron en silencio por un momento, hasta que finalmente fue Molly quien cerró la tapa de su móvil, se puso en pie y se acercó hasta él. Observó a su pokemon desde arriba, exigiéndole una explicación con la mirada para estar metido a kilómetros de casa y en un hospital. Croagunk soltó un suspiro y asintió.

Minutos luego, la chica y su pokemon estaban en el jardín trasero del hospital, un lugar amplio, con asientos y mucho césped y árboles con los cuales los pacientes que tenían posibilidad a salir se distraían durante sus periodos de recuperación. Molly hubiese estado tan enfadada como la primera vez que Croagunk  había escapado, de no ser porque a ella igualmente le ponían nerviosa los hospitales y la fiesta de anoche estuvo bastante bien a su parecer. Ambos se sentaron en uno de los asientos vacíos y ella se cruzó de brazos, esperando lo que el otro tuviera que decir.

Croagunk tuvo que armarse de valor para decírselo, pues tenía mucho miedo de lo que su entrenadora fuera a decir.

Toxicroak y yo…estamos enamorados—dijo, sonrojándose de pies a cabeza y cerrando los ojos ante la pena que esa declaración le causaba.

La muchacha dio un respingo en su sitio al escuchar eso y por un largo minuto se quedó paralizada en su sitio. No hubiera esperado jamás aquella sencilla frase por parte de su pokemon por varias razones: Croagunk era demasiado tímido como para buscar pareja, nunca le había mencionado antes que le gustara nadie, y “ese pokemon” no solo lucía mayor al lado de él: también parecía demasiado experimentado…y en todo.

— ¿E-en serio?—consiguió articular ella por fin.

Abajo, la ranita asintió lentamente con la cabeza, todavía temeroso de lo que fuera a pasar. Molly estiró los labios, como pensando si debía felicitar a su mascota por haber atrapado un pez gordo de la alta sociedad pokemon, o sentir envidia porque él había conseguido pareja antes que ella. Todos los idiotas con los que había salido no le duraban ni la semana. Ninguna de sus primeras reacciones calzaba con las que Croagunk había esperado escuchar.

—Vaya—soltó la chica, recargándose en el respaldo atrás—eso explica por qué estabas tan obsesionado con venir a verlo…

Su pokemon dio un salto en su asiento y comenzó a aletear con sus brazos, totalmente avergonzado. ¡Él no estaba obsesionado! Solo…quería venir a verle seguido, como cualquiera que se enamora, ¿no?

—Y esto se da ¿desde hace cuánto?

Croagunk se tranquilizó y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos.

Desde el principio…

Molly soltó un silbido impresionado que hizo que el pokemon se sonrojara todavía más y se cubriera la cara. La chica sonrió un poco con cierta picardía.

— ¿Un amor a primera vista? Creía que eso solo se daba en los libros, Croagunk. ¿Estás seguro de que no estarás solo demasiado impresionado con él?

El aludido se volvió hacia ella y negó enérgicamente con la cabeza. Hubiera querido explicarle todas las cosas que había aprendido y sentido al lado de ese pokemon, pero ni siquiera podía decírselas a Toxicroak, por lo que intentar decírselas a su entrenadora sería una tarea complicada. Molly se llevó una mano al rostro, mirando al cielo y pensando.

—Bueno…pudiste habérmelo dicho desde el principio, ¿sabes? De haberlo sabido no hubiera sido tan restrictiva contigo. Creía que ese pokemon te obligaba a ir o estaba haciendo algo extraño contigo.

Croagunk se quedó de piedra al escuchar eso último. ¿Hacer algo extraño? ¿A qué rayos se refería? Sintió deseos de preguntar…pero después de recordar que la joven leía demasiadas novelas rosa y libros “sospechosos” a la vista de sus padres, prefirió no hacerse ideas y no preguntó. Finalmente soltó un suspiro y se disculpó abiertamente con su entrenadora por todo: por no haberle dicho lo que tenía con Toxicroak desde el principio, haberse portado mal y escapado de casa, y haberle causado en resumen tantos problemas.

Contrario a lo que él imaginaba que pasaría, su entrenadora sonrió con ternura, lo tomó en brazos y lo hundió en su chaqueta blanca y con olor a sandía, frotando su rostro contra él.

—Está bien, no te preocupes. Ahora que sé que lo hacías porque estabas tan enamorado siento que sería cruel reñirte por eso. Sin embargo—dijo, levantándolo a la altura de su rostro y cambiando su gesto a uno muy serio—, no quiero que vuelvas a escaparte por nada, ¿entiendes? Ayer de nuevo me he llevado un muy mal rato al ver que no estabas en tu cama. Si quieres ir a verlo, está bien, te llevaré: pero tampoco te excedas, sigues siendo mi pokemon, ¿recuerdas?

El animalito asintió tímidamente con la cabeza y ambos se abrazaron. Molly recordó algo importante entonces e hizo algo de espacio con su poke-mascota.

—Por cierto, ¿por qué estaban aquí tú y Toxicroak?—preguntó—Esta mañana he ido a buscarte a su casa y no estaban allí. La mucama me dijo que su entrenador, él y tú estaban aquí en el hospital y el chofer me dijo que habían metido a ese señor a emergencias. ¿Es que le pasó algo malo?

Croagunk asintió con la cabeza y sin meterse en detalles delicados, le explicó a Molly lo ocurrido la noche anterior. Fue así como también pudo explicarle lo mucho que él necesitaba pasar tiempo ayudando y apoyando a Toxicroak ahora que el pokemon por fin había decidido enfrentar a los fantasmas de su pasado. No quería dejarlo luchando solo, especialmente porque había sido él quien le había instado a hacerlo.

La joven se sorprendió de escuchar a su pequeño amigo hablar de cosas tan profundas y complicadas. Siempre lo había imaginado como un animalito sencillo y que no se enteraba de nada, y ciertamente Croagunk había sido así hasta que comenzó a madurar al lado de su compañero mayor. La chica soltó un suspiro pensando en lo raras que se habían vuelto las cosas para su pokemon y ella sin enterarse…debía prestarle más atención y hablar más con él: obviamente los pokemon no eran tan reducidos de mente como algunos decían; si incluso Croagunk podía tocar el piano mejor de lo que ella hubiera podido soñar.

Estiró su brazo y lo atrajo hacia él, como disculpándose y tratando de darle algo de apoyo con los problemas que él mismo tenía. En eso escucharon unos pasos acercándose y ambos se volvieron a ver. Toxicroak apareció por el camino de piedra y saludó cortésmente a Molly, como siempre hacía. Ella le devolvió el gesto, un poco sorprendida por los vendajes del otro y además porque ni una sola vez el pokemon respondió mal a su falta de cortesía o a su rudeza en la última ocasión.

El mayor bajó su mirada hacia Croagunk y le preguntó:

— ¿Podemos hablar?

Continuará...

1 comentario:

  1. Buenas noches Lady ¿Qué tal estas?

    Me tarde un poco en leer este cap, pero es que en estos días he tenido varias cosas que hacer de la universidad, y como van las cosas, me seguirán poniendo cosas que hacer. Espero realmente tener un día para poder escribir, y si es posible, empezar con uno de mis tres proyectos de fics (que ya te había mencionado, aun no se con cual).

    Yendo al cap.
    Esperaba que las cosas mejoraran, pero considerando todo lo que ha pasado y lo que sucedió en el capítulo anterior, las cosas mejoraron bastante en poco tiempo.

    Fue bueno ver finalmente al entrenador y su pokemon poder hablar. Me gusto el hecho de que John siempre decía algo pesimista, y Toxicroak le decía otra para contradecirlo. Básicamente, todo lo que John decía para sentirse decaído, Toxicroak decía algo para no dejarlo decaer.
    Es cierto algo que dijeron, y es que desperdiciaron demasiado tiempo sufriendo, cuando lo que debieron hacer desde siempre fue seguir adelante. Nunca es fácil, pero tampoco imposible, y dejaste claro que nunca es tarde para levantarse y continuar, que lo que pasa con John y Toxicroak. Ahora espero ver que harán. Tal vez ya no son tan jóvenes, pero tampoco tienen un pie en la tumba, así que aún tienen mucho tiempo, y vale mucho la pena que lo aprovechen. Es una nueva oportunidad para ser felices y deben hacerlo.
    Una cosa esta clara para mí en este fic. Lo que está pasando ahora, jamás hubiera pasado si Croagunk no se hubiera aparecido en la vida de Toxicroak.

    Lo veo así, Toxicroak y John estaban en una habitación oscura que parecía no tener salida. Pero apareció Croagunk, y una puerta se abrió y dejo entrar algo de luz a esa habitación oscura… si, sé que suena ridículo, pero es lo que me parece que sucede.

    Desde que ambos se conocieron, no solo Croagunk creció, sino también hizo que Toxicroak pudiera a paso lento, salir de la oscuridad en la que estaba sumergido. Mientras más tiempo han pasado, no solo crecieron sus sentimientos, sino que el menor pudo empezar a sumergirse en esa tristeza que agobiaba al otro, y su amor y determinación finalmente le permitieron sacarlo, cosa que Toxicroak nunca hubiera hecho solo. Ahora también saca a si entrenador de esa oscuridad para que puedan finalmente volver a vivir. Repito, sé que suena ridículo, pero una forma de decir lo que ha pasado en el fic. No solo el desarrollo de un romance, sino también la superación de un personaje, apoyado por alguien que lo ama.

    En cuanto a Molly, me dio un poco de risa como empezó la conversación entre ella y Croagunk, pero al final, ella pudo darse cuenta de muchas de las cosas que pasaban con su pequeño compañero, y supongo que ahora debe sentirse contenta y orgullosa de su pokemon. Si Croagunk le hubiera podido decir más cosas, seguro si se sentiría orgullosa de lo mucho que maduro su pokemon, y lo mucho que ha hecho por apoyar a Toxicroak y que sin importar nada, hizo todo para poder sacarlo de su tristeza y ayudarlo a que pueda empezar a ser verdaderamente feliz.

    Ahora lo que viene…. Deberé esperar, pero tengo la sensación de que en el próximo capítulo habrá un corazón roto.

    No me canso de decirlo, este fic es muy bueno, cada vez está mejor y espero ver que más cosas tienes preparadas.

    Espero en estos días poder leer el cap 17 de Canción de las olas. Hasta entonces… nos vemos después, y que estés muy bien.

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