Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#13. Canción de las olas.
Esa
noche ninguno de los dos pudo dormir. Groudon pensando en todas las cosas que
Kyogre le había dicho y el pokemon azul acongojado por el dolor de su cuerpo.
No regresó a su caverna submarina, solo reposó a varios kilómetros de la isla,
aguardando el amanecer. Estaba impaciente por volver a ver a Groudon y tratar
de solucionar todo lo ocurrido.
La
mañana siguiente resultó ser muy peculiar, pues para tratarse de un día de
verano el cielo estaba densamente nublado y gris. Resultó bastante provechoso,
pues así los rayos del sol eran bloqueados y no lastimarían la piel de Kyogre
en lo que estuviera fuera del agua. Groudon estaba cerca de la orilla, como
había prometido. Vio al otro emerger desde el agua y sus ojos se posaron
inmediatamente en su piel quemada y partida. Le dolía el solo verla: a él jamás
le ocurriría semejante cosa, pues aparte de su coraza protegiéndole, el pokemon
tenía la piel dura y capacitada para tolerar las altas temperaturas, fuera bajo
el sol, en las cavernas de magma o con la arena hirviente de un desierto.
Kyogre por el contrario…
—Groudon—dijo
el aparecido, acercándose un poco.
El
otro se levantó de su sitio; tenía el gesto muy serio y había unas extrañas
plantas que el pokemon se había demorado toda la noche en recolectar,
considerando que no había podido conciliar el sueño. Kyogre abrió la boca para
empezar a hablar, disculparse y explicarle todo, pero el otro le hizo callarse
con una mano en alto. Luego recogió las
plantas entre sus brazos y las depositó al lado del menor.
—No
te muevas—ordenó Groudon—, esto te va a doler.
Kyogre
no sabía qué estaba haciendo el mayor, pero se calló y obedeció. Una a una,
Groudon tomó las gruesas hojas de aloe, las abrió con sus garras y vertió el
contenido espeso y verde de la planta en la piel del pez. Kyogre cerró con
fuerza los ojos y contuvo sus gemidos tras su boca fuertemente apretada: el
dolor era intenso y lo que fuera que Groudon le estuviera poniendo en la
espalda era todavía más frío que el agua del mar, o eso le pareció a él. Poco a
poco su piel se acostumbró y luego solo tuvo una sensación refrescante y un
alivio grato a sus lacerantes heridas. El pokemon rojo esparció con cuidado la
pasta por la espalda del menor con sus manos, haciendo sonreír levemente a
Kyogre por la amabilidad con que el otro le trataba. Sin embargo las plantas se
hicieron pocas, por lo que parte del cuerpo de Kyogre quedó sin recubrir.
—Es
todo lo que encontré—sentenció el mayor, quitándose lo último de las manos en
el mar.
—Estoy
muy bien así—respondió el más joven—. Gracias.
Groudon
se volvió y se quedó de frente a la isla, dando la espalda al otro. El momento
de amabilidad había pasado y era hora de enfrentar los hechos: las cosas no
estaban nada bien entre ambos y cada día no hacían sino ponerse más
complicadas. Groudon ya no sabía qué pensar ni qué hacer. Inspiró profundamente
y soltó:
—Voy
a ser honesto contigo.
Kyogre
se sobrecogió un poco. Tenía mucho temor de lo que fuera a pasar y de lo que
Groudon decidiera para ambos. Después de todo, él no era quien para imponerle
su presencia, y si el otro le decía que se fuera para no volver, él no sabría cómo
hacer para no volver a aparecerse frente al mayor.
—Desde
que me ayudaste a crear esta isla y a tener tranquilidad lejos de los
humanos—dijo el pokemon rojo—, te he estado muy agradecido. Nunca me ha gustado
tener compañía, pero no me importa si quieres pasar tiempo conmigo aquí. Es lo
menos que puedo hacer después de que me ayudaras.
—
¿Me dejas venir a verte…por agradecimiento…?
—No—sentenció
el otro—. Dije que no me importa que estés aquí. Tu presencia no me molesta. Si
así fuera, hace tiempo te habría dicho que te marcharas. No puedo agradecerte
tu ayuda porque eres un ser del mar: no hay nada en la tierra que pueda
interesarte tanto como para devolver el favor que me hiciste, así que creo que
esa deuda nunca la podré saldar contigo.
El
pokemon azul titubeó. Quiso decirle que sí: había algo, algo sumamente valioso
en la tierra para él y que Kyogre apreciaba más que a nada. Ese algo era él.
—Desde
hace tiempo creí que éramos amigos—siguió el mayor, mirando hacia el suelo pero
nunca hacia atrás.
—…lo
somos…
—
¿En verdad?—dijo Groudon, con un tono un tanto sarcástico.
Kyogre
miró hacia el agua bajo su gran cuerpo. Sabía a lo que el otro quería llegar,
pero aun así le costaba decirlo abiertamente.
—Si
es tu forma de ver la amistad—siguió Groudon—, lo entiendo. Yo no he hecho
muchos amigos en mi vida, así que tal vez malinterpreto algunas cosas—dijo,
encogiéndose de hombros—, y desconozco muchas otras. También sé que digo cosas
que puedan resultar hirientes a veces…pero no las digo con esa intención.
El
pokemon finalmente se dio la vuelta y miró al otro a los ojos durante un
momento. Kyogre tenía muchas cosas atoradas en la garganta, pero le estaba
costando sacarlas.
—Si
te he hecho sentir mal, lo lamento. No lo hice a propósito.
—Yo
sé…que no lo haces adrede…
—Si
es así, entonces quisiera pedirte que no pagues a mis errores de forma tan
cruel.
El
aludido levantó repentinamente la cabeza al escucharle decir eso. Al
encontrarse sus ojos, Groudon desvió la mirada. De pronto se veía algo turbado,
como si lo que quisiera decir fuera complicado para él, y realmente lo era. Lo
había estado meditando mucho la noche anterior durante su desvelo y después,
mientras recogía las plantas de aloe. Soltarlo ahora se volvía difícil.
—Siempre
he vivido solo—dijo el pokemon rojo sin mirarle—, y siempre me he sentido
cómodo con mi soledad. Tu presencia en mi vida fue muy perturbadora al
principio…pero supongo que tu amabilidad me ganó algo de terreno después de
todo. El día en que no volviste te esperé…y al día siguiente también.
—Lo
sé—dijo Kyogre, acercándose un poco y mirándole hacia arriba—, lo sé, y lo
siento mucho: no quise…
Groudon
levantó su mano para hacerlo callar. Luego volvió a decir:
—Enfurecí
cuando comprendí que no querías venir. Enfurecí tanto que por un momento te
odié—esto sobresaltó un poco al menor—, pero después, cuando la furia se fue,
me di cuenta de una cosa.
—
¿De qué…cosa?
El
otro guardó silencio un momento, Movió la boca un poco, como si estuviera
hablando entre dientes. Al final se decidió, cerró los ojos y luego miró a
Kyogre otra vez.
—No
me gusta que te vayas. Me he vuelto algo…dependiente de tus visitas.
Kyogre
abrió expresivamente los ojos. Todo su yo reflejaba tanta duda que Groudon se
sorprendió de lo impresionado que estaba el otro. Tal vez había escogido mal las
palabras para expresarse, pero era así como lo sentía y lo había deducido la
noche anterior.
—
¿De verdad?—quiso saber el pez, sonriendo tímidamente y con un leve rubor.
Groudon asintió con la cabeza.
—Ya
no me siento tan cómodo cuando estoy solo. N-no sé si es lo normal…—dijo algo
titubeante y mirando al cielo—extrañar tanto a alguien en una amistad al punto
de enfurecer: nunca me había pasado así que no puedo decirlo con seguridad…
El
más joven sonrió cálidamente: amaba la sinceridad de Groudon más que nada, y
ese toque de ingenuidad en un pokemon tan atemorizante como lo era él…Inspiró
profundamente y se aventuró a decir:
—Groudon:
¿tú nunca te has enamorado, cierto?
El
otro negó. Kyogre sonrió aún más y dio un suave aletazo con su cola en el agua.
—Yo solo
me he enamorado una vez—confesó.
— ¿Y
por qué me lo preguntas?—quiso saber el pokemon rojo, de nuevo extrañado de que
le cambiaran el tema.
—Porque
cuando te enamores…vas a extrañar a esa persona cada minuto que no la tengas
cerca. La vas a querer y la vas a odiar a la vez. Yo sé lo que es eso.
—
¿Se puede querer y odiar a alguien al mismo tiempo?—preguntó Groudon
confundido.
El
menor asintió con la cabeza. Groudon se quedó un instante pensando en cómo
sería eso, pero al momento lo dejó de lado.
—El
día en que me fui me sentí muy triste—dijo Kyogre—, pero si tú me perdonas por
haberme ido, entonces yo te perdono por haberme hecho sentir mal.
—
¿Qué te dije para que te sintieras así?
—Estabas
muy indiferente conmigo ese día: prefiero tu calidez habitual al frío que me
mostraste esa vez.
El
pokemon de tierra se extrañó: no recordaba haberse mostrado así, pero de nuevo
se dijo que tenía poco tacto para todo, así que en algo debió hacer sentir mal
al pez con su actitud.
—Te
perdono—dijo al fin.
Kyogre
sonrió y dijo a su vez:
—Te
perdono yo también.
—La
próxima vez que te haga sentir mal, dímelo: no me doy cuenta de esas cosas. Soy
un poco necio para esos temas.
—
¿”Un poco”?—preguntó el pokemon azul, sonriendo traviesamente.
Groudon
se taimó y echó vapor desde las uniones de su coraza, pero no alcanzó a
enfadarse realmente. Estaba tranquilo de haber arreglado las cosas con Kyogre,
y el haberle dicho en parte lo que traía tan enterrado adentro le había hecho
sentir mejor. Se calmó y bufó aire caliente por la nariz.
—Bastante
necio.
El
otro rió levemente y con dulzura. Ambos pokemon se quedaron toda la tarde
conversando apaciblemente, hasta que el sol comenzó a esconderse a lo lejos y
tocaba la hora de separarse. Antes de la despedida, Groudon pidió a Kyogre que por
favor enviara algo de lluvia para su isla: la había destruido cruelmente en su
rabieta, pero había sido algo que se le había ido de las manos. El otro asintió y luego le dijo antes
de marchar:
—Hay
algo que he querido decirte desde hace un tiempo, Groudon.
El
mayor le miró con su gesto común que mostraba poco interés, pero que era
habitual en él.
—
¿Qué cosa?
Kyogre
se ruborizó un poco mientras decía:
—Como
eres “muy necio para estas cosas”—dijo, enfadando al otro—imagino que no te
habrás dado cuenta…pero igualmente me gustaría que lo descifraras por ti mismo.
—
¿El qué?—preguntó el mayor, a quien no le gustaba andarse con rodeos.
—Quisiera
que averiguaras…quien ha sido el único pokemon del que me he enamorado.
El
aludido hizo un gesto serio con la boca. ¿Por qué le importaría a él algo
personal de Kyogre? Además, había más de trescientas especies de pokemon, hasta
donde él sabía desde que estuvo dormido hace miles de años. ¿Cuándo averiguaría
cuál era ese pokemon en específico?
—
¿Qué gano yo si adivino?
El
pokemon azul sonrió y dijo:
—Todos
los peces y cangrejos que quieras comer. Hasta reventar.
Esto
fue motivo suficiente para que Groudon se emocionara y quisiera participar de
aquel extraño acertijo. Su expresión cambió a una más brillante y soltó:
—Dame
una pista para empezar.
—Te
daré una pista a la vez durante los próximos dos días: si adivinas te daré
cuanta comida del mar puedas comer.
— ¿Y
si no adivino?
—Te
lo diré y te daré carne de todos modos, pero tienes que prometer que seguiremos
siendo amigos.
El
otro se encogió de hombros y lo aceptó: de cualquier forma él acababa ganando,
así que ni siquiera tenía que esforzarse por pensar. Kyogre aceptó a su vez y
le dijo antes de marchar:
—El
pokemon del que me enamoré es único: no hay dos como él en toda la tierra.
Se
sumergió en el agua y desapareció. Groudon arriscó la nariz y sacudió la
cabeza: esa era una buena pista. El círculo se cerraba considerablemente, pues
todos sabían que únicamente las creaciones directas del dios de ellos y de su
hijo eran irrepetibles. Además, considerando que Kyogre y él habían dormido
casi durante el mismo tiempo, lo más probable era que se tratara de un pokemon
que él había tenido la oportunidad de conocer en la antigüedad. Hizo algunas
suposiciones simples y luego soltó:
—Lugia.
O Cresselia. Me juego mi cabeza a que es uno de ellos.
Qué
apuesta más fácil. Si el otro no se hubiera ido tan rápido habría tenido
pescado para cenar. ¿Quién era el necio ahora?
Continuará...
Hola otra vez (:
ResponderBorrarEsperaba ver el próximo capítulo para saber lo que sucedería con estos dos después del capítulo anterior y… realmente les fue mejor de lo que pensé.
Por un momento creí que sería más difícil para ambos verse otra vez, y al verse sería complicado. Sin embargo, resulto muy bueno ver que al final ambos les fue bastante bien.
Sin duda se pudo sentir que Kyogre ha comenzado a tocar a Groudon, aunque como es el rojo, aun no es tan consiente de eso, pero con el hecho al decir que lo consideraba su amigo, que ya no le daba gusto estar solo y que le agradaba que lo visitara, creo es un pequeño avance. Me gusto también ver que tratara de curar la espalda de Kyogre. Como dije, es un pequeño avance.
Sin duda Kyogre debe estar contento de escuchar lo que Groudon tuvo que decirle, y está claro que quiere que él se dé cuenta de lo que siente, pero sin decírselo tan directamente, de ahí a que le dijera lo que pasaría al enamorarse (extrañar tanto a alguien que se le puede querer y odiar a la vez), así como lo de esa apuesta de que adivine de quien se había enamorado. Algo me dice que Kyogre se va a divertir mucho con los intentos de Groudon por adivinar de quien se enamoró, tanto porque inicialmente vera que el pokemon de tierra no se da cuenta que es él, como por escuchar las respuestas de Groudon. Puede que cuando Groudon diga un pokemon, él aparte de decirle que no es, diga algunos datos interesantes de ellos (aunque ahora que lo pienso ¿no es raro que Groudon pensara pensaría en Lugia como opción? Quiero decir, se supone que Kyogre es macho ¿Groudon no debería pensar que el pokemon del que se enamoró Kyogre sería una hembra como Cresselia, Latias o…? bueno, no hay muchas opciones XD.
En fin, sería interesante ver los siguientes caps, y como con esa apuesta y con el pasar de los días Groudon se da cuenta de la verdadera respuesta y… termine sintiendo lo mismo.
Como sea, al final igual ganara una enorme cena.
Un buen capitulo, y nos veremos en el próximo.