Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#10. Canción de las olas.
Varios días habían pasado. Kyogre no dejó de visitar a Groudon ni
una sola vez, cada día más feliz y sintiéndose más apegado a él. Sus
sentimientos por el pokemon de tierra habían echado profundas raíces en su
corazón, y las visitas que le daba continuamente eran como el rocío que hacía
crecer su cariño hacia Groudon, tal y como ocurriera con la flora de la isla.
El lugar se había convertido en poco en un verdadero jardín, y ya estaba
rebosante de vida: plantas, flores, pasto y árboles de pequeños tamaños que ya
habían dado sus primeros frutos. Inclusive habían llegado algunos “visitantes”
no deseados a la isla: Wingull traídos por las corrientes que se detenían a
descansar y picotear las bayas. Shelder, Corsola y Tentacool que varaban en la
orilla durante la noche, y que Groudon se molestaba en recoger y lanzar al mar
cada mañana.
El pokemon rojo ya no solo consumía las piedras, arena y rocas
marinas que habían salido junto con la isla desde las profundidades del mar:
ahora también tenía frutas y vegetales, los que por cierto, llenaban de
curiosidad al pokemon más joven. Se quedaba viendo a Groudon masticar frutas de
todos los colores preguntándose a qué sabrían: él no consumía más que peces y
plancton, aunque no era el único que sentía curiosidad por ciertos tipos de
comida.
Una buena mañana, Kyogre salió desde el agua como de costumbre,
salpicando y con su ánimo afable y cariñoso.
— ¡Buenos días…!—estaba diciendo como cada vez, cuando al notar, dos
extraños tentáculos salían de la boca del pokemon rojo. Kyogre se espantó—
¡G-Groudon!—exclamó.
— ¿Qué?—preguntó el otro con la boca llena y extrañado.
— ¿Es un Tentacool?—quiso saber. El aludido asintió con la cabeza—
¡Escúpelo, tonto!
— ¿Por qué?
— ¡Por que es venenoso!
Groudon se espantó igualmente y escupió el pokemon ya masticado y
gelatinoso. Escupió además la saliva morada, se limpió la boca y tragó arena
para librarse del posible veneno que le hubiera quedado. Kyogre lo observó con
el semblante muy serio.
—No puedo creer que hayas intentado comer algo tan peligroso—le
reprochó.
—N-no lo sabía…—respondió el mayor, avergonzado y mirando en
cualquier dirección—Nunca he comido animales marinos.
— ¿De verdad?—preguntó Kyogre un tanto extrañado.
El pokemon rojo asintió. Kyogre de inmediato pensó en algo y sonrió
con cierta malicia. Este gesto alcanzó a poner nervioso al otro, quien no pudo
explicarse la razón.
—Yo podría recomendarte algunos—dijo el enorme pez azul, cerrando
los ojos y sonriendo anchamente—, unos muy deliciosos y nutritivos, por cierto.
— ¿En serio?
—Ahá. He pasado toda mi vida comiéndolos después de todo, y sé
cuales son los mejores. Además, puedo conseguirlos con facilidad.
Groudon se mostró emocionado. Se acercó a la orilla mientras Kyogre
se hacía el interesante y miraba en cualquier dirección, como no notando la
emoción del mayor.
— ¿Y qué tipo de pokemon serían esos?—quiso saber. Tal vez algunos
acabaran varados en su isla tarde o temprano.
Kyogre sonrió aún más. Se sumergió un poco y de un aletazo envió una
gran ola a un lado apartado de la isla, cerca de donde estaban ellos. Ambos
pokemon se acercaron a ver y Groudon observó sorprendido lo que había allí:
grandes Krabby, Crawdaunt, Remoraid y Magikarp estaban dispersos en la arena, y
trataban de regresar torpemente al mar. El pokemon rojo apuntó a las presas:
Kyogre asintió con la cabeza. En cuanto el mayor fue a coger uno de los
cangrejos, con una enorme sonrisa emocionada, una segunda ola arrastró a todos
los animales de regreso al agua antes de que ninguno fuera atrapado. Groudon se
quedó parado en su sitio y luego se volvió a ver furioso al otro que se burlaba
de él.
— ¡Qué rayos…!—estaba diciendo, con las manos en alto y exigiendo
una explicación.
Kyogre se deslizó por el agua con gesto despectivo y le miró de
reojo.
—Si quieres comer carne del mar—dijo—, vamos a hacer un trato.
— ¿Qué trato?
Minutos luego, Groudon regresaba de haberse paseado por la isla y
venía con los brazos cargados de frutas y vegetales. Esta vez era Kyogre el que
se mostraba emocionado y tenía muy abiertos sus grandes ojos amarillos. El
pokemon rojo depositó la comida en la orilla y puso los brazos en jarra. El pez
azulado cumplió su parte del trato, y de un simple movimiento de su brazo, una
gran ola depositó varios tipos de peces, moluscos y cangrejos. Groudon fue
hasta allá y los recolectó de uno en uno, regresando a sentarse frente a su
compañero para conversar mientras comían.
— ¿Y cómo se come esto?—preguntó Groudon, cogiendo por la cola un
enorme Crawdaunt que lanzaba tijeretazos.
—Sé bueno y mátalo primero—dijo el menor—, no es agradable que te
coman vivo.
Aunque claro, él en el océano se tragaba todo y mataba a las presas
de un bocado. Imaginaba que Groudon tendría problemas para comérselo, así que
consideró mejor el matar al cangrejo para no hacerlo sufrir lentamente.
El mayor obedeció, y de un golpe con su garra en la cabeza despachó
al pokemon de mar. Luego y siguiendo las indicaciones del otro, le arrancó las
pinzas y la estrella. Luego se lo echó a la boca y masticó.
— ¿Y bien?
—No está mal.
Kyogre sonrió mientras el otro seguía probando los nuevos bocados
marinos. Los Remoraid le parecieron especialmente buenos: su carne era blanda y
muy sabrosa. El pokemon azul mientras tanto, observó su pila de frutas y
verduras durante un largo momento. Luego miró al otro sin que éste se percatara
del inconveniente que había. Le sonrió y esperó pacientemente, sin querer
interrumpir su merienda, hasta que finalmente el otro se percató de que el pez
no estaba comiendo.
— ¿Qué no vas a comer?—preguntó extrañado.
El aludido miró en otra dirección, siempre sonriendo. Se sonrojó
enteramente y se sumergió un poco para evitar que se le notara.
—No puedo—dijo, levantando su aleta.
Sus enormes brazos tan poderosos en el agua le resultaban un tanto
inútiles fuera de ésta. No podía sostener las frutas con ellos, o eso fue lo
que hizo notar. Groudon llegó en poco a la conclusión, por lo que se volvió
hacia él, cogió algunas frutas y se las ofreció. Kyogre se sonrojó todavía más:
era algo demasiado sencillo, y sin embargo para él era especial. Y
complicado…algo en su orgullo le hacía sentirse mal de que lo estuvieran
alimentando en la boca, pero ese otro lado suyo, ese que pasaba casi todo el
día pensando y acordándose de Groudon, extrañándolo y buscando tenerlo cerca
estaba emocionado. Feliz. Ese lado había sido el que había planeado todo eso desde
que viera el par de tentáculos saliendo de la boca del mayor. Había ideado todo
aquello y se había fingido inútil para coger la fruta con su boca solo para
tener ese momento.
Levantó con cuidado su cabeza y comió lo que el otro le había
ofrecido. Masticó lentamente, tratando de concentrarse en el sabor nuevo de las
frutas pero prestando más atención al leve y cálido contacto que había tenido
con la mano del pokemon rojo. No podía dejar de sonreír y sentirse lleno de una
alegría peculiar y nueva que quería salir de él, deseando subirse a Groudon y
quedarse pegado a él el resto del día si fuera posible, aunque el sol le
quemara la piel. Nunca antes había tenido esa sensación tan grande de buscar el
tacto de alguien, mucho menos de un ser de la tierra. Cerró los ojos y trató de
apaciguar las fuertes emociones que lo inundaban.
— ¿Y bien?—preguntó Groudon esta vez.
El aludido lo miró hacia arriba, haciéndole llegar sin querer toda
la felicidad que traía por dentro. El pokemon rojizo la sintió, y se estremeció
un poco sin saber porqué.
—Es delicioso…—respondió el menor.
Groudon volvió la cabeza, sintiendo algo raro. Intentó concentrarse
de nuevo en su comida, pero a cada momento la sonrisa apacible y los ojos del
otro lo distraían, como si repentinamente fuese otro el pokemon que tenía en frente.
Kyogre lucía diferente por alguna extraña razón, y no era nada en su color azul
o en las rayas rojas de su cuerpo. Eran solo su sonrisa y sus ojos. Estaban
cargados de alguna rara felicidad que él desconocía y le desconcertaba. Hubiese
querido mirarle más de cerca o fijamente para descubrir qué era, pero eso
hubiera resultado bastante incómodo.
Siguió comiendo y estirándole su mano con frutos al pokemon azul.
Éste los comía con cuidado, frotando su cabeza al momento de coger la comida
con la mano del otro, casi como si buscara una caricia. Groudon era muy ciego
para esas cosas, pero aún así lo pudo notar, aunque no se atrevió a decir nada.
Cuando le estiró finalmente el último puñado de frutas, Kyogre las
tomó en su boca y dejó su cabeza en la mano del pokemon mayor. Groudon dio un
leve respingo y se volvió para mirarlo: el gran pez tenía los ojos cerrados y
lucía muy avergonzado. Le estaba expresando de lleno que quería su tacto y le
gustaba, y era por esta razón que le costaba abrir los ojos para mirarle, dejar
de temblar o quitar el rubor de su rostro. Dentro de sí temblaba de miedo y de
emoción, y rezaba porque el otro no se enfadara. No le rechazara. Se partiría
en pedazos si algo así ocurría.
Pero Groudon no lo rechazó, aunque tampoco reaccionó de alguna
forma. Se quedó con su mano estirada largos segundos, sintiendo la piel fría de
Kyogre hasta que el otro dejó de temblar y finalmente se relajó, convencido de
que nada malo pasaría. Lentamente abrió los ojos y le miró, lleno de duda y
ansiedad. En su interior bullía en preguntas: ¿se habría molestado Groudon? ¿Le
habría agradado, por el contrario? ¿Se habría dado cuenta por fin, como Kyogre,
de lo que estaba sintiendo por él? ¿Sentiría él algo parecido?
Ninguna pregunta salió de su boca, pero necesitaba dolorosamente las
respuestas. Se quedó viendo con el mayor en silencio y largamente, hasta que
éste retiró su mano al fin, volvió la cabeza y siguió comiendo, guardándose él
también las dudas que lo habían asaltado por aquel extraño gesto. Ninguna
suposición que hiciera en el momento respondía a la duda principal: ¿por qué
Kyogre había hecho eso? Pensó en todo, pero ni aún la más tonta de las
suposiciones pudo responder a la pregunta, por lo que simplemente se calló y
pretendió que nada había ocurrido.
Kyogre le esperó largamente, sintiendo un frío fatal invadirle por
dentro. Hubiera deseado que el otro le dijera algo: cualquier cosa. Incluso un
“por qué hiciste eso” o “no vuelvas a hacer eso” hubiera estado bien. Él
hubiera podido lidiar con eso al final. Pero aquel silencio…
—Ya tengo…que irme…—soltó el más joven, retrocediendo y perdiendo
por entero el brillo intenso que había tenido su mirada llena de felicidad y su
rubor.
El otro asintió con la cabeza sin volverse a verlo.
—Gracias por los peces—dijo secamente y alargando la mano para
alcanzar otro.
—Gracias por las frutas…
El pokemon azul se sumergió inmediatamente y desapareció en un
instante, alejándose de la isla. Groudon hubiera apostado su cabeza a que el
otro se había ido con los ojos humedecidos, a juzgar por el gemido dolido que
salió de su última frase.
Continuará...
Bien, un nuevo cap, y ya que terminaste, imagino que no tardaras en subir próximos capítulos. Es es bueno porque después de este, no podría esperar demasiado por el siguiente.
ResponderBorrarAhora, parece que ya llego el momento de que Groudon comience a sentir algo también.
Para empezar, fue muy bueno ver como la isla ahora es finalmente una isla propiamente dicha, con vegetación y todo (incluso habitantes, imagino que a Groudon no le molesta tenerlos.
Fue interesante que de algo tan sencillo como lo fue la curiosidad por comer algo nuevo, Kyogre hiciera una idea para poder acercarse al otro. Y hablando de eso, me dio demasiada risa lo del tentacool, y algo de asco también XD.
Pues todo resulto bien al final. Ambos probaron cosas que nunca habían comido y que el otro ya estaba acostumbrado a comer, pero eso de que Kyogre fingiera que no podía comer para que Groudon le diera comida, no solo por comer sino para sentirlo, se me hizo adorable. Ahora que lo pienso, creo que Kyogre y la forma en que muestra lo que siente, cómo reacciona y como quiere acercarse al otro, y también como se emociona y sonríe es adorable. Creo que si es alguien muy enamorado y realmente significa mucho lo que siente, porque alguien más enamorado no mostraría tanto sentimiento como él ¿será tal vez porque ha tenido una larga vida y nunca sintió algo así por nadie?
Me gusto la última parte, cuando después de comer, Kyogre finalmente consiguió algo de contacto. Me imagino la gran emoción que debió sentir, y sobre todo el miedo de que el otro tal vez lo golpeara en la cara o le gritara algo (y honestamente, creí que lo haría). Me sorprendió que Groudon, quien normalmente es ajeno a ese tipo de cosas, se diera cuenta de que Kyogre quería que lo tocara, y al verlo a los ojos y sonreír, sintiera algo extraño y se planteara tantas dudas. Fue un poco triste como ambos se despidieran de una forma tan fría, y Kyogre no recibiera alguna respuesta de Groudon (aunque el otro debe estar tan confundido que es perfectamente entendible que no pudiera decir nada), y también fue triste que al parecer Groudon vio que tal vez Kyogre estaba llorando y no pudiera decir nada. Parece el caparazón comenzara a abrirse.
Creo que la próxima vez que se veían, uno de los dos tendrán que dar el paso para decir que deben tener una larga charla.
Otro capítulo increíble y hermoso. Muy bien escrito, salvo por un único error, pequeñito, pero que note:
“¿Y cómo se como esto?”
Creo que debiste decir “cómo se come esto” o “cómo me como esto”.
Que estés bien, ahora solo faltan 13 capítulos más.
Mucha suerte, nos leemos.