Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#9. Heridas.
Varios días habían pasado desde la última vez que ambos pokemon se vieran. Toxicroak regresó a sus rutinas silenciosas y aburridas, aguardando pacientemente el regreso de su querido Croagunk. John apareció de la nada un día, con la cabeza en otra parte como de costumbre y hablando cosas que su pokemon no pudo comprender. Se quedó en casa el día entero, rompiendo la rutina tradicional de soledad, pero sin alcanzar para hacerle compañía a su pokemon. Por lo general solo llegaba a dormir para quitarse las borracheras y los dolores de cabeza, se aseaba y cambiaba, preguntaba como estaba todo por allí y luego se marchaba.
Toxicroak ni siquiera había tenido oportunidad en todos aquellos meses de contarle que había estado recibiendo una visita desde hacía tanto tiempo. John solo decía que sí a todo, a veces le daba una palmada amistosa en la cabeza si no estaba demasiado enfermo como para hacerlo y luego se iba. Sus conversaciones se habían limitado tanto que ya parecían meros extraños. En un principio esto había herido profundamente al pokemon, pero con el pasar de los años había enfriado por entero esa parte en su corazón para no seguir sintiendo más dolor.
Después de que su entrenador se marchaba, una aplastante sensación quedaba flotando en el aire. Era como si algo hubiera salido mal, muy mal, pero no había forma de solucionarlo. Esa sensación venía dándose desde hacía mucho tiempo, después de que Mónica se marchara. Toxicroak evitaba pensar en estas cosas y retomaba su ritmo diario.
Un día cualquiera, cuando Croagunk todavía no venía a visitarle, el pokemon se había cobijado en su refugio natural afuera, en el jardín. Se paseó tranquilamente por el lugar, viendo las hermosas y pequeñas flores que crecían alrededor de la pileta, cuando algunas gotas de agua le salpicaron en la cara. Se las secó con el dorso de la mano y se raspó.
— ¿Hm?
El pokemon se vio el dorso y se sorprendió: los picos rojos habían comenzado a crecer de nuevo. Llevaban un par de centímetros y él no se había percatado. Nunca descuidaba aquello, pero supuso que estar medio día preocupado y pensando en Croagunk lo había distraído. Los frotó levemente y con pesar; luego echó a caminar de regreso a la casa, subió al segundo nivel y entró en su habitación. Cogió la lima dura de uno de sus cajones y se sentó al borde de la cama. Frotó con ella primero el pequeño pico en su mano izquierda: las protuberancias eran duras como huesos y tardaban en reducir su tamaño, dejando sobre las piernas del pokemon un polvillo rojo, como sangre de una herida.
Al principio este proceso había sido muy doloroso, y no solo en el sentido físico. Deshacerse de las armas naturales de su cuerpo significaba renunciar por entero a quien él era en realidad. Había dejado todo cuanto siempre había amado: las peleas, el entrenamiento, las victorias y las derrotas. El esfuerzo y la búsqueda de la auto superación. Ya no tenía nada de eso, solo lo poseía en el recuerdo y en las fotografías y trofeos que había abajo.
Pero después de repetir aquello durante varios años, Toxicroak se había vuelto inmune al dolor, al menos al que le producía la lima áspera contra las púas rojas. El que estaba dentro de su mente todavía dolía, y él no sabía cuanto tiempo tardaría aquella herida en sanar de una vez.
Cuando terminó con la mano izquierda siguió con la derecha. El polvillo rojo se perdió abajo, en la alfombra. Solo la aspiradora se enteraría de lo que allí había pasado. Tardó un largo momento en pulirlo completamente, hasta que quedó tan liso como el dorso de su mano. Dio un leve respingo al escuchar el timbre: sonrió imaginando que se trataría de su compañero y rápidamente dejó la lima en su sitio, se sacudió lo que pudiera haber caído en su ropa o en él y bajó las escaleras.
Se le perdió la sonrisa al llegar al primer nivel y encontrarse con su entrenador. Venía desaliñado y mareado, como siempre. Saludó brevemente a su pokemon y fue arriba. Toxicroak se sentó a esperarlo como siempre hacía, solo en caso de que quisiera avisarle de algo. Pasados algunos minutos el timbre volvió a sonar.
Extrañado, Toxicroak se levantó y abrió. Ahí estaba la pequeña criatura, sonriente y con un pañuelo adornando su cuello. El mayor sonrió, feliz de volver a verlo después de tantos días, pero se le esfumó el gesto al recordar que John estaba adentro. No sabía qué iría a decir al respecto.
— ¿Ocurre algo?—preguntó Croagunk, después de haberse saludado e instalado en el sillón.
—No es nada—dijo, tratando de no mostrarse preocupado—, aunque John está en la casa.
— ¿De verdad?—preguntó el más bajo, sorprendido.
Era la primera vez en cuatro meses que se topaba en aquella casa con el dueño. Nunca en ninguna de sus visitas habían coincidido, así que tampoco había habido oportunidad de presentarse o algo por el estilo.
— ¿No le importará si estoy aquí, cierto?—volvió a preguntar la ranita, preocupándose un poco— ¿O vuelvo otro día…?
—No—sonrió el mayor—, no va a importarle. Ya le he mencionado antes que has venido…
Croagunk ladeó la cabeza cuando Toxicroak no acabó la frase. El pokemon más alto suspiró.
—Pero no sé si se acuerde de que se lo dije. Tiene la cabeza en otra parte.
—Como Molly—dijo el menor, sonriendo ingenuamente.
El otro le devolvió el gesto y se volvió al tiempo que escuchaba los pasos de John por la escalera. Croagunk se bajó del asiento y se detuvo a su lado, expectante. Un hombre mayor, de cuarenta y tantos años, de cabello oscuro y barba rala apareció. Vestía con las mismas camisas oscuras de seda que le hacía vestir a su pokemon: Croagunk se dio cuenta de que todos los entrenadores de sociedad parecían tener esa manía de hacer a sus pokemon similares a ellos mismos. John traía gesto somnoliento y un andar curioso, como si a ratos le temblaran las piernas o perdiera el equilibrio. Se acercó terminando de cerrarse la camisa y bostezó.
Toxicroak le llamó y el hombre se volvió a ver. El pokemon presentó a su pequeño acompañante, con la esperanza de que el humano recordara que se lo había mencionado algunas veces. No quería que Croagunk se sintiera incómodo ante la sorpresa del dueño al haber recibido un visitante tanto tiempo y él sin saberlo.
Croagunk saludó al amo tímidamente y sostenido de la mano de Toxicroak. John sonrió levemente y se pasó la mano por el cabello aún sin peinar.
— ¿En un amigo tuyo, Toxicroak?—preguntó él.
El aludido asintió, hinchando y deshinchando su bolsa levemente, como suspirando. No se puso a dar detalles, porque imaginó que a John tampoco le interesaban.
—Se ve simpático—dijo el hombre, arreglándose el cuello de la camisa con movimientos algo torpes—. Me recuerda a ti cuando eras pequeño…solo que tú siempre traías ese gesto desafiante, ¿te acuerdas?
Toxicroak no respondió. Su entrenador se distrajo intentando ordenarse frente a uno de los espejos que había en los pasillos y luego se volvió hacia el dúo. Puso su mano en la cabeza de su compañero, cogió sus llaves y puso la cartera en su bolsillo. Tomó el abrigo y se detuvo en la puerta.
—No sé a qué hora voy a llegar…así que no me esperes—dijo, abriendo y saliendo—. Adiós, Toxicroak, adiós pequeño Croagunk—dijo, levantando su mano para despedirse y cerrando tras de sí.
Cuando la puerta se cerró, Croagunk soltó el aire retenido al fin y parpadeó. Aquello que había ocurrido le había resultado irreal. Sintió los dedos de Toxicroak cerrarse ligeramente en torno a los suyos, y él levantó tímidamente la cabeza. El pokemon tenía la mirada puesta en el suelo, y un gesto tan amargo en su mirada que Croagunk sintió un gran pesar al verlo.
Aquello que había pasado…no podían ser el John y el Toxicroak de quien él había escuchado e imaginado tantas historias. Incluso él, siendo ingenuo como era, no había podido ignorar aquella brecha abismal que existía entre el entrenador y su pokemon. Un frío glacial parecía haberse apoderado de la habitación, y un silencio tan hondo que Croagunk temía haberse quedado sordo. Se le hizo un nudo en la garganta de ver a su amado Toxicroak en tal estado de desolación, y no sabía qué hacer o decir para ayudarlo. Cerró sus dedos para llamar la atención del otro, quien despertó repentinamente de aquella amargura que lo había embargado.
Miró a su pequeño acompañante abajo y se esforzó por retomar su tranquilidad habitual.
—Lo siento—dijo, llevándolo de la mano hacia el sofá—, siempre viene y se va rápidamente. Está muy ocupado…
— ¿Siempre es así?
—Sí. Bueno, a veces se queda otro rato pero…
—Hablo de ustedes—le interrumpió Croagunk, tragando saliva con dificultad—. ¿Siempre hay tanta distancia entre ustedes…?
Toxicroak desvió la mirada y movió distraídamente los anillos cromados en sus dedos.
—Los humanos viven ocupados…no siempre tienen tiempo para los otros y estas “distancias” tienden a darse.
— ¿Cómo lo hace con Mónica?
El mayor levantó repentinamente la mirada y se quedó con los ojos fijos al frente. Croagunk pudo notar que el otro se veía incómodo con la pregunta, pero esta vez no estaba dispuesto a retroceder con sus dudas como siempre hacía. Le costaba ciertamente mantener esta postura, pero se había propuesto comenzar a aprender de una vez sobre Toxicroak y sobre las cosas que le ocultaba. Ya había esperado mucho tiempo sin haber conseguido que el mayor le dijera nada de lo que le afectaba, y él quería saber y ayudarlo. Se arrepentiría de su decisión minutos después.
El pokemon más alto se frotó las manos como hacía inconscientemente cuando algún tema rozaba su límite establecido entre su pasado y su presente. Suspiró y se levantó dando algunos pasos por la sala.
—Mónica no está—dijo, controlando el temblor de su voz y paseando su mirada por los objetos sobre la elegante chimenea.
—Lo sé. Nunca está, como John.
—No—le cortó el otro, bajando la cabeza—. Es que ella no está trabajando tampoco.
— ¿Dónde está entonces?—preguntó el más joven, pensando que tal vez vivirían separados o ella estaría de viaje. Nunca se esperó lo que el otro lo fuera a decir, pero por un momento deseó no haber preguntado.
—Mónica está muerta.
Continuará...
Oh demonios
ResponderBorrarOtro capítulo bueno que cuando llegue al final me que como…. ¿ah? ¿así termina?
Ahora no puedo esperar a ver el siguiente.
Yendo al capítulo, parece que los problemas y las cosas que lastiman a Toxicroak son muchísimo más graves de lo que pensé, y el cómo le afectan es peor. Me sorprendió ver que le estaban creciendo las púas, pero me sorprendió ver que las lima, quitándoles el filo. No sé, pero hizo pensar en Apollomon en xros wars, que se hería un brazo como un castigo por todo lo que hacía. Creo que Toxicroak se lima las púas para no tenerlas como un castigo personal por algo que hizo, aunque al hacerlo se quite algo que lo hace lo que es.
Por un momento creí que el capítulo tendría a John y toxicroak acercándose un poco, tal y como fue el anterior con Molly y Croagunk. Pero la distancia que los separa y el frio entre ellos parece demasiado como para que puedan acercarse. Tal vez exagere, pero creo que a John ya no tiene alguna estima por su compañero porque lo sentí extremadamente frio y distante con él.
Me gusto que por fin Croagunk quiera saber más de Toxicroak y ahora no se eche para atrás, pero esa revelación debió ser demasiado.
Yo desde cierto punto ya sospechaba que Mónica estaba muerta (y creo que lo había comentado) pero el que Toxicroak finalmente lo dijera fue muy fuerte, y Croagunk debe tener mucho que preguntar.
Imagino que hasta el siguiente se conocerá todo, pero solo puedo pensar que Toxicroak mato a Mónica por accidente, pero aunque fuera por accidente, eso separo a entrenador y a pokemon, tal vez hizo que John sea como es ahora, y fue lo que hizo de Toxicroak perdiera sus púas.
Sea cual sea la historia, espero que Croagunk igual lo comprenda y le demuestre su apoyo.
Nos vemos después, que estés bien.