Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#9. Canción de las olas.
Tal y como Groudon supusiera, al día siguiente la isla estaba
repleta de un manto de diversos colores. Miles de florecillas y brotes nuevos
desplegaban sus colores radiantes al sol, mientras que los arbustos, helechos y
enredaderas comenzaban a ganar terreno y a expandirse. El pokemon rojo se había
levantado temprano ese día, ansioso de ver los nuevos resultados. Recorrió
enteramente su isla, apreciando la vida y la belleza que comenzaba a crecer,
feliz y orgulloso, y calculando además las fechas para cuando comenzarían a
aparecer los primeros árboles. No les tardarían tantos años como cabría
esperar, pues los nutrientes que el pokemon le había dado al suelo eran de los
primeros que había habido en la tierra hace ya miles de años: los mejores y más
puros que en el mundo se pudieran encontrar. Calculó sin embargo que a su
pequeño jardín le faltaría agua dentro de poco, y desgraciadamente él no podía
proporcionársela. Suspiró desanimado y fue a echarse en la arena, cerca de la
orilla. Imaginaba que el pokemon de agua aparecería dentro de poco, y tal y
como con su predicción de los brotes que ahora adornaban el suelo, el pokemon
no se equivocó respecto a la venida del gran pez azul.
— ¡Groudon!—saludó el aparecido, emergiendo desde el agua y levantando pequeñas olas en la orilla. Venía feliz, como de costumbre— ¡Buenos días!
El otro se levantó pesadamente, se sentó en el suelo y también le
saludó. Él no era tan expresivo en su hablar, y su gesto impertérrito hasta se
hubiera podido interpretar como aburrimiento de estar con el pokemon azul. Sin
embargo este no era el caso. Kyogre no lo veía de esa manera pues de a poco se
había ido acoplando al carácter de Groudon y lo había llegado a descifrar muy
rápidamente en lo poco que llevaban conociéndose. Sabía que ese gesto era su
cara habitual: eso, hasta que se enfurecía o se sorprendía con algo. Ni aún
cuando estaba feliz cambiaba mucho su expresión.
Ambos pokemon charlaron distraídamente durante un rato, hasta que
Groudon finalmente se decidió a entrar en el tema que lo traía un poco
preocupado. El problema es que era muy consciente de su carencia de tacto para
decir las cosas, más todavía para pedirlas, así que se estaba esperando que la
conversación no acabara nada de bien.
—Oye, Kyogre…
— ¿Sí?
—Necesito pedirte algo…
—Por supuesto—respondió el otro animadamente y sonriendo—, lo que
quieras.
El monstruo de tierra se rascó levemente la mejilla y entornó los
ojos. Ahora era cuando venía la parte delicada.
—Es que…e-es que la tierra de la isla va a necesitar…las plantas van
a necesitar…agua…
— ¿Quieres que haga llover?
El otro cerró los ojos y asintió levemente con la cabeza. Como no lo
estaba mirando, no podía ver la expresión sonriente del pokemon pez de que le
estuviera pidiendo ayuda, imaginando por el contrario que se repetiría la
escena de la última vez.
—Seguro—soltó el menor sin más— ¿Para cuando quieres la lluvia?
Esto tomó por sorpresa a Groudon, especialmente el tono tan amable
que el otro había utilizado. Se lo quedó viendo muy extrañado, pero al poco se
recordó a sí mismo que Kyogre era, hasta la fecha, una de las criaturas más
amables con las que se hubiera topado. Eso, siempre y cuando no se enfadara.
— ¿Para esta noche?—preguntó.
El pokemon de agua asintió con su gran cabeza y su sonrisa.
—Esta noche la tendrás.
Siguieron conversando tranquilamente y sobre cosas triviales durante
un largo rato. Finalmente Kyogre anunció que se marchaba a recorrer el mar y se
despidió, prometiendo regresar para el anochecer. El otro lo vio partir, se
alejó un poco de la orilla, echó su
pesado cuerpo sobre la arena caliente de su cómoda isla y se fue a dormir.
Aparte de levantar islas y crear geografías, para él no había otra actividad
mejor.
Esa noche despertó repentinamente al escuchar las fuertes olas a lo
lejos. Se levantó y vio el cielo encapotado arriba. Miró hacia la lejanía y vio
la gigantesca figura azul saltar desde las aguas, caer de espaldas, de costado
o de punta y levantar grandes olas, que llegaban como pequeñas olitas a la
orilla. Pronto la lluvia se dejó caer también y comenzó a regar el pequeño
jardín del pokemon rojo. Éste se quedó viendo distraídamente a Kyogre en el
agua, saltar, sumergirse, dar giros en el aire y disfrutar plenamente de su
océano y de la lluvia. Obviamente era un pokemon muy feliz con lo que tenía, y
además bastante ágil en su entorno. Groudon notó un tanto sorprendido que
tratándose de un pokemon tan grande y que parecía pesado, Kyogre resultaba
elegante y grácil cuando estaba en aguas abiertas.
Repentinamente se imaginó a sí mismo en medio de tanta agua y sintió
un horrible escalofrío. No solo temía al mar por su debilidad a éste: su gran
peso no le permitía nadar y el solo sentir el agua más arriba del pecho ya era
motivo suficiente para hacerlo entrar en pánico. Era por esto que solo se
permitía entrar hasta que el agua subiera a su estómago, cuanto mucho. Vio como
el pokemon azul se acercaba a la orilla y le miraba con una sonrisa.
—Gracias—dijo el mayor.
—No tienes que agradecer—respondió el otro, moviendo un poco su gran
cabeza—. Ya quiero ver cómo estará tu isla mañana: seguro se verá hermosa.
—Eso espero.
—He notado algo que me llama la atención de ti, Groudon.
— ¿Eh?—soltó el aludido, extrañado— ¿Qué cosa?
—Que para ser un pokemon tan grande, con habilidades de fuego, tan
tosco y con ese temperamento que tienes—dijo, riendo y haciendo enfadar
rápidamente al otro—, eres alguien que dedica toda su atención y esfuerzo a las
cosas más pequeñas y hermosas—añadió, recordando el gesto emocionado de Groudon
cuando vio los primeros brotes hacía unos días.
El pokemon de tierra se sonrojó ante aquellos comentarios.
— ¡E-eso no es cierto!
—Eres duro por fuera pero muy blandito por dentro—siguió el menor,
divertido—, igual que los Shelder y los Clamperl.
— ¡Cállate!—rugió el monstruo, echando vapor desde su cuerpo— ¡Y no
me compares con un marisco!
—Pero esos “mariscos” traen perlas adentro—añadió el pez, sonriendo
y deteniendo repentinamente la rabieta del otro.
— ¿A qué rayos te refieres ahora?
Kyogre entornó los ojos y negó con la cabeza. Se quedó viendo a
aquel pokemon arisco, lleno de cosas buenas y hermosas en su interior
recubiertas por su capa de tosquedad. Adoraba su ingenuidad y la transparencia
con la que expresaba esta y sus otras cualidades. Sentía deseos de decírselo:
decirle las cosas que le gustaban y admiraba de él. Lo feliz que estaba de
haberlo conocido aunque fuera miles de años tarde, y lo mucho que atesoraba sus
conversaciones y el tiempo que pasaba con él. Deseaba poder sentirlo cerca,
como esa vez en que lo había cargado sobre su espalda, y tener la tibieza de su
coraza pulida. El mar siempre estaba muy frío.
—Estaba pensando…—dijo distraídamente y olvidando la pregunta del
mayor—en esa vez en que te traje por el mar hasta este lugar.
El pokemon rojo dio un respingo, extrañado de que le cambiaran el
tema.
— ¿Qué tiene que ver eso con lo que te acabo de preguntar?
—No deberías tenerle miedo al océano, Groudon, ¿sabes?—dijo Kyogre,
todavía ensimismado en sus propios pensamientos.
El aludido apretó los dientes obligándose a estar paciente. Tal vez
acabarían hablando del tema de las perlas al final…
— ¿Por qué no?—preguntó a su vez, un tanto taimado.
—Porque mientras yo esté aquí, nunca nada malo te pasará en el
mar—dijo el pokemon azul, sonriéndole cálidamente—, te lo prometo.
Se despidió con un breve “hasta mañana”, se dio la vuelta y de un
salto regresó a la profundidad. Groudon se quedó viéndolo con los ojos muy
abiertos y un gesto pasmado en el rostro. Poco a poco sus ojos y su boca se
cerraron, en un gesto enfadado que acabó en un largo rugido y en una pregunta
que nadie le respondió:
— ¡¿Qué tengo yo que ver con
las perlas y los mariscos?!
Continuará...
Hi Lady ¿Cómo estas?
ResponderBorrarBien, el esfuerzo ya empezó a dar sus frutos, y una vez más Kyogre presto su ayuda.
Sin duda Groudon es bastante cerrado y cada capítulo solo lo refuerza. Sera difícil abrir ese cascaron, pero seguro que Kyogre encontrara el modo.
Cada vez más me cae mejor Kyogre y su personalidad, y se nota cada vez más lo que siente por el otro, aunque no debe ser fácil soportar a Groudon y su tosquedad, pero parece que ve más lo bueno y lo que tiene por dentro que lo demás. Creo que cualquier otro hubiera mandado al diablo a Groudon por su actitud, pero Kyogre es muy paciente y amigable con él. Imagino que con el tiempo Groudon se abrirá y podrá ver en las acciones y lo que le dice Kyogre lo que piensa de él.
Me dio risa lo de la comparación con los shelder y los clamperl, así como el comentario de que mientras estuviera cerca, Groudon no debería tenerle miedo al mar. Sin duda es un buen pokemon.
También me dio risa la última pregunta de Groudon (Cualquiera entendería que tiene que con perlas y mariscos si le dicen algo como lo que dijo Kyogre)
Muy buen capitulo, y espero ver si algún día, Groudon puede ser más abierto. Le costara demasiado trabajo y tardara, pero seguro lo lograra.
Ahora a esperar como quedara la isla después.
Que estés bien. Por cierto, ya vi que publicaste el primer cap de este fi en fanfiction. Espero que le vaya bien haya, y de nada, sabes que te apoyo. buena imagen la que pusiste ¿donde la encontraste?