27 de junio de 2014

#9 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#9. Heridas.

Un par de días luego, la situación de los permisos volvió a darse entre entrenadora y pokemon. Como estuviera entrando en su fase adolescente, el temperamento dócil de Croagunk se volvía un tanto rebelde a ratos; muy breves ratos, pero que alcanzaban para fastidiar a la chica y fastidiarlo a él. El pokemon consideraba injusto que la joven quisiera tenerlo allí sentado en su habitación como un mero adorno, pero no se atrevía a decirle estas cosas, todavía dominado en parte por su carácter débil. Eso sí, no se contenía de hinchar sus mejillas en obvias muestras de enfado o quedarse con la frente pegada a la pared para demostrar su descontento ante las prohibiciones de salir.

Como fuera muy distraída en cuanto a los asuntos de su pokemon, Molly veía estas señas como rabietas infantiles y no como protestas de un pokemon que estaba madurando. Los permisos volvieron a reducirse a lo que habían sido en un comienzo: solo una visita por semana a “ese pokemon” como lo llamaba ella. Esto resultó ser un sacrilegio para la ranita azulada, pero en vez de hacer algún tipo de queja o pataleta al respecto, le hizo saber a su entrenadora que si iba a tenerlo aburrido bajo su techo, que al menos le comprara un teclado.

— ¿Un teclado?—repitió ella, insegura de a qué se refería— ¿Uno para PC o uno de música?

Con gesto taimado, el pokemon hizo un movimiento con sus dedos que indicaba que era uno de música. Ella se encogió de hombros y prometió ir ambos al día siguiente al centro comercial para buscar uno a la medida del pokemon. Al menos esto mejoró un poco el semblante de Croagunk, pero igualmente se quedó toda la tarde ocioso y pensando intensamente en Toxicroak.

Durante el día rememoraba todas las conversaciones, las historias, los gestos y los momentos divertidos que pasaban juntos. Pero en la noche se enrollaba en su sábana tibia y suave imaginando que eran los brazos del pokemon mayor, y soñaba despierto con los abrazos, las caricias,  y los besos en la frente y en la mejilla que el otro le regalaba. Temblaba de emoción y felicidad de recordar el olor del pokemon y su calidez, y recreaba una y otra vez el breve instante en el que sus labios se rozaron y él creyó morir de felicidad. Sufría porque aquello no había alcanzado a ser un beso, y rogaba porque éste llegara pronto alguna vez.

Pero si Molly seguía restringiéndole la salida, el ansiado beso jamás llegaría y tal vez hasta Toxicroak se sintiera mal por la distancia que se estaba creando entre ellos, y quien sabía: tal vez todo se terminara antes de empezar. Croagunk padecía terriblemente de solo pensar en ello.

Cuando no había permiso para salir, el pokemon se sentaba en su pequeño banquito frente al teclado de baja altura que la chica le había comprado, “especialmente para pokemon” como decía en la caja, y tocaba largamente las piezas que su querido maestro le había enseñado. En solo algunos meses ya se había vuelto un experto y ambos tocaban juntos melodías en dúo y se divertían tardes enteras practicando canciones nuevas.

El día en que Molly lo escuchó tocar con tanta maestría se quedó con la boca abierta: no tenía idea de que los pokemon pudieran ser tan talentosos, y menos hubiera imaginado que el suyo tendría semejante habilidad. Le felicitó cariñosamente con un abrazo sincero, el que sirvió para arreglar un poco las cosas tan ásperas que habían pasado entre ambos últimamente. Croagunk no se opuso: de hecho, le agradó volver a tener un abrazo de la chica, que aunque le ponía restricciones a sus salidas con Toxicroak, seguía siendo el ser humano más importante para él.

Un día si embargo, algo curioso ocurrió que sirvió para darle a entender a Molly que su pokemon no era tan infantil y pequeñito como ella imaginaba.

Un grupo de amigas llegó a visitarla una tarde. Se instalaron en la habitación de la chica, como de costumbre, y Croagunk tuvo que fingirse totalmente ausente mientras las jovencitas conversaban y chillaban contándose sus cosas. Ninguna de ellas, ni siquiera la dueña de casa se percató de la presencia del pokemon entre medio de los peluches sobre el cajón a los pies de la cama.

Como siempre, hablaron de cosas totalmente irrelevantes y aburridas: chicos, maquillajes, fiestas, compras, ropa y salidas. En esa clase de situaciones era cuando Croagunk agradecía no haber sido una chica para hablar de tantas necedades. Se preguntó si sus pokemon femeninas  serían iguales a ellas. De la nada, Molly salió con un tema que la aquejaba desde el día anterior:

—Mi padre me ha estado molestando mucho últimamente respecto a mis gastos—dijo, hablando del tema de las compras.

Sus amigas abuchearon el problema y le dieron palmaditas en el hombro y la espalda.

—No te preocupes—le decían—, ya se olvidará de eso y te dejará en paz. Después de todo trabaja mucho y siempre está pensando en otras cosas, ¿o no?

—Sí, pero…

—Además—decía otra—, si trabaja tanto y gana tan bien—el padre de Molly era dueño de una mina de cobre— ¿porqué te molesta con esas cosas?

—No lo sé, eso es lo que no entiendo—decía ella, muy preocupada.

—Anda, no te preocupes. Déjalo y se le olvidará. Los padres son así.

La joven tomaba el consejo, agradecida de tener amigas que la ayudaran. Pero a Croagunk no le gustaban los consejos de esas chicas. Siempre había considerado al padre de Molly un hombre muy serio y preocupado de su familia, a pesar del poco tiempo que pasaba con ella a causa de su trabajo. Si se mataba tantas horas lejos de casa trabajando para ellos, consideraba que no decía las cosas solo para molestar a su hija. Tenía que haber una buena razón. Se lo preguntó a Toxicroak el día en que pudieron verse, después de muchos gestos de afecto y palabras dulces que devolvían por entero la felicidad al pequeño pokemon.

—Lo más probable es que esté intentando inculcar el sentido del ahorro a Molly—dijo Toxicroak dejando la taza con café sobre la mesa.

Siempre que comían, Toxicroak no comía nada o tomaba café. Croagunk no podía comprender cómo a alguien podía gustarle esa bebida tan amarga. A él en cambio le gustaba pedir refresco de lima y pasteles de limón. Cosas ácidas. Era muy sabido que los de su especie rehuían de las cosas dulces y ellos parecían dar el ejemplo.

—Ya veo—dijo el más joven, muy pensativo—. Es probable que sea eso, considerando que Molly compra siempre muchísimas cosas. Pero…

— ¿Pero?

— ¿Pero por qué no lo hizo desde hace mucho antes?—preguntó Croagunk un poco confundido— ¿Por qué ahora, cuando ya tiene veintitrés años?

Toxicroak se golpeó la mejilla levemente con su dedo, pensando. Ciertamente era un poco tarde para empezar a enseñar a alguien a darle su valor al dinero y gastarlo con cuidado. Se le ocurrió una posibilidad, aunque no era muy grata.

— ¿Dónde dices que trabaja el padre de Molly?—quiso saber.

—En las minas de cobre al sur de la región.

El pokemon mayor se cruzó de brazos, comprendiéndolo. Como él siempre leía y veía muchas noticias, no le fue difícil percatarse de la razón.

—Es que…las ventas del cobre se han visto afectadas por los últimos problemas naturales que se han dado. Con las lluvias inesperadas y los temporales ha habido muchísimas pérdidas, tanto en materiales como en equipos de excavación y refinación. El material bruto que queda para las exportaciones es poco y con las pérdidas las minas se ven obligadas a subir mucho sus precios. Nadie compra el cobre tan caro así que están sufriendo una baja económica importante.

Croagunk abrió expresivamente los ojos. La verdad es que él no tenía la menor idea de esas cosas, y se preguntó como es que Toxicroak sabía tanto al respecto. Sin embargo, se dio una palmada en la frente al comprender lo que todo aquello significaba para su familia.

—El padre de Molly… ¡él podría tener problemas financieros!

—Es probable—dijo el otro con cierto pesar.

—Pero, ¿por qué no se lo ha dicho a ella?

—Ningún padre quiere preocupar a sus hijos con un tema así. En vez de eso, le advierte a su hija que tenga más cuidado con sus gastos. Endeudarse no es la mejor idea si se están dando esta clase de problemas.

—Oh, no…

El pokemon más pequeño se dejó caer en el sillón totalmente desalentado y con sus ojos amarillos muy abiertos. Toxicroak le observó un momento, preocupado a su vez pero manteniéndose optimista. Rodeó con un brazo a Croagunk y lo acercó a él, presionando al pokemon contra su pecho.

—Todo estará bien, no te preocupes.

— ¿Cómo lo sabes?—preguntó el otro, mirándole hacia arriba.

—Porque si alguien como tú se da cuenta de que el padre de Molly es una persona seria y que se preocupa por su familia, lo más probable es que ya haya tomado medidas para protegerla y esté buscando soluciones.

—Ah…es cierto…

La pequeña rana se quedó un momento pensando en esto, cuando de pronto reparó en algo.

— ¿”Alguien como yo”?—repitió, poniéndose muy serio y mirando al otro arriba.

Toxicroak sonrió tontamente y miró hacia el techo.

—Bueno…es que eres…

— ¿Un tonto?

—Claro que no—dijo el mayor, tocando su mejilla hinchada—, más bien eres como una mariposita que se deja llevar con el viento.

—… ¿Eh?

—No te das cuenta del trasfondo de las cosas—le explicó Toxicroak amablemente—. No ves más allá de lo que ven tus ojos. Te cuesta darte cuenta de los problemas o de las cosas malas que puedan estar ocurriendo, y solo las ves cuando ya las tienes encima.

—Ahh…me falta anticipación—dijo, haciendo alusión a la habilidad característica de los de su especie.

El otro rió levemente ante la dulzura y la ingenuidad de su compañero, lo besó en la frente y ambos se quedaron muy juntos.

—Sí, algo así.

Croagunk recordaría esas palabras más adelante, cuando las cosas entre Toxicroak y él comenzaran a teñirse muy oscuras.

Un par de días luego, el pequeño pokemon azulado escuchaba desde la habitación de su entrenadora una discusión que ella y sus padres estaban teniendo. Incluso desde el segundo piso podía escucharlos y estaba aterrado de lo que pasaba: ciertamente no  había amenazas o insultos, pero Molly era una chica demasiado complicada y consentida. Nunca le habían puesto demasiadas reglas y las que su padre comenzaba a imponerle respecto de los gastos la habían sacado rápidamente de quicio.

Con el temperamento que tenía, la joven expresó a voces su descontento, su padre la regañó y le gritó, y Croagunk escuchó los pasos rápidos de ella por la escalera. Corrió a su pequeña cama  y esperó muy nervioso. Molly entró en la habitación, cerró de un portazo y se echó a llorar sobre su cama. No estaba acostumbrada a discutir con sus padres, así que las pocas veces que la situación se daba ella acababa así. A Croagunk le dolía mucho verla tan triste y siempre acababa en brazos de ella, empapado de sus lágrimas y buscando alguna forma de hacerla sentir mejor.

Sin embargo, en vez de intentar hacerlas de pañuelo como tenía por costumbre, el pokemon recordó su conversación con Toxicroak y se dio ánimos para intentar hablar con la chica al respecto. Se subió a su cama y se acercó lentamente. Molly lo sintió cerca y estirando el brazo, lo agarró y lo puso a su lado como si fuera un muñeco, sollozando y estrujándolo entre sus brazos.

— ¡Rayos, Croagunk!—exclamó ella, con las mejillas mojadas— ¡Detesto esto! ¡Detesto que mi padre sea tan odioso conmigo, y de la noche a la mañana! ¿Por qué tiene que ponerse así si no he hecho nada para que se enfade tanto?

El pokemon batió un poco sus patas para soltarse y sentarse frente a la chica. La vio con su cara triste y el maquillaje descorriéndosele: se veía terrible. En cuanto fue a intentar decirle algo, la joven metió su mano bajo la almohada y sacó el móvil: ese pequeño aparato que Croagunk detestaba y que la desconectaba por entero del mundo.

Marcó algunos números y llamó a sus amigas: para mala suerte de ella, todas, curiosamente todas sus amigas estaban ocupadas, fuera de casa o haciendo algo, y no podían ir a verla y darle algo de consuelo en su amargo momento. Croagunk no se sorprendió. No era la primera vez que esas “amigas” suyas le fallaban argumentando que estaban ocupadas en algo, pero que ya la acompañarían al día siguiente para ir a comprar y ayudarla a sentirse mejor. Para él eso era inaceptable: un amigo tenía que estar allí en las buenas y en las malas. Cuando el otro lo necesitara, no después.

Se le subieron los humos y de un manotazo le arrebató el teléfono a la chica, el que fue a parar al suelo. Molly dio un salto de la impresión: Croagunk jamás había hecho algo similar y eso realmente la asustó.

— ¡Croagunk! ¿Por qué hiciste eso?

El pokemon se acobardó por un instante, pero sacudió la cabeza y se mantuvo firme. Le dijo que estaba perdiendo el tiempo tratando de llamar a esas falsas amigas que tenía. Nunca habían acudido a ayudarla cuando tenía un problema y nunca lo harían, pero si las invitaba a salir de compras siempre estaban disponibles. Molly abrió la boca para refutar, pero se quedó sin argumentos. Bajó la mirada y abrazó sus piernas contra su cuerpo.

—Es verdad…—dijo con pesar.

La criaturita se detuvo frente a ella y se levantó en la punta de sus pies para acercársele. Le quitó los mechones rubios de la cara y trató de explicarle lo mismo que Toxicroak le había dicho algunos días antes: la situación en las minas era complicada y su padre había comenzado a tomar precauciones. No quería preocuparla a ella y por eso le pedía que restringiera un poco sus exagerados gastos. De cualquier modo, ¿por qué quería seguir comprando ropa y accesorios si ya no cabían más en su ropero? Tal vez comprar no era realmente una necesidad, sino un pasatiempo, y uno muy costoso por cierto.

—Pero las chicas y yo…nos divertimos…

Había otras formas de divertirse que no implicaban gastar tanto dinero. Si le daba una mano a sus padres con eso, probablemente no tendrían que preocuparse tanto y podrían dedicarse de lleno a ver soluciones para el problema que se les avecinaba.

Molly se quedó pensando hondamente en esto y tuvo que admitir que su pokemon tenía razón. Se lo quedó viendo muy impresionada, pues no sabía que un pokemon podía ser tan sabio. Para ella siempre habían sido mascotas.

—Tienes razón, Croagunk…no me había dado cuenta de eso…

El pokemon sonrió con dulzura e hinchó sus mejillas. La joven se limpió el rostro húmedo y manchado de negro, sonrió y se abrazó con su pequeño compañero. Le dio un beso y lo dejó sobre la cama, regresando al primer nivel para disculparse con sus padres. Éstos quedaron todavía más impresionados del repentino cambio en su hija, y como una cosa llevaba a la otra, ellos también se disculparon por haberle gritado y prometieron tener más cuidado la próxima vez que conversaran para no acabar discutiendo.


La joven agradeció profundamente a Croagunk por haberle hecho ver las cosas, y esa noche ambos durmieron tranquilos y abrazados. El pokemon se dio cuenta de lo importante y valioso que era estar al tanto de las cosas: no ser tan despistado y dejarse llevar por las corrientes de viento, como Toxicroak le había dicho. De no haber sido por la ayuda de él, Croagunk no hubiera podido hacer nada para ayudar a su amiga, por lo que se prometió a sí mismo intentar ser más aterrizado y poder ayudar a Toxicroak también con sus problemas. Sabía que era terreno delicado en el que se estaba metiendo, pero ansiaba conocer la verdad sobre aquel pokemon al que amaba tanto y le había ayudado sin pedirle nada a cambio. Se arriesgaría a buscar la verdad, sin poder imaginar lo que en verdad le estaba esperando.

Continuará...

1 comentario:

  1. Hola otra vez

    Por un momento pensé que el capítulo hablaría un poco más de como avanzaba la relación de los dos pokemons, pero en cambio, presentaste un pequeño avance en la relación entre Croagunk y Molly, y realmente hicieron un avance.

    Debo ser honesto, si algo odio son las mujeres (y hombre a veces) con actitudes demasiado consentidas y superficiales, que solo se dedican a las compras y a otro tipo de tonterías, concentrándose en eso como si fuera lo más importante del mundo, olvidándose de los padres y sus esfuerzos que hacen por darles una buena vida.
    Fue un buen detalle el mencionar en que trabaja el padre de Molly, y el que Croagunk se diera cuenta de los problemas que estaban teniendo por qué le dice a su hija lo que le dice. Siempre es bueno escuchar lo que nos dicen nuestros padres, aunque haya momentos en que suene molesto (créeme, lo sé por experiencia).
    También me gusto como por fin Croagunk dejo de parecer un muñequito para ser un verdadero amigo con el que Molly podía contar, además de ayudarla a darse cuenta de las cosas, aunque aún me pregunto cómo hace Molly para entenderle (porque parece que Molly entendió lo que le dijo, pero sé si es que simplemente se entienden, o los pokemons hablan). Creo que a este paso, tal vez Molly se dé cuenta de lo que Toxicroak significa para su compañero, y no le restringa tanto las salidas, y tal vez Molly comience a mejorar en actitud también.

    Ahora esperare a ver como avanzaran las cosas ahora que Croagunk toma una actitud de no ser tan despistado y darse cuenta de las cosas.

    Gran capitulo, que estés bien.

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