25 de junio de 2014

# 8 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#8. Heridas.

Lamentablemente para los dos pokemon, y a pesar de que poco a poco y con el pasar de los días iban cerrando lentamente la brecha inmensa que los separaba, los problemas pronto comenzarían a llegar.

Habían pasado cuatro meses desde el primer encuentro. Ambos pokemon se veían regularmente y cada semana. Siempre era afuera, en algún punto de la ciudad o en casa de John, dado que ni Croagunk ni Toxicroak contemplaban la posibilidad de verse en casa de Molly, puesto que la chica vivía con sus padres, y ellos no querían de ningún modo molestar. Habían sido los mejores meses que Croagunk hubiera vivido nunca, al lado de alguien que lo quería, lo entendía y lo escuchaba. Su entrenadora lo quería ciertamente, pero no de la forma en que Toxicroak lo hacía, y además como pasaba más tiempo afuera con sus amigas y metida en sus conversaciones online, la joven y su poke-mascota todavía se entendían a medias.

Para Toxicroak era una situación similar. Su tiempo con el adorable Croagunk había sido el mejor que había tenido en muchos años. Llenaba por entero sus días solitarios, sus silencios agobiantes y la ausencia de afecto que el pokemon dejara de recibir hacía ya mucho tiempo. Croagunk era cada vez más abierto y se expresaba más y mejor con él. Como los pokemon tuvieran distintos tiempos a los de los humanos, la pequeña ranita fue madurando rápidamente al lado de Toxicroak, y pronto comenzó a entender que los sentimientos que le tenía al mayor eran más que un simple cariño de amigos. Como todavía no venciera del todo su timidez, no podía decirle abiertamente que había descubierto lo que en verdad sentía por el otro, pero le resultaba un poco más fácil expresárselo cuando se echaba a dormir una breve siesta en sus paseos o en sus visitas refugiado en su abrazo, o hundía su rostro en su gran bolsa roja.

A veces se dedicaba a jugar con él mientras Toxicroak estaba distraído leyéndole un libro o mientras conversaban y miraba en otra dirección. Esperaba a que su bolsa se hinchara y hundía en ella sus manos, haciendo que el mayor devolviera todo el aire y tosiera. Mientras se reía, Toxicroak se vengaba hundiendo sus índices en las bolsitas hinchadas del otro y levantándolo del asiento. Al más pequeño se le estiraban los labios por sus mejillas aplastadas y resultaba en un gesto muy gracioso que divertía al pokemon.

Era evidente que la confianza entre ambos había crecido mucho. Sin embargo, aún no era suficiente para que Toxicroak le contara sobre las cosas difíciles de su pasado: cosas como por qué él era el único pokemon de John que estaba en la casa, la ausencia de Mónica o los picos cortados de sus manos. Dónde estaba su entrenador todo el día o qué era aquel gesto que había capturado la atención de Croagunk desde el principio y que se escondía en la sonrisa amable del mayor.

Dado que era muy joven, las experiencias para contar de Croagunk se habían terminado muy pronto, mientras que por sus largos viajes por la mitad del globo, las de Toxicroak no parecían tener fin. El pokemon más pequeño se deleitaba escuchando de todas las aventuras, peligros y de los buenos momentos que el otro le contaba. A veces visitaban la sala de trofeos y Toxicroak le contaba cómo él y John habían ganado tal medalla o tal campeonato. Algo repentino ocurría en el pokemon mayor que confundía y maravillaba a Croagunk entonces. Cuando narraba sus batallas al lado de los otros pokemon de John, Toxicroak se transformaba en otro: en alguien lleno de emoción, de tenacidad, de vigor y determinación. Era un luchador osado, confiado y que relucía a los ojos del menor. Era entonces cuando al más joven le resultaba fácil imaginar al pokemon que Toxicroak le contaba en sus historias: rebelde y dispuesto a todo, y que había metido en problemas a su entrenador una y otra vez.

Sin embargo y cuando acababa de contar, volvía a ser ese al que Croagunk había conocido en una fiesta  hacía varios meses: un ser maduro, sereno, amable y educado. Un pokemon con el aire de no haber roto un vaso en toda su vida y que parecía no tener si quiera que luchar contra la tapa apretada de una botella. Y no es que a Croagunk le incomodara una u otra faceta del mayor: cuando estaba en su cómoda cama en la habitación de Molly, el pequeño se imaginaba primero en brazos de un pokemon fiero, atrevido y audaz. Eso de alguna manera le gustaba, pero a la vez le asustaba aquella personalidad tan temeraria y rápidamente regresaba a los brazos del pokemon amable y cariñoso que lo esperaba pacientemente en aquella elegante mansión.

Cuando se descubrió a sí mismo tratando de elegir entre una personalidad y otra, de noche y en su cama, el joven pokemon se cubrió la cara con ambas manos y se dio cuenta de que sin querer estaba empezando a madurar, y de que estaba seriamente enamorado. Y al darse cuenta de esto no solo se sintió feliz y afortunado de haberse fijado en alguien como Toxicroak: comenzó a visitarle más seguido y durante más tiempo, fijándose ahora en detalles que antes pasaba enteramente por alto y alimentaban sus sentimentalismos juveniles. Eso conllevó al primer problema.

Como pidiera tantos permisos para salir y pasara mucho menos tiempo con ella, Molly comenzó a fastidiarse con las salidas de su mascota. Al principio no le daba mucha importancia porque solo era una vez cada par de semanas. Pero luego comenzaron a ser dos, tres, hasta cuatro veces cada semana; tardes enteras que la chica pasaba a veces sola cuando sus amigas estaban ocupadas o no podían salir por cualquier razón. Se suponía que Croagunk tenía que acompañarla en sus ratos de soledad, o al menos así lo veía ella. Se decía a sí misma que era muy considerada no solo dejando salir solo a su pokemon a visitar a otros, sino que además lo iba a dejar al lugar ella misma. Otros entrenadores ni siquiera dejaban salir demasiado tiempo a sus pokemon fuera de la pokebola y ella le daba todas las libertades para  ir a verse con “ese”. Así que un día y sin más, cuando la pequeña ranita fue a pedirle que por favor lo llevara a ver a su amigo (porque no sabía de qué otra forma llamarlo), Molly levantó su mirada de la revista que tenía entre manos y respondió:

—Hoy no habrá visitas, Croagunk.

Esto por supuesto, fue inesperado y no muy agradable. El pokemon pidió saber por qué.

—No sé si te has dado cuenta—dijo ella regresando su atención a la revista que leía, echada sobre su cama de color fresa—, pero pasas demasiado tiempo con ese pokemon.

Croagunk se sorprendió. Le dijo que no era tanto tiempo, no al menos si se tomaba en consideración el mucho tiempo que pasaba sentado, solo y aburrido en casa de la chica. Lo dijo con el mayor tacto que le fue posible y con su habitual tono sumiso, así que Molly no se enfadó pero igualmente mantuvo su postura.

—Eres mi pokemon, Croagunk: quiero que estés conmigo en mis ratos libres. No pedí a mi padre que te trajera solo para verte de vez en cuando, sino para hacerme compañía.

Fin del asunto.

El pokemon bajó la mirada y asintió. Como el temperamento de la chica era el fuerte, el de él era inevitablemente débil y manso, así que no le quedó más remedio que coger el cuaderno donde a ratos dibujaba y se puso a hacer rayas, triste de que ese día no podría ver a Toxicroak. Molly le conversó sobre cosas totalmente irrelevantes y poco interesantes para él, como que el chico de su grado se había cortado enteramente el cabello, o una de las compañeras de clase había arrojado una manzana a la cabeza de un profesor. Él intentó seguirle la conversación, pero no duró más de algunos minutos y luego solo siguió un largo y aplastante silencio.

Un par de días luego, el pokemon volvió a pedir permiso. Esta vez Molly no se negó porque había sido invitada a una fiesta y estaría ocupada toda la tarde hasta la noche. Fue a dejar a su amigo a la lujosa casa y regresó a su hogar para arreglarse para su salida.

Croagunk no pudo evitar saltar a los brazos de Toxicroak al verle y ambos se estrecharon en un reconfortante abrazo.

—Te extrañé—declaró el más pequeño, sonrojado y respirando profundamente el olor del otro.

—También yo, y mucho—dijo Toxicroak, acariciando su espalda y luego haciendo algo de espacio— ¿Cómo has estado?

—Más o menos—tuvo que declarar Croagunk—: Molly…se molestó un poco el otro día, cuando quise venir a verte.

— ¿De verdad?

—Sí. Dice que paso mucho tiempo contigo y menos con ella…

Toxicroak cerró los ojos con pesar y dejó a su acompañante con los pies de nuevo sobre el suelo: era algo que se había temido desde el principio, y de hecho se sorprendió de que el asunto viniera a darse tantos meses después. Se volvió y con Croagunk de la mano caminaron hasta la sala, sentándose ambos en el sillón, donde siempre. El más bajo le miraba con preocupación bajo su boina negra.

— ¿Qué ocurre?

—Sabía que tarde o temprano esto pasaría.

— ¿El qué?

—Que a Molly le afectara la ausencia tuya en su casa.

Croagunk dio un respingo sin creerse que el otro estuviera tan serio por una cosa así.

— ¡E-es una exageración!—exclamó él, levantando las manos— ¡Paso todo el día en su casa, solo y aburrido! Apenas vengo a verte un par de veces.

—Pero tal vez es en esos momentos cuando ella quiere tenerte cerca.

— ¡Pero…! No puedo estar todo el día esperando a ver si ella quiere pasar tiempo conmigo. ¡Podría quedarme ahí sentado toda la semana!

—Croagunk—dijo el mayor de manera comprensiva—, de ninguna forma quiero interponerme entre Molly y tú: no podría perdonármelo…

— ¡Es ella la que se interpone!—exclamó el más joven repentinamente.

Escondió su rostro en el pecho de Toxicroak y se aferró a su camisa oscura. El otro lo quedó viendo en silencio, más que sorprendido ante la reacción un tanto rebelde del pokemon que siempre se había mostrado tan tímido. Lentamente puso sus manos en sus brazos para intentar despegárselo y poder verlo a los ojos.

—Croagunk…

—Ella no lo entiende—dijo el pequeño, negando con la cabeza—. Cree que solo eres mi amigo…que vengo porque estoy aburrido a jugar…No se da cuenta de lo que siento. ¡Solo se fija en su teléfono móvil y en su maquillaje!

Toxicroak sonrió con pesar: él mejor que nadie entendía lo que era vivir con un amo que no le prestaba atención y tenía una idea equivocada de la realidad de su pokemon. Sin embargo, de ninguna manera estaba dispuesto a dañar la relación entre Croagunk y su entrenadora. Para él dicho lazo era sagrado y romperlo le pesaría hasta el día de su muerte.

— ¿Le has dicho a Molly lo que sientes?—quiso saber.

El aludido dio un respingo en su sitio y lentamente hizo espacio entre los dos. Levantó la mirada hacia el mayor y su rubor se acentuó todavía más. Luego negó con la cabeza.

—No…se lo he dicho…

—No—repitió Toxicroak—, ni siquiera me lo has dicho a mí.

Esto hizo que Croagunk se sonrojara de pies a cabeza y casi se fuera de espaldas. Se apartó bastante del mayor y se ajustó la boina de cuero sobre la cabeza, como intentando esconder el bochorno que le producía la situación. Jugueteó nerviosamente con sus dedos mientras el otro le observaba sonriente y esperando.

— ¿Y bien?

—E-es complicado…

—No lo es.

— ¡Sí lo es! A-además, seguro que ya lo sabes—dijo, cruzándose de brazos y mirando en la otra dirección.

Toxicroak se recargó de lado en el respaldo y apoyó su cabeza en su mano. Tamborileó con sus dedos en su rodilla al tiempo que decía:

—Tal vez yo creo otra cosa y no es lo que sientes en verdad.

El más joven abrió la boca para responder, pero al instante se dio cuenta de que el otro le tendía una trampa, por lo que apretó los labios y volvió a girar la cabeza. Toxicroak rió levemente.

— ¿Tienes pensado decírmelo alguna vez?—quiso saber.

—Ya lo sabes—insistió el menor.

—Aunque lo supiera, igualmente querría escucharlo.

— ¿P-por qué?—preguntó Croagunk, volviéndose a verlo.

— ¿No quisieras escucharlo tú también?

Ante esta sugerencia, Croagunk bajó la cabeza y se quedó pensando un momento. En verdad, desde hacía mucho tiempo soñaba con que el otro le dijera abiertamente lo que sentía por él. Su corazón se agitó y golpeó aceleradamente ante la ilusión de tener aquellas importantes palabras. Ya llevaban mucho tiempo escondiéndoselas el uno al otro y Croagunk ya había dejado de ser un niño.

Tragó saliva y volvió a acercarse al mayor con timidez.

— ¿Si te lo digo…me lo dirás tú también?

—Por supuesto.

Volvió a tragar saliva y sintió sus piernas temblar ligeramente. Inspiró profundamente, se dio ánimos y después de trabarse un poco soltó:

—Me gustas mucho…Toxicroak…

El otro sonrió. Se irguió y se acercó al más joven, poniendo sus manos a cada lado sobre el sofá e intimidando a Croagunk con su gran cuerpo casi encima de él, de una forma extraña y que sacudió al otro de una nueva y agradable sensación. Puso su boca cerca de su oído y susurró:

—Te amo, Croagunk.

El pokemon más joven cerró sin querer los ojos y se dejó envolver por aquel delicioso momento. Nunca había experimentado nada igual y quería hacer perdurar ese instante para siempre. Acarició su mejilla cálida con la del mayor mientras éste se separaba lentamente. Un pequeño roce de sus labios bastó para hacer comprender a Croagunk que no podría separarse de ese pokemon por más que quisiera, y volvería a él de una forma u otra así Molly no lo quisiera.

Antes de que Toxicroak se irguiera enteramente, el otro se abrazó a su cuello y se quedó prendido largamente de él. Toxicroak lo sostuvo entre sus brazos, feliz y enamorado como no lo había estado antes. Aquella criaturita joven y dulce se había ganado cada uno de sus pensamientos, y ahora en su madurez comenzaba a ganar muchas cosas más. Por un momento se olvidó enteramente de John, de su pasado, de Molly y de que había un mundo afuera. Se quedó abrazado con Croagunk durante un largo y apacible momento que le arrulló aquella noche, y le dio gratas horas de sueño.

Continuará...

1 comentario:

  1. :´)
    …….

    OK, mentiría si digo que no sabía que esto iba a pasar, pero no me imagine que pasaría ya. Pensé que pasaría en un par de capítulo más.

    Creo que puedo decir varias cosas, pero la que más me viene a la cabeza, y aunque suene cursi es… fue… hermoso, simplemente fue hermoso ver como estos dos han ido creciendo y uniéndose cada más. Me gusto el ver como el pequeño Croagunk, que empezó el fic siendo un pequeño pokemon tímido que encontró en Toxicroak a alguien especial ha madurado dándose cuenta de lo que siente por Toxicroak, y como Toxicroak le ha tenido cada vez más cariño y aprecio al pequeño, y ese aprecio ha crecido cada vez más. Aún hay algunas cosas que Toxicroak no dice, pero se nota que eso es lo menos importante. Creo que después de esto Toxicroak dirá todo lo que tiene que decir.
    Me encanto el hecho de que Toxicroak hablara de no interferir entre Croagunk y Molly (es cierto, al menos en el anime, que el vínculo entre entrenador y pokemon es especial e importante, y no debe romperse) y la forma en que Croagunk demostró cómo le molesta que Molly lo separara de Toxicroak, y como no entiende lo que el realmente sentía. Una verdadera muestra de que ha madurado.

    Solo unos detalles. Sé que no soy quien para resaltar errores, pero aquí se te saltaron dos:

    El primero es en la parte “porque –tenía- había” te sobre el “tenia”.

    Y “Lo que sentí por él” creo que querías decir “lo que sintió por él”.

    Dos cosas mínimas que a cualquiera se le pasan (yo soy experto en dejar pasar errores sin darme cuenta XD)

    ResponderBorrar