14 de junio de 2014

#7 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#7. Heridas.

Aquella fue una tarde muy grata para los dos pokemon, sentados ambos frente al gran piano negro de cola y deslizando sus dedos por las teclas blancas y relucientes. A Toxicroak le encantaba enseñarle a Croagunk y ver su gesto tan feliz y emocionado cada vez que conseguía hilvanar partes de alguna canción. Al más joven le fascinaba poder aprender de su instrumento favorito y además al lado de alguien tan paciente y amable como lo era su tutor. La mejor parte era cuando conseguía tocar la melodía completa y sin equivocarse: se ganaba una caricia o un beso en la frente por parte del otro, prendiendo sus mejillas anaranjadas y dándole más y mejores motivos para seguir esforzándose.

De nuevo las horas se le fueron demasiado pronto, y en poco, la bocina del automóvil rojo llamando desde la entrada hizo despabilar al más pequeño, quien parecía no tener noción del tiempo al lado de ese agradable pokemon.

—Ya tengo que irme—dijo, ajustándose la gorra en la cabeza y listo para marcharse.

El otro le acarició levemente la mejilla y se despidió.

—Me gustó mucho verte, Croagunk. Ven a verme cuando quieras. Te enseñaré los alrededores la próxima vez.

— ¡Sí! Vendré pronto. —Dijo el pokemon abajo, sonriendo ampliamente— ¡Adiós, Toxicroak!

Los dos se despidieron y se quedaron viendo mientras la muchacha rubia arrancaba el auto y salía por el acceso a la gran casa. El pokemon mayor cerró la puerta y regresó adentro, de nuevo el peso del silencio de la gran casa y el enorme vacío que ahora le quedaba cuando el otro se tenía que ir.

De regreso a casa, Molly se había percatado de algo particular. Como esta vez no fuera distraída en su teléfono móvil o limándose las uñas, se percató de lo feliz que se veía su pequeña mascota pokemon bajo la gorra que le había comprado. Su Croagunk por lo general tenía gesto apagado e inexpresivo, por lo que le pareció curioso que ahora estuviera tan feliz.

—Parece que te gusta ir a visitar a ese pokemon, ¿eh, Croagunk?—soltó, sin segundas intenciones y con total ingenuidad.

El aludido dio un leve salto en su sitio, percatándose de que su emoción al pasar tiempo con Toxicroak comenzaba a volverse un poco evidente…se escondió bajo su gorro negro y asintió despacio con la cabeza, esperando que su entrenadora no hiciera más conjeturas o comenzara a sospechar nada. Pero como a Molly le interesaban muy poco las cosas de los pokemon, se encogió de hombros satisfecha de que su pequeño amigo estuviera ampliando su círculo de amistades.

Varios días después, la ranita volvió a pedir permiso a su entrenadora para ir a visitar a su amigo, allá en las afueras de la ciudad. A la chica ciertamente no le parecía importar mucho, solo le fastidiada un poco que el dueño de ese Toxicroak viviera tan lejos ya que a ella le tocaba hacer el recorrido en auto de ida y de vuelta. Pero no le negaba los permisos a su pokemon, porque aparte de que era el único que tenía y era además muy obediente, aquello era lo único que Croagunk pedía: ni pedía comidas para pokemon exportadas, o ropa, o juguetes o entrenamiento. El pequeño simplemente pasaba su tiempo durmiendo en la pokebola, jugando con los videojuegos que la chica le había comprado o con la pila de juguetes que había traído para él sin que la criaturita los pidiera.

Accedió a llevarlo, únicamente con la condición de siempre: que tendría que salir vestido con lo que la chica eligiera para él. A Croagunk no le quedaba más que suspirar y aceptar.

En las siguientes ocasiones en que se vieron, Toxicroak y Croagunk hicieron muchas cosas juntos. Como el mayor le prometiera, salieron a conocer los alrededores de la casa de John: sitios grandes y rebosantes de vida y actividad. Los bosques que bordeaban la casa albergaban diversos tipos de pokemon y árboles. El más pequeño se entretuvo persiguiendo gran cantidad de bichos grandes y pequeños con una red, atrapando Surskit que caminaban graciosamente sobre las lagunas, y saltando sobre las hojas de los Lotad sin hundirse. Croagunk nunca había hecho tanto ejercicio como en las salidas de paseo con el pokemon mayor.

Cuando no salían a caminar por el bosque, pedían al chofer que los llevara a la ciudad. Allí se entretenían con las distracciones que había en las plazas: veían a los MR. Mime y Mime JR hacer trucos junto a sus entrenadores, a los Snubull y Houndour correteando y molestando a los pokemon de las otras personas, tal vez viendo alguna película, y probando comidas exóticas. Raras veces pedían helado…

En cada oportunidad los dos pokemon estrechaban más sus lazos, se volvían más cercanos, alejaban los sentimientos de soledad que los afectaban en la monotonía y silencio de sus vidas, y conversaban: conversaban mientras paseaban, cuando se detenían a descansar, cuando comían, mientras iban en el auto o se sentaban en alguna banca de las plazas bajo la sombra fresca de un árbol.

Esto había ayudado mucho a acercarlos y levantaba los primeros cimientos seguros de su relación. Croagunk había descubierto muchas cosas que nunca hubiera imaginado de Toxicroak: algunas divertidas, comunes e irrelevantes. Otras que le habían asombrado bastantes, como ésta:

—Cuando era un Croagunk salvaje—le había contado al más pequeño, una tarde que estaban sentados cerca de una laguna en los alrededores de la casa—, John tuvo muchos problemas para capturarme.

— ¿Ah sí?—preguntó el menor, lleno de curiosidad.

—Sí. Le habían prestado un Vigoroth en el centro pokemon de su ciudad para que capturara a su pokemon inicial. Allá en su lugar natal no había laboratorios donde se entregaran estos pokemon. Así que salió a recorrer el bosque y después de descartar a todos los pokemon que se le habían cruzado en el camino, me vio a mi y me eligió. El problema es que para esas fechas yo era muy inquieto.

— ¿De veras?—volvió a preguntar el pequeño, sorprendiéndose.

—Eso me temo—respondió el otro, divertido de recordarlo—. Era más inquieto de lo que te pudieras imaginar. De hecho después de que él me capturó me volví más tranquilo, pero no por eso dejaba de ser un pokemon muy revoltoso. Le di muchos problemas al principio porque además era un poco rebelde. Es más—añadió, hinchando levemente su bolsa en un gesto orgulloso—, derroté al Vigoroth muy fácilmente y después desafié a John a que regresara con otro pokemon a intentar vencerme. Él aceptó el reto y regresó al día siguiente con un Prinplup, otra vez prestado.

— ¿Y te venció esta vez?

—No—dijo Toxicroak, sonriendo aún más—. Volví a retarlo y volvió a aceptar. Al tercer día apareció con un Nidorino.

— ¿Lo consiguió entonces?—preguntó la ranita, riendo levemente de imaginar toda aquella situación.

—No—volvió a decir el otro, mirando hacia el cielo y riendo a su vez—. Estaba tan furioso que me reí en su cara de sus patéticos esfuerzos…aunque en el fondo admiraba su tozudez. De la nada levantó  sus brazos y dijo: “¡odioso pokemon! ¡Yo mismo te venceré!” y nos pusimos a pelear.

— ¿Eh?—exclamó Croagunk, dando un salto en su sitio de escuchar eso— ¿John luchó contra ti?

—Con sus propias manos—siguió el mayor, sonriendo feliz de rememorar esos lejanos momentos—. Luchamos en el suelo tal vez por una hora. Él me golpeaba con sus puños y me mordía, y yo le enterraba mis dedos venenosos en el estómago. Gritaba de dolor pero no se rendía. Al final acabamos muertos tirados en el pasto, y a mi no me quedó más que reconocer que era un chico formidable…además de fuerte era muy terco. Eso me convenció de que sería alguien muy difícil de derrotar en un campeonato o en una liga, y como para ese entonces yo era muy ambicioso en ese aspecto, accedí a convertirme en su pokemon…después de eso…

Croagunk se lo quedó viendo, como en suspenso. Toxicroak se quedó un par de segundos callado. Luego levantó su dedo con uno de los grandes anillos plateados y dijo con gesto algo apenado:

—Tuve que llevarlo corriendo a un hospital porque estaba envenenado hasta la médula. Aún no sé cómo sobrevivió a tantos golpes de parte mía, pero al menos desarrolló cierto grado de inmunidad que le resultó muy provechoso.

— ¿De veras?

—Sí. En uno de nuestros viajes aspiró el polvo de un Victreebell y solo se sintió mareado. En otra ocasión lo mordió un Seviper, y de nuevo solo sintió un mareo. Al final terminó por ser algo muy conveniente.

La pequeña ranita rió, feliz de la divertida y peculiar anécdota. Toxicroak se quedó con la mirada fija en el agua, probablemente aún inmerso en aquellos agradables recuerdos, mientras Croagunk terminaba de imaginar todo aquello.

—Cielos—soltó de pronto, inflando y desinflando sus mejillas—, no puedo imaginarte del todo como ese pokemon que me describes…inquieto y rebelde.

Toxicroak se volvió a verlo, y Croagunk a él a su vez.

—No te pareces en nada a ese pokemon.

El mayor sonrió con cierta tristeza y bajó la mirada. Luego desvió sus ojos amarillos hacia el agua otra vez.

—Todos cambiamos. Para bien o para mal.

El menor pareció percibir el cambio en el humor del otro, a pesar de que su rostro seguía teniendo aquella placida sonrisa. Se quedó con varias dudas adentro, pero no quiso ahondar en el tema por temor a lastimar al pokemon. Desgraciadamente aquella situación se daba seguido: momentos en el que una conversación amena y que ayudaba a unirlos se volvía una complicación. Croagunk no sabía si debía continuar con el tema o no, preocupado de afectar a Toxicroak cuando se trataba de recuerdos de su pasado. Al parecer, había demasiadas cosas dolorosas en la historia del otro, y Croagunk no quería tocar en las heridas y hacerle algún mal.

Así que se callaba.

Se guardaba las dudas y esperaba. Se mantenía paciente esperando a que el mayor dejara salir por sí solo aquellos recuerdos, fueran buenos o malos. A él solo le tocaba esperar, aunque no era agradable pasar por ratos así. Toxicroak no parecía darse cuenta de esto, a pesar de que su atención siempre estaba puesta en el más pequeño. Siempre detectaba cuando algo le preocupaba o parecía tener algún problema, pero cuando se caía en las lagunas turbias de su pasado, no alcanzaba a percatarse de que sin quererlo hundía al otro también.

Fue así como los días siguieron pasando.

Continuará...

1 comentario:

  1. Un cap mas, y se ve a ambos avanzar un poco más.
    Mientras más tiempo pasan juntos, más se unen, pero queda claro que mientras más se unen, más se… sienten mal.
    Mientras más Toxicroak se une a Croagunk y habla de su pasado, mas parece ser tocado por recuerdos que le causan mucho dolor, y mientras pasa eso, Croagunk también se afecta porque no sabe cómo ayudarlo a superar esa tristeza, además de no querer meterse en sus asuntos pasado con tal de no lastimarlo, pero también se siente mal.

    Sin duda desde que comenzó el fic se han hecho cada vez más y más cercanos y su relación será cada vez y más fuerte. Pero parece que mientras más avanzan, lo que mencione antes se vuelve como una pared que les permite avanzar más. Se ve que la pasan muy bien y siempre están haciendo algo, pero si no superan esa pared, no podrán avanzar más. Algo me dice que contrata toda su juventud, su inocencia y sus deseos de no lastimar a Toxicroak, Croagunk va a dar el paso necesario para avanzar en la relación y ayudar al otro, aunque eso signifique que tal vez lo lastime al hacerle indagar en su pasado, abriendo heridas. Seria feo, pero puede que al final Toxicroak supere todo lo que le afecte y ambos terminen siendo una pareja romántica, sin sentir que el otro no dice las cosas que le afectan, y… de alguna forma dejar el pasado atrás y seguir adelante (es obvio que van a acabar como pareja, y por eso lo dije).

    Aparte de todo lo que dije, me gusto la anécdota de Toxicroak y como se unió a su entrenador, y como ambos eran prácticamente iguales de tercos e inquietos (me recordó un poco de a Marcos y Agumon, incluso porque ambos se pelearon a puño limpio).

    Ahora… solo espero que ambos terminen bien, y al final estén bien y juntos (y, tal vez suene como una idea ridícula, pero podría ser que al final, cuando todo este superado, ambos abandonen a sus entrenadores y sus monótonas vidas para tener una nueva vida juntos…. Mmm…. No sé ¿tocando el piano?... y haciendo todo lo que quieran)

    Otro gran cap. Que estés bien.

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