22 de agosto de 2014

#15 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#15. Heridas.

Era extraña la forma en que la vida daba vueltas las cosas cuando uno menos lo espera. Desde que había conocido a Toxicroak aquella vez en una aburrida fiesta de humanos solitarios que se fingían felices, Croagunk siempre imaginó que aquel pokemon sería alguien apacible y ameno con quien pasar el tiempo. Nunca imaginó que el otro escondía tantas y tan terribles cosas en su interior y en su pasado. Ni aún con las sorpresas que le había dado en más de una ocasión revelándole pequeños fragmentos de su vida, Croagunk imaginaba que podría contarle algo más sorprendente, pero hasta aquel mismo instante se dio cuenta de lo mucho que se equivocaba.

Se quedó largos segundos estático y sumido en un frío silencio. Su mente quedó en blanco durante lo que pareció una eternidad, mientras dentro de sí una voz repetía “no, no, no, no…”. El sonido de su corazón golpeando con fuerza consiguió hacerle reaccionar y levantar la mirada fija en la alfombra de pasto bajo sus pies, levantar la cabeza y mirar a ese que en un momento le llenaba de felicidad y al otro le dejaba aturdido y confundido.

—Es mentira—dijo al fin, con toda la firmeza de la que fue capaz.

Quería convencerse de ello a toda costa, así que lo repitió una segunda y una tercera vez, sin que Toxicroak adelante lo escuchara. Sus ojos estaban mojados y su mirada estaba perdida en los amargos recuerdos.

— ¡Toxicroak!—llamó el pequeño, parándose frente a él y sacudiéndolo por los brazos para despertarlo. El otro apenas bajó la cabeza—. Es mentira. Eso que has dicho es mentira.

El mayor se llevó una mano al rostro y secó sus ojos.

—Yo la dejé morir. Fue mi culpa—dijo, inspirando profundamente para controlar sus emociones salidas de control por primera vez en mucho tiempo—. Todo esto ha sido mi culpa. Lo de Mónica, lo de John…todo fue por culpa mía.

— ¡No es cierto!—exclamó Croagunk, sintiéndose dolido y enfurecido de escucharle decir eso— ¿Por qué sería tu culpa? Tú la querías a ella y también a John, ¿cómo podrías haberles hecho daño?

—Tú no lo entiendes…

— ¡Pues explícame!—demandó el menor.

Toxicroak quiso negarse, pero los ojos insistentes y temerosos de Croagunk le hicieron comprender que ya había retrasado demasiado tiempo aquel momento. Le tenía tanto temor a su pasado y al dolor que éste le provocaba, que jamás había hablado del asunto con nadie, ni siquiera con su entrenador. Perdió a John tan repentinamente que ninguno de los dos sobrellevó jamás la muerte de su adorada Mónica y ambos vivían con esa deuda de tristeza y superación. Ambos se habían quedado viviendo en el día de la muerte de aquella hermosa mujer que había cambiado sus vidas para siempre.

—Después de algunos años de viaje—empezó a decir el mayor—Mónica y John se casaron. Trabajamos muy duro, todos nosotros, todos sus pokemon y los de ella…su boda fue uno de los mejores días que puedo recordar en mi vida—dijo con una amarga sonrisa en su rostro—. John reunió hasta el último de sus ahorros y compró esta casa enorme para los dos, para los hijos que planeaban tener y para nosotros. Estábamos muy bien…tan bien…—soltó, negando con la cabeza y cerrando con fuerza los ojos y los puños—y entonces yo lo arruiné…

— ¿Por qué?

—Por ser como soy—dijo Toxicroak, mirando al otro abajo con sus ojos llenos de un profundo arrepentimiento—, o al menos como era…el encierro y la monotonía de la vida en una casa comenzó a ahogarme. Si bien la felicidad de mis entrenadores se me contagiaba, si no estaba ocupado con ellos las horas se volvían largas y extenuantes. Me ponía ansioso y buscaba algo qué hacer, algo en lo que distraerme y gastar mi energía. Estaba tan acostumbrado a las peleas, a los viajes y al esfuerzo, que llegar repentinamente a una casa y tener que quedarme tranquilo y sin nada que hacer me exasperaba. Intentaba ayudar a John y a Mónica con los trabajos en la nueva casa, pero ni aún con eso me estaba quieto. Como él siempre estaba ocupado yo salía en las mañanas y en las tardes a correr por el bosque: a buscar entrenadores o pokemon salvajes contra los cuales enfrentarme. Pasaba horas afuera para poder mantenerme ocupado, y al regresar a casa al menos estaba lo suficientemente cansado como para no molestar a los otros con el mal humor que me producía tanta pasividad ni ir rompiendo las cosas sin querer—el pokemon soltó un suspiro de derrota y continuó—. No sé cómo el resto de los pokemon consiguió adaptarse a esa vida, pero yo no pude.

>>Cuando la casa estuvo convertida en un verdadero hogar vimos las noticias sobre la nueva liga en Sinnoh. Yo me moría de ganar por ir a competir, pero John decía que ya no participaríamos en más de esas competencias. Esto me sentó fatal, pero traté de tolerarlo lo mejor que pude. Poco a poco John fue liberando a varios de sus pokemon, fuera porque ellos querían irse o porque sentía que estarían mejor afuera. Recuerdo el día en que me ofreció que me marchara…

El pokemon volvió a sonreír con tristeza y desvió la mirada. Inspiró profundamente para pasar el nudo que se le cerraba en la garganta de recordar cosas que por años había intentado sepultar en lo más hondo de su memoria, y que cada día luchaban por volver a salir.

—Estaba muy triste, pero se esforzaba por mostrarse tranquilo. Me dijo…que comprendía que me sintiera mal encerrado y que eso no era para mí. Me confesó que él a veces también extrañaba salir y buscar batallas y entrenar, pero la vida apacible que tenía con Mónica era una que nunca hubiera soñado y le hacía feliz. Yo me negué de lleno a dejarlos…—dijo, frotándose las manos en su gesto habitual—amaba mucho a Mónica y John era…bueno; era mi mejor amigo. No podía imaginarme sin él. No sería lo mismo…así que me quedé—soltó, dejando caer los brazos a los lados y suspirando levemente—. Fue una mala decisión. Debí irme entonces. Habría vuelto a las batallas, tal vez por mi cuenta, pero ellos habrían sido felices estando juntos. Al menos todo el tiempo que hubiera sido posible.

— ¿Por qué?—preguntó Croagunk, extrañado— ¿Qué ocurrió?

El semblante de Toxicroak se ensombreció un poco mientras en su cabeza recreaba todas aquellas dolorosas memorias.

—Pasó un año tal vez…no sé qué habrá pasado conmigo, pero Mónica estaba cada día más preocupada por mi. Decía que me veía decaído y enfermo. Yo no me sentía enfermo, aunque la verdad no recuerdo mucho de lo que pasó entonces…solo sé que un día le sugirió a John que saliéramos una última vez a ganar la liga de Sinnoh y regresáramos a casa. Traeríamos el trofeo que nos faltaba y así al fin podría sentirme satisfecho con mis logros. Yo le pedí a Mónica que fuera con nosotros, pero ella quería quedarse en casa y así estar esperándonos con un gran festejo por nuestro triunfo—el pokemon soltó una risa apagada y negó con la cabeza—. Antes de que saliéramos ya estaba segura de que ganaríamos.

— ¿Se fueron entonces?

—Sí. John llevó a los últimos pokemon que le quedaban y nos marchamos. Prometimos que nos daríamos prisa…pero con cada nuevo enfrentamiento que aparecía en el camino, cada campeonato, por pequeño que fuera, me llamaba y yo me llevaba a John a él.  Tenía tanta sed de batallas y victorias…—soltó Toxicroak, cerrando con fuerza sus puños y bajando la cabeza. Sus hombros y brazos temblaron un poco por la furia y la tristeza que le causaba recordarse a sí mismo en ese entonces—que el viaje se alargó…más y más.

Tímidamente, Croagunk se le acercó y estiró sus manos para tocar las del otro e intentar tranquilizarlo. Toxicroak soltó sus puños fuertemente cerrados y dejó salir el aire contenido en su pecho.

—Llamábamos seguido a Mónica y le contábamos de nuestros avances—siguió diciendo el mayor, cuando se hubo tranquilizado—, pero con el pasar de los meses su semblante comenzó a decaer también. Como yo antes…solo que ahora era yo quien estaba feliz y rebosante de vida, mientras Mónica comenzaba a marchitarse lentamente.

— ¿Por qué?

—Al principio creí que era porque se sentía sola y estábamos lejos…pero después descubrí que eso solo contribuyó a lo que nos quitó a Mónica de nuestro lado.

— ¿Qué fue…?

—Cáncer.

Los ojos de Croagunk se abrieron sorpresivamente ante aquella palabra tan terrible. Tragó saliva con dificultad y sintió que las fuerzas lo dejaban por un momento. Toxicroak miró pesadamente al suelo durante un instante, luego retomó su explicación.

—Con cada nueva llamada Mónica lucía más y más apagada. John le pedía que se cuidara y fuera a ver a un doctor. Después supimos que ella lo había hecho hacía algún tiempo, y haciéndose exámenes médicos le detectaron cáncer de ovario. Aparentemente lo heredó de su madre.

— ¿Qué pasó entonces?—preguntó el menor un tanto alarmado.

— ¿Qué crees que ocurrió?—preguntó Toxicroak a su vez, con una leve mota de sarcasmo y tristeza a la vez en sus palabras—No nos dijo nada. No quería obligarnos a regresar y prefirió esperar. Lo mejor de todo es que yo en mi ambición por seguir volviéndome más fuerte y demostrar lo hábil que era seguí retrasando el viaje. Conseguimos seis medallas hasta que John no pudo soportar ver la imagen pálida y débil de Mónica a través del monitor y regresó a casa. Cuando se enteró de lo del cáncer de Mónica…rayos—soltó el mayor, cerrando los ojos—, nunca lo había visto así. Enfureció tanto porque ella no le dijera la verdad y porque nosotros estábamos afuera, malgastando el tiempo en vez de estar ayudándola a ella. Yo me sentí especialmente responsable, después de todo, fui yo quien se había llevado a John del lado de ella y quien lo mantuvo lejos de casa por casi siete meses. Me sentí responsable y miserable de haberle hecho eso a la mujer más importante de nuestras vidas. Así que entonces comenzó nuestra pelea contra la enfermedad de ella.

Toxicroak se detuvo un momento y contempló el cielo oscuro sobre sus cabezas. Aún quedaban unos lejanos rayos de sol perdiéndose tras las montañas, pero el viento ya soplaba brisas frías y Croagunk se frotaba las manos disimuladamente. El mayor se agachó y lo sostuvo en brazos, lo presionó con fuerzas bajo su bolsa roja y lo llevó adentro. El pokemon más pequeño se sintió reconfortado en brazos de él, pero un terrible pesar le inundaba y apagaba su felicidad de estar cerca de Toxicroak. El mayor no estaba mucho mejor.

Se sentó con la ranita a su lado en el lugar de siempre. Luego fijó sus ojos amarillos en los anillos cromados en sus dedos y los giró un poco como siempre hacía cuando intentaba distraerse. Croagunk esperó silenciosamente hasta que se decidió a hablar.

—John la llevó con cada especialista de la región y buscó todos los medios posibles para retrasar la enfermedad, pero ésta ya estaba avanzada para ese entonces. Mónica era una mujer frágil, y la soledad y la distancia que mis caprichos produjeron llevándome a su esposo de su lado ayudaron a que la enfermedad acabara más rápido con ella. Durante los últimos meses John dejó de ser él mismo, como si presintiera que el final estaba cerca. Mónica por el contrario parecía cada vez más tranquila…cuando los dolores no le causaban días de martirio y podía tener algunos minutos de paz. Yo por mi parte…—soltó el pokemon, sonriendo con su gesto apagado—cometí la estupidez de confiarme como siempre hacía y creer que todo saldría bien. Siempre lo decía: “todo saldrá bien”. Creía que la enfermedad de Mónica tendría un final sin imaginar que el final lo tendría ella. John me había explicado muchas veces la gravedad del cáncer, pero en mi cabeza no había cabida para la idea de perderla. Eso era imposible, me decía a mi mismo: las otras personas tal vez mueran, pero Mónica no. Yo estaba tan ciego entonces…nunca reparé en la palidez de su piel ni en sus huesos enmarcados. No veía sus ojeras oscuras ni su cabello marchito y descolorido…solo veía la tranquilidad en sus ojos y la serenidad que me traspasaba con su mirada. Siempre había sido así: Mónica era como yo en ese aspecto. ¡Creía que todo acabaría bien y en realidad se estaba muriendo!

El pokemon se llevó ambas manos a la cabeza y la presionó con fuerza, culpándose y reprochándose por estúpido, por ciego, por insensato y por egoísta. Sus ojos se mojaron nuevamente mientras la imagen de su amada entrenadora estaba clavada muy en el fondo de su mente.

—Cuando se despidió de John y de mi… ¡cuando cerró los ojos y se marchó…! ¡Recién lo vi!—exclamó— ¡Recién entonces me di cuenta de su piel demacrada y su cuerpo desnutrido! ¡Recién pude ver estas cosas, cuando su sonrisa ya no estaba ahí para esconder todo lo demás!

Se presionó con fuerza los ojos y la cabeza como si intentara desesperadamente borrar esa lúgubre imagen y recuperar la figura alegre y llena de vida de la Mónica que él quería tanto. Croagunk sintió temor de verlo en ese estado; intentó acercarse pero un nuevo gemido de dolor del otro lo hizo sobrecogerse.

— ¡John estaba hecho pedazos! Dios…cómo lloraba. Lloraba y gritaba su nombre y movía su mano como intentando despertarla… ¡Y yo no sabía qué hacer! No entendía qué estaba pasando, ¡¿por qué ella estaba muerta?! ¡Ella nunca había hecho nada malo, ¿por qué entonces tenía que pasarle?! ¡Era injusto, era demasiado injusto! Si no me hubiese llevado a John… ¡si no lo hubiera hecho!—gritó con tristeza y desesperación, con la cabeza hundida entre sus manos—Habrían atendido antes la enfermedad de Mónica: habríamos estado más tiempo juntos, ¡ella nos hubiera tenido para luchar y no sufrir sola todos esos meses! ¡¿Por qué, maldita sea?! ¡¿Por qué tenía que pensar solo en mí…?!

El pokemon se acalló repentinamente cuando sintió a Croagunk abalanzarse sobre él e intentar cerrar sus brazos alrededor suyo. Lo presionó con toda la fuerza de la que fue capaz, mientras sollozaba en su brazo y negaba con la cabeza.

— ¡No fue tu culpa!—exclamó— ¡No podías evitar que ella enfermara! Muchas personas mueren por esa enfermedad…

—Pero debí estar aquí. Debimos estar aquí—dijo el mayor, con su rostro humedecido y el pecho agitado por el llanto—. Le prometí que la cuidaría siempre: ella sabía que yo la cuidaría. Siempre lo había hecho y confiaba en que lo haría. Si hubiésemos estado aquí…

—No podías saberlo—dijo Croagunk, mirándolo hacia arriba con los ojos cristalizados—. Ella quería que tú y John vivieran una última aventura juntos. ¿Crees que hubiera sido capaz de quitarles eso?

Toxicroak se volvió a verlo mientras el pequeño seguía aferrado a él.

—Me dijiste que una vez reconoció que no quería interferir entre John y tú. Ella apreciaba el lazo entre ustedes dos tanto como tú lo haces. Si tanto la querían y ustedes a ella…es natural que no haya querido obligarlos a regresar, aún con lo mal que estaba. Y si tú y ella compartían la opinión de que todo saldría bien, obviamente se aferró a eso y esperó.

—Pero yo seguí retrasando nuestro regreso solo por buscar más victorias…

—No lo sabías—repitió Croagunk, negando con la cabeza—, porque si lo hubieras sabido, ¿no habrías regresado antes?

—Claro que sí—respondió Toxicroak decididamente.

—Ella también lo sabía, estoy seguro, y fue por eso que esperó hasta que ustedes terminaran su última liga: entonces los llamaría y ustedes regresarían de inmediato con ella, para compartirles su logro y tenerse a los tres para luchar…—soltó el pequeño, con la voz quebrándosele.

Toxicroak sonrió mientras las lágrimas volvían a humedecer su rostro y él decía negando con la cabeza.

—Ni siquiera le trajimos esa victoria que salimos a buscar…


Croagunk se abrazó nuevamente a él y Toxicroak lo recibió, presionándolo con fuerza entre sus brazos, llorando en silencio y desahogando toda la tristeza que había sentido al momento de perder a Mónica, y durante aquellos diez largos años en los que había intentado reprimir y hacer desaparecer tantos sentimientos de amargura y desolación sin conseguirlo. Croagunk sentía la pena del otro casi como si fuera la suya propia, no solo porque se trataba del dolor de ese al que amaba: la muerte de Mónica ahora era también parte de él, pues en aquellos meses fue desarrollando un cariño especial hacia ella, y había anhelado el día en que podría conocerla, aunque ahora ese día no podría llegar jamás. Los dos se quedaron largamente abrazados, hasta que la tristeza menguó y Toxicroak acarició con dulzura el rostro entristecido de su pequeño compañero, secando sus lágrimas, besándolo, pidiéndole disculpas y a la vez agradeciéndole el que hubiera sido él quien le hiciera desenterrar esos sentimientos tan dolorosos para obligarlos a dejar de una vez el nido que habían hecho en su corazón.

Continuará...

1 comentario:

  1. Hola

    Había esperado ver este capítulo y finalmente conocer toda la historia de lo que había pasado con Mónica, todos los sentimientos que se había guardado Toxicroak por tanto tiempo y lo lastimaban, y sobre todo, saber cómo reaccionaría Croagunk.
    Debo decir que una vez mas me has sorprendido. Nada de lo que creí que pudiera pasar sucedió. Creí que Toxicroak había matado accidentalmente a Mónica atacándola o algo asi, pero lo que sucedió fue muy diferente, y en cierta forma, muchísimo peor y más doloroso.

    Toda la explicación, la historia, todo lo que paso, como murió Mónica, lo que cada uno sintió… ¡Dios! Estaba demasiado bien escrito y detallado. Realmente mientras leía sentía toda la triste de Toxicroak y todo lo que paso. Es obvio que se sintiera terrible y es obvio como le afecto todo. Fue algo triste y sin exagerar y aunque suene cursi, casi lloro, no solo por todo lo que trasmitió este capítulo y toda la tristeza que carga, sino también porque me hizo recordar algo que paso hace mucho tiempo.

    “era el 2006 y mi abuela que vivía en otra ciudad se había enfermado. Habían llamado a mi papá una noche para ir con ella y yo quería ir a verla porque me preocupaba, pero tenía clase al día siguiente, y recuerdo que toda la noche espere que ella estuviera bien. Pero al día siguiente me dijeron que había fallecido y luego fuimos al funeral. En parte me sentía horrible porque me hubiera gustado haber estado con ella al final, pero afortunadamente tenia a mi familia y eso me ayudo en ese momento”.

    Sí, se no era necesario haber contado esto.

    Al final es bueno que por fin Toxicroak hubiera podido dejar salir todo eso que se guardaba para que Croagunk pudiera ayudarlo, y hablando de él, me sorprendió todo lo que dijo. No solo a madurado sino que se vio que si entendió a su amado y supo que decir para ayudarlo. Creo que a partir de ahora las cosas mejoraran para ambos, y ahora Toxicroak no parecerá que oculta algo sino que ahora será completamente feliz.

    Fue capitulo triste, pero que al final se sintió bien por el apoyo que la ranita le dio al otro.

    Ahora me pregunto que más pasara, y por cierto ¿Cuántos capítulos más harás? No puedo evitar preguntármelo.

    Nos veremos hasta la próxima y espero que estés muy bien.

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