Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#11. Canción de las olas.
Ese
día, Kyogre no salió a recorrer el océano como generalmente hacía. Desde que
había despertado hacía un par de meses, había notado que los seres humanos
ahora cazaban animales marinos de manera indiscriminada, no como solían hacer
en la antigüedad. Cazaban por toneladas, no para el sustento diario, y esto al
pokemon azul le parecía despreciable. Siempre tenía un ojo puesto en los barcos
de pesca industrializada y los saboteaba cada tanto cuando pasaban los límites
de paciencia del gran pez azul. Pero ese día no salió, por lo que los pokemon
marinos debieron velar por sus propias vidas ante la ausencia de su guardián.
Después
de su encuentro con Groudon, el pokemon de agua regresó a su caverna submarina,
a muchos kilómetros de profundidad, en lugares donde la presión era
exageradamente alta y la luz apenas llegaba. Pocos eran los pokemon que vivían
en aquellas zonas, y contadas veces se veía la presencia humana por allí.
Kyogre se resguardó tras las paredes de roca y dejó salir todo el sufrimiento
que aquel encuentro le había acarreado. Sintió tantas cosas contradictorias,
que por un momento deseó desaparecer de la faz del planeta y no tener que
albergarlas en su interior.
Despreciaba
profundamente a Groudon por el dolor que le había causado con su indiferencia,
cuando por fin había intentado hacerle entender los sentimientos que le tenía.
A su vez, lo disculpaba a sabiendas de que el pokemon rojo en verdad era muy
ingenuo y ciego con esa clase de cosas, y que probablemente no había caído en
cuenta de las intenciones suyas. Luego volvía a contradecirse: había sido
demasiado obvio para cualquiera, y Groudon simplemente no había correspondido a
sus sentimientos. Como se llevaran muy bien, o tal vez por alguna otra razón,
el pokemon de tierra no había querido rechazarle de lleno y simplemente había
llenado esa frase con silencio.
Como
fuere, Kyogre se sentía herido como nunca antes. Jamás había desarrollado
sentimientos de afecto semejantes por nadie, ni siquiera por su hermano
Rayquaza, a quien tanto admiraba y quería. No. Estos sentimientos eran por
entero diferentes y nuevos, y Groudon los había dañado con o sin intención.
Sintió deseos de abandonar al pokemon en su isla y no volverle a ver, para que
no le dañara de nuevo nunca más. Pero en lo más profundo de sí, deseaba volver
a él e intentar ganar su cariño de un modo u otro. Su caricia había sido lo más
especial que había tenido en muchos años y quería volverla a experimentar.
Esa
misma tarde, Groudon se quedó mirando el horizonte, también pensando en la
situación ocurrida aquella mañana. Estaba todavía más desconcertado que el
otro, pues al menos Kyogre sabía lo que sentía. Él ni sabía lo que el pez
guardaba dentro de sí, ni sabía si es que él sentía algo parecido o al revés.
Estaba exactamente como en su isla: varado y sin tener idea de a donde ir.
Comenzó a poner las cosas en orden mientras hablaba consigo mismo: él le tenía
cierto afecto a Kyogre, pero solo en el sentido de que apreciaba sus visitas y
toda la ayuda que le había dado. No estaba acostumbrado a tanta amabilidad, así
que le agradaba mucho esa faceta del pokemon azul, aunque a veces le confundía.
Eso
era todo…o eso era lo que al menos él alcanzaba a dilucidar. Si Kyogre nunca
hubiera aparecido en su vida, él seguiría exactamente como hasta ahora. Claro,
con las obvias diferencias de su isla y la tranquilidad que tenía estando en
solitario. Sin embargo todas estas conclusiones no lo dejaban tranquilo.
Levantó su mano, esa con la que había alimentado al pokemon pez y recordó el momento
en que el otro se había quedado allí, echado en su palma y temblando. ¿Por qué
temblaba? ¿Estaba asustado? ¿De qué? ¿Por qué le observó luego de aquella
manera? Con tanta ansiedad y…y algo que él no podía nombrar, porque lo
desconocía enteramente. Pero la pregunta que no dejaba de golpear en su cabeza
era, por qué lo había hecho. ¿Qué había intentado con aquel gesto?
Groudon
cerró su mano y regresó la mirada hacia la lejanía. Se lo preguntaría mañana,
cuando el pokemon marino viniera a visitarle como cada día. Lástima que se
equivocaba esta vez en su suposición.
Kyogre
no vino al día siguiente. Groudon le esperó sentado en la orilla, con el agua
mojando sus patas y el sol entibiando desde arriba. El viento salado soplaba
apaciblemente y movía la superficie del mar, pero Kyogre no aparecía. Se echó
cerca a dormir un rato, imaginando que el otro vendría en algún momento y le
despertaría, pero no ocurrió. Atardeció, anocheció, y Kyogre no apareció.
“Será mañana”—pensó el mayor con un
suspiro.
Le
costó dormirse, pensando en porqué el otro no habría venido. A la mañana
siguiente despertó de un sobresalto y lo primero que hizo fue mirar hacia el
mar: no había señales del pokemon azul, por lo que Groudon se echó nuevamente a
esperar. A ratos se distraía mirando a los Wingull volar y graznar, sumergirse
y salir con pequeños peces en el pico, regresar a la isla y comer con
tranquilidad. ¿Cuándo se irían esos, por cierto? Él no recordaba haberlos
invitado.
Aguardó
con la mirada puesta en el horizonte, llamando mentalmente a Kyogre para
preguntarle… ¿Por qué no venía? ¿Le habría pasado algo? ¿Se había ido a
recorrer un océano lejano y no le había avisado? ¿Sería por…?
El
pokemon bajó la cabeza y pensó en aquella posibilidad: ¿sería que no venía por
lo ocurrido dos días atrás? Realmente le pareció percibir unan gran tristeza en
el pez azul en el momento en el que se habían separado. ¿Qué era lo que le
había afectado tanto? Groudon lo desconocía, pero igualmente se disculparía si había
cometido algún error. No era lo suyo pedir perdón a nadie, pero considerando
que se trataba del pokemon que le había ayudado tanto…
Se
puso de mal humor y regresó isla adentro para dormir. Al tercer día ya se le
había agotado la paciencia esperando a Kyogre. Miraba a lo lejos, con su coraza
roja encendida y sus dientes apretados. ¿Dónde estaba? ¿Por qué se había ido
sin decir nada? ¿Acaso y por lo último ocurrido entre ambos repentinamente se
había ido para no volver? ¡Ni siquiera sabía qué era lo que había hecho
mal y no le estaba dando oportunidad a
disculparse!
El
pokemon avanzó un par de metros mar adentro con su cuerpo echando vapor
hirviente al contacto con el agua. Inspiró profundamente y rugió al océano:
—
¡KYOGRE!
Esperó
un largo momento, pero nada ocurrió. Enfureció todavía más y volvió a llamar,
esta vez más fuerte. Conforme más tiempo pasaba enfurecido, más intensos se
volvían los rayos de sol y más calientes caían sobre la arena, la flora de la
isla y el agua. Los Wingull se escondieron bajo las hojas grandes de los
árboles ante el aplastante calor que rápidamente invadió el lugar. Groudon
siguió llamando el resto del día, atormentando a su isla y a varios millas de
océano alrededor con el calor infernal de su furia.
Cuando
se quedó finalmente sin voz, regresó con paso estruendoso al interior de la
isla, justo al centro de ésta, al lugar más alejado de la orilla y se echó a
dormir. Las plantas y el pasto que recibieron su pesado cuerpo se quemaron y
marchitaron al más leve contacto, y toda aquella parte del jardín murió
mientras el resto comenzaba a quemarse lentamente bajo el sol. Si Kyogre no quería volver a
verle, pues él podía facilitarle las cosas.
Todo
esto no pasó desapercibido para las criaturas que vivían en los alrededores,
por cierto. Había una en particular que tenía un ojo puesto en aquella
situación, y mandó a los pequeños Wingull a dar aviso a los seres del mar que
flotaban por allí cerca. Los Squirtle y Wartortle recibieron el mensaje y
nadaron a la profundidad. Los Sharpedo avisaron a los Lanturn y estos avisaron
a los Relicanth, que eran las criaturas que podían acercarse sin dificultad a
las zonas abismales en donde vivía Kyogre. Le contaron cómo Groudon había
estado todo el día llamándolo, enfurecido, y azotando a la superficie con sus
potentes rayos solares. El pokemon azul se sobresaltó: no imaginaría que eso
ocurriría, aunque tratándose del temperamento de alguien como Groudon debió esperárselo.
Su hubiese conservado sus recuerdos de hacía miles de años habría previsto
aquello, pero como no era el caso…
—Gracias
por venir a avisarme—soltó el pokemon pez, mientras los otros asentían y se
marchaban.
Ahora
quedaba la cuestión de qué debía hacer él: no había querido ir a ver a Groudon,
dolido por lo ocurrido días atrás. Sentía que había cometido un terrible error
al intentar hacerle ver lo que estaba sintiendo por él, pero ahora las cosas
parecían ponerse peores, y no sabía cual sería la reacción del pokemon de
tierra cuando lo viera. Con todo, el legendario creador del mar se obligó a hacer
el intento por arreglar las cosas.
Nadó
hacia la superficie cuando ya era noche cerrada. Se acercó a la orilla y llamó:
—
¡Groudon!
No
obtuvo respuesta. Esperó un largo momento pero nada ocurrió. Volvió a
intentarlo pero luego se resignó, imaginando que el pokemon estaría
profundamente dormido. Aguardó en su lugar hasta la mañana, sintiendo con los
primeros rayos de sol el intenso calor abrasivo del que los pokemon marinos le
habían hablado. Con las primeras luces pudo apreciar el estado de la isla: las
plantas comenzaban a marchitarse, quemadas por el intenso sol. Sintió una gran
tristeza por aquellas hermosas flores y árboles, tan rebosantes de vida hacía
tan poco, y ahora muriendo de calor. Llamó a Groudon incansablemente,
recorriendo los alrededores de la isla por mar sin dar con él. Nunca lo
encontraría, pues el pokemon se encontraba en la parte más lejana de la orilla,
allá donde tampoco podía escucharle.
Pero
no estaba solo. Los Wingull que habían escuchado los llamados de Kyogre
salieron de su escondite bajo las hojas, volaron por encima del pokemon rojo y
le llamaron: intentaron pararse sobre su coraza y picotearle para llamar su
atención, pero el calor que todo el cuerpo del pokemon exhalaba hacía imposible
que las aves pudieran acercarse demasiado. Volaron hasta la orilla y le
contaron de esto a Kyogre.
—Está
muy molesto…—concluyó el enorme pez con desazón.
Agradeció
a las pequeñas gaviotas y les envió de regreso a su escondite. Se quedó allí
largamente pensando en qué debía hacer, y sin poder pensar en alguna solución,
se sumergió una última vez y de un impulso salió por encima de la arena. Estaba
muy caliente y lastimaba su piel, pero se obligó a hacer el esfuerzo y echó a
andar. Utilizaba sus grandes aletas para arrastrar su gran y pesado cuerpo en
dirección al centro de la isla. Fue una tarea ardua y agotadora: sentía que
jamás llegaría con el pokemon rojo, especialmente por el terrible calor que se
sentía conforme se acercaba al lugar. Se detuvo varias veces, agotado, pero
esto resultaba peor pues el sol quemaba sobre él y le lastimaba, por lo que
nuevamente reemprendía la marcha.
Cuando
finalmente lo divisó sintió un tremendo alivio y a la vez algo se le agitó por
dentro. No se había dado cuenta de lo mucho que había extrañado aquella imagen
roja en todos esos días. Creía que estaba mejor así, sin verlo, pero se dio
cuenta de su error al tenerlo a poco metros, durmiendo apaciblemente y ausente
de todo lo que ocurría.
Kyogre
vio el pasto y las plantas quemadas a su alrededor, y comprendió lo furioso que
había estado el pokemon en aquellos días de su ausencia. Esto le asustó: sintió
deseos de dar la vuelta y desaparecer. Imaginó cómo reaccionaría Groudon cuando
despertara y lo viera. Seguramente le gritaría o le diría cosas hirientes por
haberlo dejado sin ninguna razón aparente. Si la primera vez se había molestado
porque lo había dejado hablando solo por un día, no imaginaba lo que pasaría
esta vez.
Se
arriesgó de todos modos: ya estaba triste por causa del pokemon rojo, y si
conseguían ponerle fin a aquella extraña relación, a la que ni siquiera sabía
si tildar de amistad, sería lo mejor para ambos. Avanzó un poco más hasta estar
cerca de Groudon y lo llamó.
—Oye,
Groudon…Groudon—dijo, sin conseguir que el otro despertara.
Siguió
intentándolo, sin saber que el mismo calor que el pokemon de tierra había
provocado era el que le mantenía en aquel sueño tan pesado. No por nada Groudon
se iba a dormir a las cavernas magmáticas donde hacía más calor para inducir un
sueño más profundo y reparador.
Cuando
se convenció de que el otro no le estaba ignorando, Kyogre levantó con su
cabeza uno de los brazos de Groudon y se echó bajo éste, muy apegado a su
cuerpo caliente. Si bien era cierto que había buscado el tacto del pokemon
desde hacía algún tiempo, no era un abrazo de fuego lo que había tenido en
mente, pero era probablemente lo único que conseguiría antes de que Groudon lo
despidiera para siempre de su lado. Esto le sentó muy mal, pero le dio motivos
para estar feliz allí, junto a ese al que había aprendido a querer después de
no haber querido de aquel modo a nadie antes.
Continuará...
Oh… Dios… Mío
ResponderBorrarSi el capítulo 11 de Heridas me había conmovido, este lo hizo aún más.
Ahora sí puedo decir que quede sin palabras.
Realmente como se desarrolla todo, y como se muestra como todo lo del capítulo anterior los afecto fue increíble. A Kyogre sí que le afecto demasiado, no solo porque Groudon había sido indiferente a lo que trato de mostrarle (aunque no fuera su intención) sino porque tenía demasiadas dudas, demasiados sentimientos encontrados… muchas cosas.
Y aunque Groudon aun sea ingenuo para esas cosas, siente tanta confusión como él.
Se supone que a veces alejarse para dos personas puede ayudar. Con ellos eso no sirvió, y las consecuencias se vieron en la destrucción de lo que se había construido en la isla que era un símbolo del trabajo de ambos.
La escena del final fue increíble. Kyogre que le costaba moverse en tierra y evitaba hacerlo, ahora lo hace, y llega más lejos de lo que podría y creía que llegaría, y finalmente está al lado de Groudon.
No sé lo que podría ocurrir después, pero es posible que ambos tengan una larga charla. Ahora que lo pienso… si Groudon despide tanto calor, y Kyogre se queda a su lado, se va a lastimar más. Cuando Groudon lo vea…creo que simplemente pasaran muchas cosas por la mente de Groudon y Kyogre le diga directamente lo que siente.
Y… ya, es todo lo que tengo que decir. No encuentro más palabras para decir lo mucho que me gusto este capítulo o para describir más cosas, y lo mucho que me hizo sentir.
Fue algo increíble, y espero ver que ocurrirá en el próximo. Espero que al final la isla se restaure, y de hecho… se mejore y sea aún más viva que antes.
Nos vemos, que estés muy bien.