3 de junio de 2014

#3 Heridas

Notas de la autora:

En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).

#3. Heridas.

Sobre la mesa de madera y cubierta de cristal había una bandeja plateada con pequeños bollos, una taza ahora vacía, y una lata de jugo. Croagunk acabó de masticar y tragar el tercer bollo que se comía bajo la atenta mirada de su acompañante, quien no había probado ni uno solo.

— ¿Tuviste problemas con tu entrenadora para venir?—preguntó Toxicroak.

El otro negó con la cabeza y alcanzó su jugo.

—Se sorprendió un poco cuando le dije que iría a visitar a alguien, pero igualmente cedió de inmediato. Me vino a dejar en su auto.

—Realmente no sales mucho—volvió a decir el pokemon más alto, recargando su cabeza en una mano y el brazo en el respaldo del sillón.

Croagunk se sonrojó sin decir nada. El otro sonrió ante su gesto.

— ¿Puedo preguntarte algo?—dijo el menor volviéndose a verlo.

—Lo que quieras.

— ¿Dónde aprendiste a tocar el piano?

El aludido ladeó un poco la cabeza. Se quedó varios segundos en silencio, como poniendo en orden su respuesta, o evitando que se le escaparan detalles innecesarios.

—Fue hace muchos años. La esposa de John me enseñó cuando estaba en tu nivel.

—Ya veo. Debe ser muy buena en ello.

—Lo era. Fue una de las mejores cosas que me dejó.

Croagunk se mostró algo confundido de pronto, y al notar que iba a preguntarle algo, el mayor preguntó a su vez:

— ¿Te gusta tocar el piano?

El otro se contuvo la duda y luego asintió.

—Sí. Siempre me ha llamado la atención…aunque no soy muy bueno como habrás notado—dijo, apenado.

—Mejorarás. Se te dio fácil aquella vez. Si quieres puedo seguir enseñándote.

— ¿De verdad?—preguntó el otro, con las mejillas levemente prendidas.

—Por supuesto. Me encantaría.

La ranita bajó la mirada y después de beber de su jugo, lo dejó sobre la mesa y se quedó viendo sus pies colgar desde el sillón. Se percató de que el otro le miraba fijamente, por lo que no se atrevió a mirarlo a su vez.

— ¿John no está?—preguntó de pronto y mirando en rededor.

Toxicroak negó con la cabeza y ese algo misterioso volvió a aparecer en su mirada y en su sonrisa apagada.

—Está casi todo el día afuera. Regresa muy tarde.

—Ya veo. ¿No tiene otros pokemon?—el mayor volvió a negar— ¿No te sientes solo?

—Mucho. Pero siempre encuentro algo en lo qué ocuparme.

—Entiendo…su casa es muy bonita—dijo, mirando la estancia y sonriendo—. Debe irle muy bien en su trabajo.

—Así era. Por ahora no está trabajando, pero tiene suficientes ahorros como para esta y una próxima vida.

Croagunk rio levemente y sus mejillas anaranjadas se hincharon y deshincharon. Toxicroak sonrió a su vez y estiró su dedo, hundiendo una de sus mejillas suaves y mullidas, sonrojando al menor. Al dejar su mano sobre su rodilla, Croagunk no pudo evitar volver a fijarse en los picos recortados de las manos del pokemon. Esto le causaba mucha extrañeza y curiosidad, pero no intentaría preguntar de nuevo.

—Quiero saber de ti—dijo el mayor, acomodándose un poco—. ¿De donde eres?

—De Johto—respondió el pequeño, sonriendo de recordar su hogar—. Vivía en los alrededores de ciudad Trigal.

—Es un bonito lugar.

— ¿Has ido allá?—el otro asintió— ¿Cuándo?

—Hace muchos años. John y yo recorrimos la región. Fue divertido.

—Vaya…yo no he viajado más que desde Trigal hasta acá. Y dentro de una pokebola—dijo la ranita, riendo con cierta pena.

—Tal vez algún día Molly y tú se vayan de viaje a recorrer alguna región, o te lleve con ella en algún paseo. Parece del tipo de chica que le gusta salir mucho.

—Lo es. Aunque no le gusta eso de viajar para entrenar.

— ¿A no?

—No. Solo me tiene de mascota.

— ¿Y eso te incomoda?

—No me molesta…pero me gustaría mucho que me llevara a entrenar o a luchar contra otros entrenadores. Me aburro mucho en casa a veces.

—Puedes venir a verme cada vez que te sientas aburrido—le invitó el pokemon mayor—. Me encantaría tenerte por aquí, y así además podríamos practicar con el piano.

Esta idea gustó mucho a Croagunk, quien asintió enérgicamente. Toxicroak estiró su mano y la puso sobre su cabeza en un leve gesto cariñoso. El más pequeño se coloreó un poco como le pasaba con cada pequeña muestra de afecto que el otro le daba, y haciendo un esfuerzo por vencer su timidez, se acercó lentamente hasta que estuvo contra el pecho del otro y sintiendo su bolsa rojiza bajo la camisa, subiendo y bajando con cada inspiración que daba.

Tembló de emoción cuando Toxicroak lo levantó levemente y lo sentó sobre su pierna, rodeándolo con sus brazos y presionándolo contra él. Croagunk nunca se había sentido más protegido y a gusto que estando allí. Cerró los ojos y sonrió plácidamente, feliz de haber conocido a alguien que le regalaba su cariño sin que se lo pidieran y sin motivo aparente. El mayor acarició lentamente su cabeza y espalda, con su rostro rozando al otro y sintiendo aquel particular sonido parecido a un ronroneo que emitía la ranita desde sus mejillas henchidas por la felicidad. Sonrió y se quedó largamente con el pokemon acurrucado contra él.

Pasaron varios minutos cuando Toxicroak pareció despertar del suave trance e hizo ademán de levantarse.

—Ven—le dijo al otro, poniéndose de pie—, hay algo que quisiera enseñarte.

Croagunk asintió y se bajó del sillón, siguiendo al otro por un largo pasillo que conectaba un salón con otro. Vio una alta escalera y también la sala de música. Varios pasos más adelante vio otra sala con las puertas abiertas, y se detuvo en seco al notar que era un salón lleno de trofeos, reconocimientos, fotografías y medallas. Muchas medallas.

Toxicroak no se percató de que el otro se había quedado parado en las puertas del salón hasta que éste le llamó.

—Toxicroak—dijo, deteniéndolo—, ¿Qué es este lugar?

El aludido regresó varios pasos y observó al interior. Tuvo que esforzarse por no delatar su pesar mientras ingresaba a la sala con su pequeño acompañante, quien observaba todo con sus ojos muy abiertos y asombrado de tanta maravilla. Las paredes lucían elegantes estantes y repisas repletos de arriba abajo con todo tipo de trofeos. Había grandes cuadros con fotografías en donde un joven que se convertía en hombre posaba siempre con diferentes equipos de pokemon, y uno de ellos se repetía desde la fotografía más antigua hasta la última que se tomaron. Ese pokemon era el mismo que ahora caminaba al lado de la pequeña rana, quien no daba crédito a lo que veía.

Medallas de diversas regiones. Trofeos, campeonatos, ligas completas. Eventos, torneos, poke-concursos. En todas siempre estaba él al lado de su entrenador, consiguiendo ambos los primeros lugares en todo lo que se habían propuesto. Croagunk no tuvo dificultad para imaginar que el joven que se hacía hombre en las fotografías era John. Se detuvieron ante una gran copa de resplandeciente brillo dorado que tenía grabada la victoria de la liga de Teselia. En la fotografía John no aparentaba más de treinta años.

—Ese eres tú—dijo el menor, mirando de una vez todas las fotografías en donde aparecía el mayor.

—Así es—respondió Toxicroak sin mucha emoción en su voz

—Eres…eres un campeón. John y tú…

—No. Ya no lo somos. Lo fuimos una vez hace muchos años.

—Pero…

Croagunk no sabía qué pensar. Quedó más desconcertado todavía al mirar fijamente la fotografía, y ver que las manos de Toxicroak lucían completamente normales, no mutiladas, como ahora. Levantó la cabeza y se quedó viendo a aquel misterioso pokemon que repentinamente volvía a presentársele como un completo extraño, preguntándose quién era él en realidad.

Continuará...

1 comentario:

  1. OK, no esperaba ver tan pronto un nuevo capítulo, aunque me gusto.

    Mientras más leo, más simpatía le tengo a este par, en especial a Toxicroak. No sé, pero él se me hace tan simpático, amable, cariñoso pero sin ser molesto, y da muestras de afecto cuando es necesario. Parece el tipo de sujeto con el que se podría pasar un rato agradable simplemente hablando. Y Croakgunk también es muy simpático. Es joven y aún muy tímido pero se nota que estar con el otro le agrada y acepta sin mostrar molestia o enojo las muestras de afecto y por fin puedo superar un poco su timidez y corresponder una de esas muestras.

    Me gusto la escena de cuando van al salón y lo ven lleno de premios, pero toda la escena que para Toxicroak ese lugar ya no es un lugar lleno de cosas por las cuales sentirse feliz, sino una especie de cementerio donde está todo lo que alguna vez fue y que perdió. Sería algo así como ver un álbum de fotos de cuando uno fue niño. Si uno tiene una buena vida, ver esas fotos produce alegría, pero si uno vive triste, ver esas fotos produce tristeza por todo lo que de alguna forma se perdió y como cambiaron las cosas. Creo que eso le pasa a Toxicroak. Y lo de las puntas cortadas… aún tengo dudas de eso, pero si las tuvo años atrás, algo horrible tuvo que pasarle (creo que tal vez John se las quito por X motivo).
    Obviamente Croakgunk debe tener muchas dudas, pero seguro que con tal de resolverla, y porque le agrada Toxicroak, seguirá a su lado.

    En verdad me gusta la química entre esos dos. Son algo diferentes, pero tienen muchas cosas en común. Se sentían solos, apenas se conocieron y en un poco tiempo se ven muy unido. Aun Toxicroak y Croakgunk no son pokemon que me agraden, pero los de este fic se me hacen interesantes, e incluso adorables. Espero ver que más les pasara.

    Gran capitulo, Nos vemos.

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