Notas de la autora:
En el siguiente fic se utilizarán OC para los personajes de Pokemon. Algunos (legendarios) están basados parcialmente en sus versiones originales. En algunas historias los personajes se encuentran en situaciones que no corresponderían a un escenario común para Pokemon. Solo los capítulos con el mismo nombre y tag (#) de numeración continúan. Aquellos sin numeración solo son OS apartes de la trama. Para ver todo el listado de capítulos, buscar en el menú a la derecha y hacer clic sobre el shipping deseado. Son muy apreciados los comentarios y opiniones. Se puede postear sin tener cuenta en blogger (de forma anónima).
#2. Heridas.
Se habían conocido
hacía poco menos de un mes. Toxicroak acompañaba a su entrenador en una de esas
pocas ocasiones en las que el hombre estaba despierto y sobrio, solo para poner
una denuncia en las oficinas municipales sobre la mala recepción que había
tenido la noche anterior en un importante evento social que se había llevado a
cabo en beneficio de la ciudad, y del cual él estaba en derecho de participar.
Mientras aguardaba
de pie a que su compañero terminara de dejar su larga queja y sobre el aporte
que él pudo haber proporcionado, y que naturalmente ya no iba a proporcionar a
esa ciudad, una joven de veintipocos años entró al edificio, quejándose en altavoz
de que le habían remolcado el auto mientras ella estaba en un asunto
importante. Toxicroak no alcanzó a enterarse del asunto, pero era algo relativo
al mal estacionamiento y a una peluquería. La muchacha era de alta sociedad: se
podía evidenciar en su ropa de diseñador, sus zapatos brillantes y su cartera
de piel. Lástima que sus modales no iban del todo acorde con alguien de su
categoría. Traía un pequeño pokemon bajo el brazo, y en cuanto lo dejó en el
suelo para discutir con el desgraciado agente que debía atender su problema,
Toxicroak lo vio.
Se decía que los
Croagunk desarrollaban una personalidad inversa a la de sus entrenadores. Pues
bien, este evidenciaba esta teoría a todas luces, pues se trataba de un pokemon
callado, sumiso y que se sorprendía con cierta facilidad, a diferencia de su
compañera, de temperamento fuerte, modales agresivos y evidente aire de
superioridad.
En cuanto lo vio,
Toxicroak sintió algo de lástima por él: tan pequeño y de aire afable con una
entrenadora tiránica como la suya. El Croagunk observó a su humana con cierta
preocupación, pero considerando que no iba a conseguir atención por parte de
ella, observó el lugar y se topó con él. Ambos pokemon se miraron por varios
segundos, hasta que el más grande le hizo un gesto con la cabeza que parecía
decir “hola”. El aludido levantó tímidamente la mano y regresó el saludo, como
inseguro de si debía responder o no. Luego volvió la cabeza para no prestar más
atención, pero Toxicroak lo sorprendió varias veces mirando en su dirección. Se
hizo el desentendido y luego perdió de vista al pequeño, cuando su entrenador
le llamó para que regresaran al auto y volvieran a casa.
Toxicroak se quedó
pensando largamente en el tímido y dócil Croagunk, en parte recordando cuando
él todavía estaba en aquella etapa, y también lamentándose por la situación del
más pequeño. Luego se dijo a sí mismo que tal vez el otro estaba pasando por
mejor situación que la suya, considerando que al meno su entrenadora lo cargaba
y lo llevaba con él a la peluquería, o eso supuso él. Toxicroak podía contar
con los dedos de una mano la de veces que pasaba tiempo con su entrenador en el
mes. Había veces en que no lo veía por días, fuera porque el hombre se perdía
en fiestas, visitas y burdeles, o porque regresaba a tan altas horas de la
noche que Toxicroak no podía esperarle con los ojos abiertos.
Se quedó con la
imagen del pokemon durante algún tiempo, con su expresión tímida y la pequeña
chaqueta con que su entrenadora lo había ataviado ese día. Algo tenían los
humanos que necesitaban asemejar a los pokemon a ellos mismos, fuese
vistiéndolos o comprándoles adornos de cualquier tipo, como era el caso suyo
con los anillos, las camisas y los abrigos. Después de varios días la situación
pasó al olvido, pero nuevamente volvió a encontrárselo en medio de la ciudad,
cuando una noche su entrenador lo llevó con él a una fiesta en los barrios
altos.
El pokemon sencillamente
no era amigo de esa clase de cosas, pero jamás desperdiciaba una oportunidad de
pasar aunque fuera un breve rato con su entrenador. Éste únicamente lo llevaba
para que la consciencia no le molestara cuando estaba lo suficientemente lúcido
para recordar que su compañero lo esperaba pacientemente solo en casa.
Al lugar acudieron
muchos personajes de sociedad acompañados de sus pokemon, todos como él, con
trajes, adornos y buscando compartir algo de aquellos entrenadores que los
traían como pequeños juguetes refinados. Muchos de esos pokemon emulaban
perfectamente las actividades, gustos y gestos de sus criadores. Otros sin
embargo, solo se dedicaban a esperar mientras sus compañeros hacían vida social
olvidándose de ellos. Desgraciadamente él caía en este segundo grupo, por lo
que se dedicó a recorrer la gigantesca casa en la que se había realizado dicha
fiesta y encontrando al pequeño en uno de los salones.
Al principio pensó
que solo era otro Croagunk. ¿Qué posibilidades había de encontrarse dos veces
con el mismo pokemon en una ciudad tan grande y en un evento de esa categoría?
Y sin embargo allí estaba: tímido y callado como cuando lo vio la primera vez.
Algo en él se sintió sumamente feliz y a gusto de encontrar aunque fuera una
cara conocida a la que había visto tan solo por breves minutos.
El pokemon estaba
sentado frente a un gran piano de cola, observando ensimismado la tapa que
cubría las teclas y casi deseando que ésta se levantara sola o por acción de su
mente. Toxicroak se acercó y le observó, aunque el menor no reparó en él hasta
que éste levantó la tapa y las teclas relucieron bajo las luces. Se volvió
repentinamente como pillado en falta.
— ¿Tocas?—preguntó
Toxicroak.
El otro negó con la
cabeza, con su expresión temerosa. El mayor se movió y compartió el asiento
donde estaba acomodado el más pequeño. Éste hizo ademán de irse, pero el otro
le contuvo con una mano en la cabeza.
—No es necesario
que te vayas—le dijo—. Iba a tocar algo para ti.
Croagunk se mostró
dubitativo, pero la amabilidad del otro consiguió comprar algo de su confianza
y se quedó. Toxicroak tocó una canción que había aprendido hacía años, cuando
era pequeño. Llamó la atención de algunos de los que estaban allí, pero
rápidamente estos volvieron a sus conversaciones y chismes, devolviéndoles su
privacidad a los otros dos.
La ranita observó
con extrañeza las manos del otro: no fueron los anillos cromados los que
llamaron su atención ni la facilidad con la que tocaba, sino otra cosa.
—Los picos de tus
manos…—soltó el menor, extrañado de lo que veía. O no veía.
Toxicroak dejó de
tocar en el acto, sorprendido. Luego bajó las manos y las frotó, allí donde los
picos rojos estaban cortados y pulidos. Solo parecían dos manchones rojos en el
dorso.
— ¿Qué te
ocurrió?—preguntó Croagunk.
El otro sonrió
levemente con ese “algo” que capturó la atención del menor, y que apenas había
alcanzado a notar la primera vez que se habían visto.
—No es una historia
que me guste contar…
Croagunk dio un
respingo, percatándose de su indiscreción.
— ¡L-lo lamento!
¡No debí preguntar!
—Está bien. No
tienes que disculparte.
—Es que yo…
—Te vi hace varios
días—dijo el mayor, cambiando su expresión por una emocionada—, en la oficina municipal.
Ibas con tu entrenadora, ¿verdad?
El otro se sonrojó
levemente, tal vez por lo vergonzoso de la escena pasada, o porque ese extraño
le recordara y reconociera desde hacía tiempo. Él debió fingir que lo había
olvidado, pero como no era bueno mintiendo…
—Así es—respondió
al fin—. ¿Cómo es que te acuerdas?
Toxicroak sonrió,
preguntándose lo mismo.
—No lo sé. Supongo
que le di mucha importancia a ese encuentro.
— ¿En
serio?—preguntó el otro— ¿Y eso porqué?
—Tal vez por la
misma razón que tú—contestó el mayor, mirándole—. También te acuerdas de esa
breve ocasión en que nos vimos.
Croagunk se sonrojó
enteramente ante su obviedad. Desvió la mirada, a ver si dejaba de ponerse en
evidencia, pero el otro ya había captado lo inexperto que era en esa clase de
cosas.
— ¿Te cuesta vivir
con ella?—preguntó Toxicroak, volviendo a tocar.
— ¿Con Molly? Un
poco…es demasiado extravagante y quisquillosa…y es bastante consentida. Pero en
el fondo es una buena chica. Sigue siendo una niña…
— ¿Hace mucho eres
su pokemon?
—Solo desde hace
dos años.
— ¿La quieres?
El otro asintió con
la cabeza y expresión apenada. Toxicroak sonrió cálidamente.
—Eso es lo
importante.
—Tú vives con ese
hombre de la otra vez, ¿cierto?
—Así es. Se llama
John. Un nombre bastante común, ¿no?
—Sí. ¿Hace cuanto
vives con él?
Toxicroak levantó
la cabeza sin dejar de tocar. No podía decir con exactitud cuantos años.
—Ya perdí la
cuenta.
— ¿En
verdad?—preguntó el más bajo, sorprendido y casi alarmado.
—Sí. Me hizo su
pokemon cuando era muy joven. Tendría tal vez unos catorce años más o menos…hoy
ya tiene más de cuarenta.
—Es fantástico—dijo
Croagunk, sonriendo con cierta dulzura—. Tú y él deben ser amigos íntimos.
Inseparables.
El otro no
respondió a esta afirmación. Si bien era cierto que en el pasado John y él
habían sido precisamente así, íntimos e inseparables, hoy en día eran casi
extraños.
—Me gustaría llegar
a pasar tanto tiempo con Molly como tú y John.
— ¿Ah sí?—preguntó
el otro con interés.
—Sí. Molly tiene
muchas amigas, pero solo le dan consejos de moda y sobre chicos. Ninguna le
ayuda cuando discute con sus padres o cuando se deprime. Me cuenta todas sus
cosas…yo quisiera ayudarla pero no sé mucho sobre eso…
—Yo sé lo que es
eso—dijo el mayor, acabando la pieza y volviéndose a ver al más pequeño—. Mi
entrenador ha pasado por situaciones en las que me he visto incapaz de
ayudarlo. Es muy difícil y doloroso.
—Lo es…
—Espero que tú y
Molly sigan creciendo juntos y sean amigos íntimos e inseparables. Los humanos
son muchos, pero viven muy solos.
Croagunk asintió
con pesar a esta dura realidad. Toxicroak se quedó viéndolo, lamentando el
haberle cambiado la expresión por una tan apagada. Sonrió y se atrevió a
levantar su rostro para mirarle.
—Eres un buen
pokemon. Tú y ella serán felices mientras sigan confiando el uno en el otro.
—Creo que ella
confía mucho en mí. Me lleva a todos lados—dijo la ranita, encogiéndose de
hombros—. Incluso me trae a estas aburridas fiestas. No me gustan las
fiestas—confesó, mirando en cualquier dirección—. Siempre estoy solo y me
aburro. No debí venir.
—No digas
eso—respondió él—. Estuvo muy bien que vinieras.
— ¿Ah sí?—preguntó
Croagunk con curiosidad— ¿Y eso porqué?
—Porque pude
conocerte—confesó el mayor con una sonrisa—, y estoy feliz de ello.
Ante esta
inesperada repuesta, Croagunk se sonrojó enteramente y volvió la cabeza para
intentar esconder su rubor. Movió nerviosamente una de sus patas, mientras
intentaba decidirse a decir lo que quería decir:
—También me
agradó…conocerte…
Toxicroak sonrió
aún más, sintiendo un aire de ternura invadirle ante la sinceridad del pokemon.
Le tocó levemente la mejilla para llamar su atención.
—Aún no te he
preguntado si tienes nombre.
El aludido negó
despacio con la cabeza.
—Solo soy
Croagunk—respondió—. ¿Y tú?
—Solo soy
Toxicroak.
Ambos pokemon
sonrieron y se sintieron extrañamente cercanos. Durante lo que quedó de la
noche, Toxicroak y el pequeño Croagunk siguieron conversando cosas sumamente
triviales, mientras el mayor le enseñaba lentamente y con paciencia a sacarle
algunas notas al piano. La ranita se sentía muy cómodo y a gusto con el otro,
especialmente cuando el pokemon pasaba
su brazo por detrás de él para alcanzar las teclas lejanas y guiarlo en su
práctica, tocando ambos a la par cuando el menor consiguió algunos leves avances.
Cuando la fiesta
comenzó a llegar a su fin y la muchacha apareció en el salón buscando a su
compañero, Croagunk se levantó y se despidió.
—Ojalá nos veamos
de nuevo—le dijo, extendiéndole la mano.
Toxicroak lo
observó fijamente con su gesto escondido y amable.
— ¿Te gustaría que
nos viéramos de nuevo?
El otro asintió
tímidamente y con un leve rubor en la cara.
El mayor sacó una
pluma del abrigo que llevaba en aquella ocasión y le escribió la breve
dirección al pokemon en el brazo, dado que en su mano oscura se iría a perder.
—Ven a verme cuando
quieras.
— ¿Está bien el
martes a las cinco?
El otro asintió.
—Te estaré
esperando.
Y con esto, el
pokemon mayor se inclinó y dejó un leve beso en la cabeza del otro,
consiguiendo que el más pequeño se sonrojara de pies a cabeza y se le subiera
el corazón a la garganta. Se quedó viendo al otro, todavía sorprendido por el
repentino gesto, pero sin atreverse a decir nada. Se volvió rápidamente y salió
al encuentro de su entrenadora, que le esperaba.
Nunca antes
Toxicroak había esperado con tantas ansias un día.
Continuará...
Bien, una vez acabe el primer cap, vine a leerme este y… ¿Qué puedo decir?
ResponderBorrarInteresante el cómo se conoció. Solo se vieron unos minutos, y aun así eso pareció significar bastante para ambos, en especial para Toxicroak porque saco varias ideas de cómo era Croagunk y le tomo bastante simpatía. Y aun mas, apenas se rencuentran y se puede ver una buena conexión entre ambos y algo interesante que cada uno ve en el otro, como si se completaran, y es que ambos tienen varias cosas en común, y entre esas que muchas veces están solos y son muy diferentes a sus entrenadores (y por cierto, eso de los Croakgunk desarrollan personalidades opuestas a las de sus entrenadores ¿lo inventaste o lo sacaste de alguna parte? Porque suena muy interesante.
Para no alargarme tanto, simplemente se siente que aun con poco tiempo de conocerse se llevan muy bien y tienen una buena conexión, y eso se nota en como hablan, la confianza que se mostraron. Aunque creo que eso del beso en la cabeza fue… no sé, tal vez muy pronto para algo así, aunque el otro no reacciono precisamente mal ante el gesto. Me pregunto qué tipo de relación será, si será más por el lado romántico, o si solo será una buena relación de amigos, o una relación de hermanos. Como sea, esos dos me agradan.
Ahora, me gusto como mencionas que los pokemon de la fiesta que son ataviados con cosas por sus dueños y se ven más como juguetes. Es como lo que pasa en la vida real con las mascotas de algunas personas. Los muestran más como si fueran trofeos o adornos para presumir que como compañeros o amigos.
Me gusto en si todo lo de Croakgunk y Toxicroak hablando pero… me llamo la atención que él no tuviera las puas venenosas que esos pokemons normalmente tienen. ¿Las perdió en alguna pelea o accidente? O algo peor ¿será que su entrenador se las corto por una razón egoísta y estúpida como se hace con los gatos en la vida real, que les quitan las garras para que no dañen los mueble? Tal vez de ahí venga el título “Heridas” (bueno creo).
Se ve interesante, esperare a ver que más harás con estos dos.
Nos vemos, y que estés bien.